Dependiendo de las áreas de salud, el porcentaje de pacientes con hipertensión se sitúan alrededor del 20%. De forma general, en España más del 45% de la población es hipertensa y está sin diagnosticar sobre el 30%. La prevalencia es más incidente en varones que en mujeres.

Atendiendo al riesgo cardiovascular, el otro 80% es diagnosticado de forma temprana, por lo que el riesgo se considera como leve moderado, dependiendo de los factores que presente el paciente. El 20% restante tiene un elevado riesgo cardiovascular por diagnósticos de fibrilación auricular, ictus, insuficiencia renal o cardiaca. Aproximadamente, el 65-70% de los pacientes están controlados con cifras de PA menores o iguales a 140/90 mm Hg. Del 30-35% de pacientes restantes, una minoría de ellos (10%), no están controlados porque han sido diagnosticados recientemente o por la influencia de otros factores de riesgo concomitantes. El resto (90%) son pacientes que, habiendo sido diagnosticados, no cumplen con las medidas higiénico dietéticas y/o tratamientos farmacológicos prescritos o no acuden a los controles rutinarios del médico y/o enfermería que serían los que llamamos pacientes incumplidores.

Con respecto a los pacientes tratados y controlados contratamiento farmacológico, el 50% están tratados con un solo fármaco, el 45% con dos y 5% restante con tres o más fármacos.

Estilo de vida

En hipertensos se empieza tratamiento con dietas y cambios de vida. Con el tratamiento farmacológico los pacientes suelen empezar bien, pero con el tiempo lo dejan o se llega a un incumplimiento parcial. Las principales causas del incumplimiento suele ser los pocos síntomas que presenta la enfermedad y la falta de información, por lo que el paciente no valora los efectos que puede provocar su enfermedad. Al paciente le cuesta mucho cambiar su hábito de vida y no se da cuenta de los problemas asociados a dejar la medicación. Así, se debe facilitar las tomas con pastilleros y hacer una rutina de dosificación a las mismas horas, proceso que pueden controlar en la farmacia.

Para mejorar la falta de adherencia al tratamiento se puede optar por simplificar la prescripción, reducir el número de dosis con la combinación de dosis fijas, recordatorios para la administración del fármaco, aumento de información de su enfermedad y la implicación de la familia.

En el tratamiento de la HTA se ha avanzado en los últimos años, pero las tasas de control continúan siendo bajas por diversos motivos, como son la adherencia al tratamiento inadecuada, la falta motivación del paciente hipertenso, el desconocimiento de la enfermedad, el incumplimiento de medidas dietéticas, la falta de ejercicio del paciente, la actitud conservadora a la hora de medicar y las tomas incorrectas de la presión arterial.

Objetivos estrictos

Las guías y protocolos terapéuticos sobre HTA establecen objetivos cada vez más estrictos. El tratamiento combinado empleado de forma temprana se postula como una estrategia antihipertensiva óptima. Por eso, se consideran adecuadas las terapias que son capaces de obtener un mayor efecto antihipertensivo que los fármacos empleados en monoterapia pero a dosis más altas e incluso dosis plenas.

En casos de ictus, el tratamiento de inicio pasa por aplicar fibronolisis intravenosa. Teniendo en cuenta que los signos de alarma de un ACV son parálisis facial, debilidad de los miembros, pérdida súbita de visión, alteraciones en el habla, si los sufre el paciente debe acudir inmediatamente a un servicio de urgencia, ya que la estabilización del paciente y un tratamiento inmediato son vitales para una mejor evolución del episodio.

En los últimos años, el grado de control de la hipertensión ha ido aumentando. Los pacientes hipertensos, especialmente los que ya han desarrollado enfermedad cardiovascular, deben tratarse con diversos fármacos con es objetivo de alcanzar un control global de los factores de riesgo.

Abordaje farmacológico

El tratamiento farmacológico de la hipertensión arterial es complejo, como lo indican la gran cantidad de fármacos disponibles. Además, la hipertensión arterial es una patología muy prevalente, especialmente en los mayores de 65 años. Las medidas de contención del gasto farmacéutico pueden incidir negativamente sobre otras partidas o sobre otras áreas de la atención sociosanitaria. La eficacia de estas medidas es limitada y sus efectos se diluyen con el transcurso del tiempo, lo que obliga a revisar de forma regular el diseño e, incluso, la vigencia de estas medidas.

La incentivación económica o la inducción para no prescribir determinadas novedades terapéuticas tiene un impacto poco o nada positivo sobre la calidad de la prescripción. Los incentivos en función de la consecución de ahorros en el gasto no son aceptables. Sí es aceptable establecer incentivos en función de la consecución de resultados eficientes. El medicamento, al igual que otras tecnologías sanitarias, se debería evaluar no sólo por el gasto, sino también por sus beneficios en salud y sobre la eficiencia y la calidad del sistema.

Los especialistas señalan que la actual medida de contención del gasto en Andalucía es la subasta de medicamentos, la cual está siendo un fracaso para el paciente y la administración. El paciente se está tomando medicamentos que no tiene, a veces, los mínimos estudios de bioequivalencia, con resultados terapéuticos deficientes, lo que conlleva el aumento de ingresos en hospital por tratamientos mal llevados y poco eficaces. En las consultas se está llegando a cambiar los tratamientos a los mismos pacientes, hasta tres veces al mes, por la poca eficacia de los fármacos dispensados.

Actualmente se siguen protocolos de actuación en los que se plantea fármacos de inicio como diuréticos y se va aumentando el gasto y escala dependiendo del paciente y el riesgo cardiovascular. Así, en el SAS se tiende en gran medida al ahorro farmacéutico y no se sigue protocolos si la prescripción es una combinación farmacéutica o novedades terapéuticas. Se atiende a estos factores: nivel socioeconómico, perfil del riesgo cardiovascular y variación de la respuesta individual a los medicamentos Interacción con otros fármacos.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Pablo Tallón Povedano, Héctor Entrambasaguas Jiménez, David Molina Fernánez y María del Carmen Bernal Mill, de Jaén; los médicos de familia Manuel Abuín Rodríguez, Octavio Alejandro Dopico Pérez, Ignacio Núñez Jiménez, Carmen Vázquez Salaño, José Manuel Villar Freire, María del Portal González Lorenzo, del Centro de Salud Narón; Federico Martínez Gallego, José Carlos del Castillo López, Benjamín Avilés Moya, Carlos Gómez Villalba y Alfonso Segovia Martínez, de Linares, y Andrés Huete, José Fernando Villena, Juan T. Álvarez, Mª Ángeles Miranda, Juan José Martínez y Abelardo Molina, de Jaén.