Ya hay más móviles que personas en el mundo y estamos rodeados de wifis. El conjunto de radiaciones electromagnéticas que emiten los aparatos tecnológicos es conocido por su nombre en inglés, electrosmog.

Los procesos vitales, además de bioquímicos, son electromagnéticos. Los niveles de exposición a la radiación pueden alterar los procesos biológicos, llegando a producir efectos adversos para la salud. Las ondas de radio, las microondas (teléfonos y wifis), la luz infrarroja y la luz visible son formas de radiación no ionizante. Esto quiere decir que no tienen suficiente frecuencia para romper enlaces entre los átomos, y por tanto no causan problemas de salud.

La luz ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma son radiación ionizante, tienen suficiente frecuencia y energía para arrancar electrones de los átomos y romper enlaces moleculares. Este es el motivo, por ejemplo, de que los rayos ultravioletas puedan provocar cáncer de piel.

¿El móvil causa cáncer?

Los niveles de exposición a las radiaciones electromagnéticas son cada día mayores y los posibles efectos, en exposiciones a largo plazo, se desconocen. Actualmente no hay ninguna evidencia que demuestre que las ondas electromagnéticas del móvil o de la wifi causen cáncer.

Sin embargo, aunque el consenso científico es que los teléfonos son seguros, la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica los campos electromagnéticos como agentes carcinógenos. Lo explica un comunicado de la OMS publicado en 2011. Un grupo de expertos, formado por 31 científicos de 14 países, clasificó a través de la IARC la radiación electromagnética emitida por los dispositivos móviles como un posible carcinógeno humano dentro del Grupo 2B.

Para tomar esta decisión se basaron en los resultados de un estudio que demostró un incremento del riesgo de glioma (un tipo de cáncer de cerebro) o un neuroma acústico (del nervio auditivo) en usuarios de móvil que reportaron un uso de más de 30 minutos diarios en los 10 años anteriores.

Hipersensibilidad electromagnética por exposición al electrosmog

“Tampoco se ha conseguido probar que exista una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y ciertos síntomas notificados por los pacientes, fenómeno conocido como hipersensibilidad electromagnética”, afirma la OMS. No obstante, cada vez son más los casos de personas que reportan hipersensibilidad electromagnética por exposición al electrosmog.

Los síntomas experimentados debido al electrosmog pueden ser dermatológicos (enrojecimiento, hormigueo y sensación de ardor), así como síntomas neurasténicos y vegetativos (fatiga, cansancio, dificultades de concentración, mareos, náuseas, palpitaciones del corazón y trastornos digestivos).

La OMS asegura que esta “colección de síntomas no forma parte de ningún síndrome conocido”. Actualmente no existen criterios de diagnóstico claro ni base científica para relacionar los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a las radiaciones electromagnéticas. En países como Suecia, Estados Unidos o Canadá la hipersensibilidad electromagnética está reconocida como discapacidad. Por lo tanto, un diagnóstico médico de electrohipersensiblidad permite a las personas adaptar hospitales, escuelas y lugares de trabajo.

En España, son varias las sentencias favorables para las personas electrosensibles. Además, desde la Asociación SFC-SQM (Síndrome de la Fatiga Crónica – Sensibilidad Química Múltiple) reclaman crear zonas “blancas” y con bajos niveles de contaminación electromagnética. El objetivo es que las personas puedan vivir libres de este tipo de radiación.