El proceso de la erección requiere un adecuado funcionamiento que incluye el sistema de regulación neurológica de la erección, la detumescencia, la eyaculación, del deseo sexual y el orgasmo, así como unos mecanismos periféricos a nivel neurológico, que van desde la parte sensitiva a la motora. A esto hay que añadir un funcionamiento adecuado del componente vascular que es, en última instancia, el encargado de que a nivel local se consiga la vasodilatación arterial necesaria para conseguir y mantener la erección.

La afectación o mal funcionamiento de cualquiera de los procesos que contribuyen a la erección están implicados en el origen de la disfunción eréctil. De forma concreta, la disfunción endotelial puede llevar a una regulación anómala de los procesos moleculares, como la producción de óxido nítrico y de GMPC, que permiten mantener una vasodilatación arterial y relajación del musculo liso de los cuerpos cavernosos, y la oclusión venosa que permita que la erección se lleve a cabo y que pueda ser mantenida en el tiempo.

En este sentido, hay que recordar que la disfunción endotelial es la causa común de la enfermedad coronaria aguda y de la disfunción eréctil de origen vascular arterial.  De hecho, la disfunción endotelial está asociada a enfermedades de alto riesgo cardiovascular, como dislipidemia, HTA, tabaquismo y la diabetes mellitus.

Fisiología común

Y es que la fisiopatología común entre la disfunción eréctil y la enfermedad cardiovascular está bien caracterizada y comparten la disfunción endotelial como patología común.

Se pensaba que la aterosclerosis provocaba disfunción eréctil únicamente por obstrucción del flujo arterial mediado por la aparición de placas aterotrombóticas. Pero se sabe que la disfunción endotelial per se es causa de disminución del flujo vascular y se manifiesta tanto a nivel del cuerpo cavernoso como en otras arterias, incluidas las coronarias.

Estos procesos preceden al desarrollo de la lesión aterosclerótica y se muestran como un importante nexo de unión de ambas patologías.

En la mayoría de los pacientes con disfunción eréctil arteriogénica, la alteración de la perfusión del pene es un componente del proceso de aterosclerosis generalizada. Algunos autores encontraron que la incidencia y la edad de inicio de la enfermedad coronaria y de la disfunción eréctil son paralelas.

Factores de riesgo

La HTA, las dietas ricas en grasas saturadas, el tabaco y el sedentarismo son los principales factores de riesgo para el desarrollo de síndrome metabólico que, a la larga, condiciona alteraciones del endotelio vascular responsable de la disfunción eréctil. Otros factores de riesgo son la diabetes mellitus, la dislipemia y un índice de masa corporal > 25 kg/m2.

Por otro lado, patologías a nivel local como son los traumatismos perineales o pélvico y la radioterapia pélvica son factores promotores del cuadro.

También hay que tener en cuenta los cambios degenerativos, enfermedad de Peyronie, la vejez…, o de lesión traumática de la albugínea, fractura de pene, que resulta en una insuficiente compresión de las venas subtuniciales y emisarias que permiten el mantenimiento de una erección firme que permita la penetración.

Abordaje terapéutico

El tratamiento debe ofrecerse de forma personalizada y teniendo en cuenta los antecedentes médicos de cada paciente, sus factores de riesgo y el grado de afectación vascular-endotelial, neurológico o de los ejes hormonales encargados del proceso de la erección. Así como la medicación concomitante que permita o no el uso de ciertos tratamientos, y la preferencia del paciente.

También hay que prestar atención a la modificación del estilo de vida y corrección de otras patologías médicas.

Según las recomendaciones, se incluye el tratamiento oral con IPDE-5, tratamiento tópico/ intrauretral (combinado en pacientes poco respondedores a IPDE-5), o inyecciones intracavernosas con prostaglandinas.