En España, unas 400.000 personas padecen epilepsia: la segunda patología neurológica en años de vida potencialmente perdidos o vividos con discapacidad. Acercándose el 24 de mayo, Día Nacional de la Epilepsia, la Sociedad Española de Neurología (SEN) ha querido realizar una serie de recomendaciones a los pacientes epilépticos ante el contexto actual de pandemia por COVID-19.

Lo primero que han querido aclarar es que los pacientes con epilepsia no tienen un mayor riesgo de infección de COVID-19, ni por la facilidad de infectarse ni por la gravedad de la afectación. Pese a ello, dada la situación de crisis sanitaria y de irregularidad en la atención médica normal, se debe tener en cuenta tener suficiente medicación antiepiléptica en casa y no abandonar el tratamiento. Asimismo, se recomienda tener una benzodiazepina de rescate en casa para prevenir la asistencia a urgencias. Si no se trata de una urgencia, se recomienda no acudir al hospital sin cita y contactar antes con su neurólogo.

Igualmente, desde la SEN explican que, en caso de aislamiento, los pacientes epilépticos deben estar vigilados estrechamente. Hay que asegurarse que puede comer, beber, dormir y tomar la medicación con regularidad. También se recuerda que algunos medicamentos utilizados en el tratamiento de la COVID-19 pueden presentan interacciones con los antiepilépticos. Por ello, será necesario revisarlas a la hora de añadir o ajustar nuevos tratamientos.

Pacientes farmacorresistentes

Precisamente, en relación con el tratamiento de los pacientes epilépticos, desde la SEN pone de manifiesto que aproximadamente el 25 por ciento de los pacientes no responden a los tratamientos disponibles. De estos pacientes farmacorresistentes, el 5 por ciento cumplen con los criterios que les permite beneficiarse del tratamiento quirúrgico.

Son precisamente los pacientes farmacorresistentes donde esta enfermedad tiene una mayor repercusión socio-sanitaria. El coste medio anual de los recursos utilizados por un paciente farmacorresistente en España es superior a los 7.000 euros y el número de pacientes con discapacidad por epilepsia en edad activa es superior a las 26.000 personas. Además, las crisis epilépticas suponen el 1 por ciento de las consultas en los Servicios de Urgencias y el 15 por ciento de las urgencias neurológicas, convirtiéndose en la segunda causa de atención neurológica en urgencias.

Por otra parte, se estima no solo que el número de diagnósticos falsos positivos en esta enfermedad es sorprendentemente alto -podría llegar hasta al 18 por ciento- sino que aún hay un porcentaje importante de pacientes sin diagnosticar. Esto hace que, en algunos casos, el retraso en el diagnóstico de esta patología pueda alcanzar los 10 años, principalmente porque hasta un 25 por ciento de las crisis puedan pasar inadvertidas tanto por los pacientes como por sus familiares.