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La alerta actual decretada por la pandemia del COVID-19 está causando una gran incertidumbre debida a que nunca nadie ha vivido una situación parecida: ni los pacientes, ni el personal, ni los ciudadanos. ¿Cómo afecta esta situación a las personas con patologías mentales? ¿Y cómo incide en la salud mental de los profesionales sanitarios? Edorta Elizagarate, jefe de Servicio de Psiquiatría de la Red de Salud Mental de Álava del Servicio Vasco de Salud-Osakidetza, analiza las cuestiones clave.

¿Cómo afecta la situación de alerta actual al manejo del paciente con trastorno mental?

La mayor parte de los pacientes están respondiendo adecuadamente, y algunos están mejorando en su funcionamiento respecto a los desafíos y necesidades, incluso mejor que otras personas sin patología mental. Su nivel de implicación, funcionamiento y adecuación a las medidas higiénicas está siendo positivo.

En este sentido, cabe destacar que muchos de los pacientes, sorpresivamente, ante el aumento de la angustia generada por esa incertidumbre, están respondiendo de una forma funcional mejor que en los momentos en los que no había pandemia.

¿Cuáles son los principales riesgos de la pérdida de la rutina diaria?

La pérdida de rutina es común a todos los individuos. Significa que de repente no sabes distinguir días de labor de días de fin de semana, y tu cotidianeidad se convierte en salir de la cama e ir al sofá y luego ir a la nevera. La pérdida de rutina tampoco es buena en los pacientes psiquiátricos y por ello es importante que los profesionales estemos muy encima y alerta para que se mantenga el cumplimiento terapéutico necesario.

¿Qué cuidados especiales deben tener en cuenta los cuidadores?

Hay que asegurarse una medicación suficiente en stock y un sistema de contacto con sus cuidadores, padres o tutores. En muchos casos se necesitaría de una amortiguación del estado de alarma, porque muchas de estas personas necesitan de un mayor contacto.

En esta situación de alarma pueden aparecer todos los elementos relacionados con falta de apetito, tristeza, pérdida de la capacidad del sueño, pesadillas… todo ello relacionado con la incertidumbre. Además, en pacientes con trastorno obsesivo compulsivo o trastornos delirantes puede haber una exacerbación de estos síntomas. Por ello, los psiquiatras han de tener especial atención a detectar la aparición de estos síntomas relacionados con la ansiedad.

Por otro lado, la ansiedad puede llevar a la aparición de hábitos no saludables que les pongan en una situación de riesgo. Por tanto, hay que vigilar la aparición de ideas de daño hacia sí mismos o hacia otras personas. Los psiquiatras tenemos que aumentar el nivel de contacto con los pacientes en los casos más graves.

Respecto a los profesionales sanitarios, ¿a qué nivel de estrés se enfrentan en la situación actual?

A un nivel de estrés muy importante, porque estamos muy preocupados y volcados en dispensar la mejor atención a los pacientes en un momento de gran tensión e incertidumbre. Es difícil, porque debemos hacer un ejercicio de mantener la mente fría para ser eficaces.

¿Qué otros riesgos pueden afrontar a nivel mental?

A nivel mental, hay dos tipos de riesgos. Uno, el que puede sufrir el propio profesional derivado de la tensión que hará que empeore su salud mental. Y dos, que este empeoramiento de la salud mental haga que el profesional no esté en sus plenas facultades para realizar su trabajo y no dispense la atención necesaria y pueda haber errores.

¿Qué medidas de precaución a nivel mental puede y debe adoptar el personal sanitario?

Debe tener sus necesidades básicas cuidadas. Parece fácil, pero no lo es. La comida, bebida y el sueño. Si desde el punto de vista biológico los profesionales no están bien, esto implicará un mayor riesgo y puede comprometer su capacidad para dar los cuidados. Por ello, tienen que descansar. No pueden estar horas y horas trabajando. A muchos de ellos dejar de trabajar les hace culpables, pero tienen que descansar para ser eficaces.

Dentro del espacio laboral, ¿qué medidas pueden adoptar?

Es muy importante conectar con los colegas. Tienen que hacer reuniones, aunque sean telemáticas, en las que reciban soporte de otros. No puede ser que un trabajador esté aislado por miedo o ansiedad. Se necesita, por tanto, recibir apoyo y dar apoyo para disminuir el estrés y aumentar la motivación. También es necesario mantener el contacto con sus familias y amistades para no estar solo centrados en el ámbito laboral.

Por último, hay que estar al día en conocimientos. Para eso tienen que usar los recursos que son fiables como la CDC de Atlanta, la OMS, o las webs de los sistemas de Salud y del Ministerio. Es vital limitar la exposición a redes sociales y medios de comunicación.

Los profesionales sanitarios tienen algunos elementos que son inherentes a su propia situación de trabajo. Lo que planteo es que tenemos que ver estas estrategias y pautas para sostener y ayudar a los profesionales, porque, si no, pueden acabar ellos mismos con un impacto en su salud mental.