El 12,3 por ciento de los profesionales sanitarios contagiados de COVID-19 se reincorporó sin un test diagnóstico que confirmara que estaban libres del coronavirus, según un estudio de la Unidad de Investigación en Cuidados y Servicios de Salud (Investén-isciii), denominado ‘SANICOVI’.

Como resultados preliminares, los profesionales declararon una percepción de disponibilidad alta en las primeras semanas de la pandemia del equipamiento de protección más básico (mascarillas quirúrgicas y FFP1 y guantes) y de los recursos de higiene de manos elementales (agua y jabón, y solución hidroalcohólica). Se percibe, no obstante, una carencia de ciertos equipos de protección, sobre todo la relativa a mascarillas FPP2/FPP3, gafas y EPI completo, lo que podría sugerir que al inicio de la pandemia pudo haber profesionales sin un nivel totalmente adecuado de protección.

Un 80,4 por ciento de los participantes señalaron que disponían de procedimientos de actuación establecidos sobre COVID-19. La percepción sobre la disponibilidad de medidas de protección ‘siempre o frecuentemente’ es, con los datos preliminares, la siguiente: mascarilla FPP1 en el 57,3 por ciento de las respuestas; guantes, 89,5 por ciento; jabón, 95 por ciento; y solución hidroalcohólica, 91,5 por ciento. Con respecto a los EPI, en torno al 50 por ciento de los participantes respondieron que ‘siempre o frecuentemente’ tuvieron la percepción de disponibilidad de mascarillas FPP2, FPP3, gafas y batas desechables.

En la mayoría de los casos (75,7%), la realización de las pruebas diagnósticas se debió a la presencia de síntomas. La mitad de los encuestados manifiestan que se realizó estudio a sus contactos. El 6,1 y el 0,4 por ciento de la muestra requirieron, respectivamente, ingreso hospitalario o atención en una unidad de cuidados intensivos. Finalmente, el estudio ha localizado diferencias en la percepción de disponibilidad de equipos de prevención y protección entre el ámbito hospitalario y Atención Primaria.

Conclusiones sobre estudio de sanitarios contagiados

Los participantes en el estudio deben cumplir dos criterios de inclusión: ser profesionales de la salud que han trabajado en instituciones donde se ha asistido a pacientes contagiados por SARS-CoV-2 y ser, además, un caso confirmado de COVID-19. El proyecto, dos meses después de su inicio, ha publicado recientemente en la revista ‘Enfermería Clínica’ sus primeros resultados preliminares.

Las conclusiones señalan que los profesionales de la salud contagiados por SARS-CoV-2 identifican la gestión de la cadena de contagios, el uso y adecuación en la disponibilidad de equipos de protección y la efectividad en la realización del lavado de manos como posibles factores relacionados con el contagio.

Por ello, se recomienda desarrollar estrategias para reforzar los procedimientos de prevención de riesgos laborales respecto a contagio; mejorar la formación en Equipos de Protección Individual (EPI) para los profesionales; adecuar la dotación de medidas de protección apropiadas; mejorar la disposición y difusión de protocolos actualizados; reforzar la adherencia a la higiene de manos, y ajustar las cargas de trabajo en el contexto asistencial.

El estudio parte del análisis de datos de 2.230 sanitarios, provenientes de cuestionarios respondidos entre el 4 y el 30 de abril con variables sociodemográficas, laborales y epidemiológicas. Los datos son aún preliminares y cuentan con algunas limitaciones en la recogida y análisis de información, como la variabilidad de respuesta por comunidades autónomas, una tasa de respuesta no muy alta y el propio sesgo que supone obtener respuestas sólo de profesionales contagiados.

La recogida de datos se realizó en esta primera fase en dos períodos: del 4 al 10 de abril (piloto) y del 11 al 30 de abril de 2020, y actualmente continúa con una segunda fase que se prolongará hasta el final de la pandemia. El 76,4 por ciento de los profesionales que han respondido a la encuesta son mujeres; la edad media de los participantes es de 42,5 años y los colectivos que más han respondido son enfermeras (48,3%) y médicos (29,6%).