La Fundación Signo y la ASD celebraron conjuntamente del 12 al 16 de septiembre la IX edición del Congreso Internacional de Salud Digital, un evento de alto valor académico que se ha consolidado como referente en el ámbito de la salud digital. Marisa Merino, vicepresidenta de la Fundación Signo, miembro de la Junta Directiva de la ASD (Asociación de Salud Digital) y “alma máter” del evento, sostiene, en una entrevista con la Revista EL MÉDICO, que “en el ecosistema sanitario, la salud digital debe generar valor”.

“Los profesionales sanitarios deben apostar por las competencias digitales, porque son indispensables para realizar su trabajo; la telemedicina, la e-consulta solo son algunos ejemplos. Ante un escenario como el sanitario, en continua transformación, cada vez resultan más imprescindibles nuevas herramientas para adaptar el actual sistema sanitario en beneficio no solo de los pacientes, sino también para la mejora de la práctica de los sanitarios”, sostiene la directora gerente de la OSI Tolosaldea de Osakidetza.

Consciente de que el sector sanitario está inmerso en una auténtica revolución tecnológica, reconoce que para acelerar la implantación de los sistemas digitales en salud hay que contar no solo con los gestores “que tienen que creerse sus beneficios”, sino también con los “profesionales” que deben verlos como “facilitadores para la mejora de atención a sus pacientes”.

La directora del Congreso Internacional de Salud Digital se muestra satisfecha porque en las nueve ediciones que llevan celebrándolo en la capital guipuzcoana han conseguido involucrar no solo a profesionales del Estado, sino también de Europa “hasta llegar a ser internacional, porque muchos sanitarios así nos lo demandaban; en los últimos años hemos contado con numerosos profesionales de Latinoamérica”, explica con satisfacción.

Cuando habla de salud digital, ¿a qué se refiere?

Al uso de herramientas digitales que sirven para mejorar la asistencia sanitaria y el manejo de la salud en todas sus áreas. Esto incluye tanto el diagnóstico, la prevención, tratamiento y seguimiento de enfermedades, como también la promoción de la salud entre la ciudadanía. Las herramientas usadas engloban los sistemas de información electrónicos, la práctica clínica a distancia, la comunicación digital, o la denominada Salud Móvil que incluye las aplicaciones y links de los teléfonos móviles.

¿Se avanza más lento de lo deseado? ¿Los sanitarios tienen recelo hacia ellas?

Sí. Las circunstancias de cada organización sanitaria son diferentes; la capacidad y velocidad de adaptación del entorno para que vaya al mismo ritmo también difiere a la hora de plasmar las aplicaciones digitales a corto y medio plazo. Por otro lado, puede haber miedo en algunas personas que piensan que la digitalización les puede quitar su trabajo. Realmente, las tecnologías, si se aplican bien y lo enfocas y lo orientas de manera adecuada ofrecen grandes posibilidades para los profesionales. La salud digital tiene que basarse en necesidades y, por supuesto, que a la hora de aplicarlas genere valor para los sanitarios, las organizaciones y la propia sociedad.

¿Los sistemas digitales son para facilitarles su trabajo?

Exacto. Estas herramientas digitales servirán para evitar que realicen el máximo de funciones burocráticas posibles; ahora “pierden” mucho tiempo en tareas que pueden realizarlos estos sistemas. Con su incorporación podrán dedicar más tiempo a sus pacientes que, en definitiva, es lo que ellos desean y no ser esclavos del ordenador. Las herramientas les ayudarán a eliminar todo este tipo de tareas administrativas.

¿Por qué el profesional siempre será el que tome la última decisión?

Primero hay que saber en qué se utilizarán las herramientas digitales y para qué tipo de pacientes. Sin embargo, hay que insistir en que con las nuevas tecnologías los sanitarios saldrán ganando, porque están para facilitar su trabajo; la mayoría de los profesionales son conscientes de ellos, aunque precisan de más información. Lo que debemos tener claro es que la Salud Digital ayuda a mejorar la calidad de la atención sanitaria.

¿Necesitan tener más habilidades digitales, mayor formación?

Es fundamental, porque las Administraciones sanitarias están llevando a cabo la transformación, pero no de una forma estructurada. Nosotros hemos trabajado mucho, tanto en la ASD como en la Fundación Signo, en el tema del desarrollo de las competencias digitales. Y, como soy médico, hemos comenzado primero por el diagnóstico. Y eso empezamos en Osakidetza y luego lo hemos extendido con el diagnóstico de las competencias digitales de los profesionales sanitarios. Cada organización afronta los perfiles de competencias profesionales de modo diferente, no habiendo en la mayoría de los casos perfiles digitales. En el País Vasco se diseñó, como parte de la Agenda Digital 2013-2020, el proyecto Ikanos del Gobierno Vasco que elaboró un método de diseño de perfiles digitales, así como una prueba on-line de autoevaluación y otra de certificación. En principio el proyecto era para la ciudadanía y luego para los profesionales de distintos ámbitos; hace poco se han realizado los perfiles digitales también para los sanitarios.

¿Qué logran con ello?

Que cada sanitario tenga la posibilidad de llevar a cabo su autoevaluación, al tiempo que plantearse objetivos personales a lograr. Asimismo, las organizaciones sanitarias tendrán acceso a valorar los resultados y hacerlo de forma agrupada. Ello ayudará a identificar las necesidades. Del mismo modo, tendrán la posibilidad de plantear objetivos y planes de formación concretos para capacitar a las personas y así avanzar hacia la transformación digital, pero haciéndolo de forma eficaz que es de lo que se trata.

¿Conocen ya el perfil digital de los directivos sanitarios en España?

