Seguramente, casi todos alguna vez habremos visto en documentales emitidos por televisión las asombrosas imágenes obtenidas con un ecógrafo durante el control del embarazo, donde se observa con claridad pasmosa las distintas fases del crecimiento de un feto en el seno materno. Todo ello nos da una idea de la potencial aportación al diagnóstico de estos aparatos. A diferencia de las radiografías y las tomografías computerizadas, la ecografía no usa radiación y por lo tanto no conlleva la necesidad de exponerse a la radiación ionizante, circunstancia ésta que permite repetir la exploración sin miedo a que se acumule el tan temido efecto radiactivo.

La ecografía es una técnica de diagnóstico que nos proporciona imágenes de los órganos y estructuras internas del organismo. Dichas imágenes se obtienen mediante el empleo de un pequeño artilugio llamado transductor, que se aplica sobre la piel -previamente untada de gel conductor para facilitar el movimiento del transductor y lograr la mejor conducción del sonido-, para dirigir las ondas sonoras -ultrasonidos-, hacia el órgano que se desea explorar. Estas ondas sonoras se estrellan contra las estructuras que encuentran a su paso, produciendo “ecos” de diferente amplitud de onda según sean los órganos encontrados, siendo así como son detectadas por el propio transductor. Un ordenador se encarga de procesar las ondas sonoras reflejadas y las convierte en imágenes.

Historia

Se atribuye al italiano Lazzaro Spallanzani el honor de haber sido el primero en hablar de ultrasonidos. Corría el año 1794 cuando, observando el vuelo de los murciélagos, se percató de que nunca chocaban contra nada ni contra nadie, ni mucho menos entre sí. Intuyó que sus grandes orejas orientables tenían algo que ver en el asunto y lanzó la teoría de que emitían sonidos no audibles para el hombre -a los que llamó ultrasonidos-, los cuales, tras rebotar en los objetos, recogían con sus pabellones auditivos, lo que les permitía orientarse en el vuelo. La historia recoge los experimentos posteriores en laboratorio de Jacques y Pierre Curie (1881), de Galton (1883) con su silbato para controlar perros con sonido inaudible a los humanos” y un largo etcétera.

Como suele ocurrir con frecuencia, fueron las guerras sus principales propulsores. Durante la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, fue cuando se trabajó intensamente en esta idea para detectar submarinos enemigos, y se perfeccionó en la Segunda Guerra (1939-1945) con la aparición del sonar, hasta el punto de que se convirtió en norma incorporar estos aparatos en los barcos para detectar submarinos. Ahora los llevan todos, sean barcos de guerra o mercantes.

Un gran paso para la Medicina

Por fortuna, a la postre ha sido la Medicina la gran beneficiaria de este prodigioso invento, aunque para ello hubo que esperar hasta la década de los 70. Desde entonces los avances han sido vertiginosos, siempre en busca de imprimir nitidez a las imágenes. En la actualidad, gracias a ese desarrollo sostenido, la ecografía, al igual que ha ocurrido con otras técnicas de diagnóstico por imágenes, ha permitido ampliar notablemente la capacidad diagnóstica.

Tras la consecución de la escala de grises, ha aparecido el Doppler color. La técnica del procesado de imágenes en color facilita la detección de más enfermedades que la ecografía convencional. Posteriormente se implantaron la ecografía en tres dimensiones (3D) y en cuatro dimensiones (4-D), que permiten observar los movimientos de un feto en vivo, en tiempo real.

La ecografía se puede aplicar casi a cualquier parte del cuerpo, incluido el flujo sanguíneo de la arterias carótida del cuello, y se pueden realizar de forma ambulatoria o como parte del cuidado hospitalario, con la ventaja añadida de que es la prueba más inocua e indolora que se realiza para el estudio de enfermedades, ya sea en adultos, niños o embriones.

Hoy día se ha convertido en el principal recurso de todas las especialidades médicas para detectar distintas enfermedades, como el cáncer de mama, para explorar el corazón, útero, ovarios, testículos, abdomen, músculos, ligamentos” Además, ahorra al paciente y a los sanitarios muchos exámenes de laboratorio, radiografías, laparoscopia, biopsias, cirugías, etc.

Ecografía, una ventana al interior del organismo