El 12 por ciento de los pacientes con cáncer de próstata dejarán de responder a la hormonoterapia de primera línea y progresarán a cáncer de próstata resistente a castración (CPRC) en los siguientes 3 años. Este es uno de los mensajes claves que han querido transmitir desde Astellas, con motivo de la celebración del mes de noviembre, del movimiento solidario, Movember’, que busca concienciar a la población de la importancia de la salud masculina y de que los hombres deben acudir regularmente a los profesionales sanitarios para cuidar su salud

El objetivo concreto en este caso es la necesidad de avanzar no solo en el diagnóstico precoz de la enfermedad, sino en realidad un seguimiento más estrecho de su evolución para retrasar la aparición de una posible metástasis, y por tanto, aumentar en lo posible la supervivencia de estos pacientes.

Como apunta Antonio Gómez Caamaño, jefe del Servicio de Oncología Radioterápica del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS), “existe una ventana de oportunidad de algunos meses en este estadio, ya que un cambio de tratamiento de hormonoterapia a tiempo puede significar el retraso en la aparición de metástasis de forma muy significativa, incluso dos años”. Además de un aumento en la supervivencia, este retraso en la aparición de metástasis, óseas en su mayoría, significa un aumento en la calidad de vida de los pacientes.

Detectar a tiempo la progresión

Teniendo estos factores en cuenta, cabe preguntarse qué medidas se pueden tomar para detectar a tiempo la progresión a cáncer de próstata resistente a castración durante el tratamiento de hormonoterapia. A este respecto, Daniel Pérez Fentes, del Servicio de Urología del CHUS, es necesario que el paciente tenga acceso a una consulta especializada en cáncer de próstata avanzado. En la misma, “se realizan revisiones estrechas y periódicas del estado general del paciente, se trata de mejorar su sintomatología y calidad de vida, y se pautan estrategias preventivas de posibles toxicidades de los fármacos. Además, se monitoriza la posible progresión a otros escenarios clínicos tanto con pruebas bioquímicas (aumento del biomarcador PSA) como con pruebas de imagen y del estado general o síntomas del paciente”.

Además, el paciente también puede alertar a su médico de un posible empeoramiento de la enfermedad al referir la aparición de un dolor intenso en la espalda, que puede ser indicador de la aparición de metástasis vertebrales, o si nota cambios a nivel más local como dolor en la zona prostática o sangrado en la orina. Unos síntomas que resulta especialmente relevante recordar sobre en el mes de Movember.