El pasado año desde la Fundación Signo hicimos un informe entre 300 directivos de organizaciones del Estado que participaron en el mismo. Cuando te enfrentas a un cuestionario de evaluación sobre cuánto sabes de competencias digitales te enfrentas a un marco europeo y te encuentras con cosas curiosas. El informe te da las pautas para el camino a seguir. En la AP, las herramientas digitales les beneficiarán claramente. De hecho, ya está digitalizada desde hace años, mientras que la situación en Atención Hospitalaria es más variopinta. A los profesionales de AP les falta habilidades y herramientas digitales, pero tienen más que en otros ámbitos porque cuentan con la historia clínica informatizada desde hace tiempo.

¿Dar el paso hacia otro tipo de tecnologías con qué tiene que ver?

Con la disponibilidad de ellas y con la actitud, porque capacidad tienen. En Primaria si intentamos desarrollar las competencias y la potencialidad de los profesionales, tenemos que hacerlo en paralelo con el desarrollo de las competencias de la ciudadanía; de lo contrario, no funcionará. Si estamos enseñando unas herramientas nuevas a nuestros profesionales para unos pacientes estos también deberán conocer su funcionamiento; si desconocen su uso no estaremos haciendo nada.

¿Son importantes las alianzas estratégicas entre distintos agentes?

Aunque la estrategia sea global, luego a nivel local tiene que funcionar. Si hacemos una intervención en un centro de salud, el ayuntamiento donde está ubicado el ambulatorio debería de trabajar con los profesionales. Por ejemplo, la carpeta de salud que tenemos en muchas comunidades es buenísima y no estamos aprovechando todo el potencial que tiene. Buena parte de ello es porque tendríamos que insistir a la ciudadanía para que sepa utilizarla. Es mucho mejor para que los ciudadanos estén empoderados en relación con el sistema sanitario. Insisto en que no sirve para nada teniendo una carpeta de salud maravillosa y enseñando a los sanitarios si no trabajamos al unísono con la ciudadanía. Además, de esta forma se evitaría la brecha digital.

¿Esta transformación digital será clave en el caminar hacia la Medicina Personalizada?

Sí, porque desde el sistema sanitario no vamos a poder ir hacia ella en la situación en la que nos movemos. Estamos disponiendo de muchas herramientas, pero o las utilizamos de una forma en la que parte sean automáticas y los profesionales estén detrás, entrando en los momentos precisos, o si no, no podremos. Porque la tecnología va muy por delante del marco jurídico, de las personas y del cambio cultural de las personas. Lo que hay que hacer es aprovechar lo que se tiene y con quien se tiene.

¿Se invierte suficiente en las tecnologías? ¿O todavía se piensa que es un gasto en lugar de una inversión?

De entrada, lo primero que hay que hacer es gastar, pero luego claramente es una inversión. Es verdad también que en la salud digital hay de todo, porque crecen como setas, por eso hablamos desde ASD de la salud digital basada en valor; es en lo que estamos insistiendo. Cualquier dispositivo o algoritmo tiene que nacer a partir de una necesidad y generar valor para alguien. Y en el ecosistema sanitario tiene que generar valor para el profesional, para el paciente y si es para todos, mucho mejor.

Cuando hablamos del valor y de los resultados clínicos que tienen las nuevas tecnologías nos referimos a los resultados que el paciente percibe o lo que supone su experiencia con el sistema; todo eso es el numerador, y el denominador es el coste. Por ejemplo, si hablo de una herramienta nueva para la diabetes y sobre cuánto me cuesta todo el proceso y el nivel generado a nivel clínico, los resultados analíticos y cuánto mejora la calidad de vida del diabético y de su satisfacción con el sistema. En esa ecuación es en lo que la herramienta debe de generar valor.  Los decisores si ven esa ecuación de esa manera verán que el coste no es un gasto, sino una inversión. Es verdad que a corto plazo solo piensan en cómo van a recuperarla, por eso es complicado.

¿Si no se cambia el sistema será sostenible?

La realidad que tenemos es que cada vez contamos con una población más envejecida con enfermedades crónicas y con más gasto. Además, tenemos muchas tecnologías, que hasta ver qué valor aportan, crecen y crecen, y no hablo de salud digital, sino de equipamientos tecnológicos como aparatos de resonancia que cada vez son más complejos y caros. Esto también es imparable, pero de forma más cara. Y luego está el gasto en Farmacia. Por otro lado, la población conoce cada vez más y es más demandante con su salud. Todo esto hace que el ecosistema sanitario que tenemos sea cada vez más complejo. Contamos con un buen modelo sanitario; es una suerte para toda la ciudadanía que sea universal y, evidentemente, con sus problemas, la AP es mucho mejor que la de la mayoría de los países de nuestro entorno. Sin embargo, si seguimos con la misma estructura sanitaria y haciendo lo mismo, será muy difícil su mantenimiento. Dentro de la Administración pública el manejo de los recursos humanos es sumamente complicado.

¿Qué le gustaría haber logrado con este congreso internacional?

Que la gente sea consciente de lo que estamos hablando, que reflexione. Queremos inspirar, animar y decir que los profesionales no están solos. Hay gente de muchas comunidades, países y de profesiones sanitarias y puestos diversos dispuestos a trabajar en conjunto para enfocar los objetivos comunes. Solo con visiones y perspectivas diferentes podremos ser útiles para la Sanidad y la sociedad en general. Ese es el carácter del congreso; intentamos contar con gente nueva que luego vuelva a sus centros, a sus países y puedan poner en práctica lo aprendido aquí. Y también tejer redes entre los diferentes profesionales que se juntan cada año. Esto resulta enriquecedor