La disfunción eréctil es la complicación a largo plazo más frecuente en los pacientes tratados por cáncer de próstata. Hay una gran variabilidad dependiendo del tratamiento que se escoja. Así, en el tratamiento radical, la braquiterpia es la que menor incidencia de disfunción eréctil presenta, seguida por la radioterapia externa y la cirugía. Hemos de tener en cuenta que gran parte de los pacientes con cáncer de próstata ya presentan cierto grado de disfunción eréctil en el momento del diagnóstico, por lo que en ocasiones es difícil discernir qué proporción corresponde directamente al tratamiento. Otro aspecto a tener en cuenta es la disminución de la libido que produce el conocimiento de que se padece esta enfermedad y cómo pueden afectar otros aspectos como son la incontinencia urinaria que se puede experimentar con las relaciones sexuales. A eso hay que añadir la aneyaculación.

Los datos disponibles muestran que al cabo de dos años el porcentaje de varones impotentes es del 82% en el grupo tratado quirúrgicamente, del 50% en el grupo de radioterapia y del 100% en el de tratamiento hormonal. A los cinco años estas cifras se sitúan en el 79% para los operados y el 63%  para el grupo que ha recibido radioterapia. El pronóstico de la enfermedad no se ve afectado por estos efectos secundarios, no así la calidad de vida, que dependerá de la edad del paciente, del tratamiento realizado así como de cuál era su status sexual previo al tratamiento.

La mayoría de los hombres se dan cuenta que su vida sexual es distinta después del tratamiento para el cáncer de próstata. Algunos hombres hablan de sentir que han perdido el papel que tenían en la vida de su pareja o familia y  eso puede afectar la autoestima y confianza de un hombre. Para otros, los efectos físicos del tratamiento pueden llevar a cansancio y falta de energía. Cuanto más joven y activo sexualmente es el varón más problema supone en su vida cotidiana, aunque por norma general los varones más jóvenes y con mejor estado general son los que mejor recuperan la potencia después del tratamiento. Se han instaurado protocolos para la rehabilitación de la función eréctil que comienzan incluso antes de la intervención. Lo que pretenden es recuperar lo antes posible la función y mejorar la oxigenación de los cuerpos cavernosos, ya que es la que asegura una buena vitalidad de los mismos.

Evitar efectos secundarios

La mejor forma de evitar este efecto secundario del tratamiento es intentando preservar al máximo las estructuras neurovasculares que rodean la próstata, que son las encargadas de mantener la función eréctil. En cuanto a las técnicas quirúrgicas, parece que la laparoscopia y la laparoscopia asistida por robot son las que mejores resultados en este aspecto tienen. En pacientes que estén muy preocupados por sus resultados funcionales después del tratamiento hay que informarles de las alternativas de tratamiento. Actualmente para pacientes con tumores muy localizados y de bajo riesgo tenemos alternativas con las terapias focales que son capaces de conservar mejor la potencia.

Por eso, la preservación nerviosa uni o bilateral es de inestimable valor, aunque no hay que olvidar la neuroapraxia secundaria a un estiramiento excesivo durante la tracción de la próstata, así como el daño térmico ocasionado durante la electrocoagulación. Existen múltiples protocolos de rehabilitación de la función eréctil y los mejores resultados en los estudios realizados hasta el momento lo presenta el uso de prostaglandinas intracavernosas, pero presentan una baja aceptación como medida de inicio en estos pacientes. De este modo, cada vez es más común comenzar el abordaje del problema mediante el uso sistemático de inhibidores de la 5 fosfodiesterasa, bien tomados a dosis bajas de forma diaria o bien repartidos en dos o tres tomas por semana.A esto puede asociarse el uso de mecanismos de vacío o compresivos con resultados más que discutibles cuando se usan por sí solos.

En un segundo escalón se encuentran las prostaglandinas tópicas, que son mejor aceptadas que la inyección intracavernosa pero con una potencia algo menor y no exentas de efectos secundarios como las reacciones y las molestias a nivel local. Un tercer escalón lo comprende la inyección intracavernosa en sí misma y en último lugar, está el uso de próstesis puede solucionar el problema.

También hay que tener en cuenta que existen una serie de medidas que pueden adoptar los pacientes como son hacer ejercicio de forma regular, seguir una dieta sana, no tomar alcohol, disminuir el nivel de estrés y fatiga, dejar de fumar y practicar ejercicios Kegel, que  ayudan a fortalecer los músculos del suelo pélvico a tener erecciones.

Es difícil saber qué pacientes responderán al manejo conservador de esta patología, pero pacientes más jóvenes, sin hábitos tóxicos, con mejor estado general y función eréctil previa que hayan sido sometidos a técnicas de conservación de bandeletas neurovasculares parece que son los mas propensos a recuperar su función eréctil.”Las prótesis de pene conceden en última instancia la posibilidad de tener relaciones con una erección completa, siendo las de ultima generación, con reservorios y mecanismos que consiguen una tumefacción y detumescencia bastante natural las que presentan unos resultados más prometedores.

En la elaboración de este artículo han participado los doctores Atanasio Fernández Borrell, Javier Aldave Villanueva, Francisco Garcia Morata, Vicente Cabrera y Chimo Juan Escudero.