En España hay 19.113.128 viviendas, el 6% de las cuales están expuestas a altos niveles de radón, el gas doméstico invisible que provoca cáncer de pulmón. Es uno de los datos que se dieron a conocer el pasado 23 de abril en el I Congreso Nacional “El Radón en España”, un encuentro que ha mostrado la problemática del radón para la salud pública y la situación actual en España. En su primera edición, ha contado con 1.500 inscritos.

El radón es un gas radiactivo de origen natural, presente en la naturaleza desde la formación de la Tierra. No tiene color, olor ni sabor y pertenece al grupo de los gases nobles. Se genera debido a la desintegración radiactiva del uranio, que se transforma en radio, y este se transforma en radón.

Cualquier pequeña fisura de los elementos constructivos de los edificios puede ser una puerta de entrada. La principal fuente de entrada es el terreno, seguido de materiales empleados en su construcción. También puede entrar con el aire de renovación, agua de consumo y gas de uso doméstico, aunque estos se consideran fuentes menores.

Por Comunidades

Todas las edificaciones contienen radón en concentraciones bajas. Sin embargo, determinadas zonas geográficas cuentan con una probabilidad mayor de niveles elevados de radón. Comunidades como Galicia, Extremadura o Madrid presentan altos porcentajes de superficie afectada, seguidos de Canarias, Castilla y León, Cataluña, Asturias, Ceuta y Castilla La Mancha.

Desde 1998 el radón está clasificado por la Agencia Internacional para la Investigación del cáncer (IARC) como carcinógeno de primera categoría. La Organización Mundial de la Salud lo reconoce como la segunda causa de cáncer de pulmón en la población, después del tabaco.

La principal solución para mitigar las concentraciones de gas radón en el interior de edificios es implementar medidas correctoras eficaces con la construcción de un nuevo edificio o bien posteriormente mediante la intervención en edificaciones existentes.

Legislación sobre el radón

En Europa, la Comisión Europea hizo en 1990 una recomendación relativa a la protección de la población contra los peligros de una exposición al radón en el interior de edificios (90/143 Euratom). En 1996 se estableció la Directiva 96/29 Euratom, pero regulaba solo la exposición laboral.

En España, el primer Real Decreto llegó en 2001, cinco años después. En 2010 apareció el segundo Real Decreto, que modificaba al anterior y en 2012 el tercero, que complementa a los dos anteriores.

En 2013, Europa aprobó la Directiva 2013/59/ Euratom, por la que se establecen las normas de seguridad básicas para la protección contra los peligros derivados de la exposición a radiaciones ionizantes, y se derogan las directivas anteriores. Incluye el radón en lugares de trabajo, exposición al radón en recintos cerrados e incluye un plan de acción para el radón.

España no cumple

Jose Miguel Rodríguez, director del Instituto para la salud geoambiental, director del programa Vive sin radón de la Fundación Vivo Sano, recuerda que España no cumple con la normativa, puesto que el Real Decreto por el que se aprueba el reglamento sobre protección de la salud contra los riesgos derivados de la exposición a las radiaciones ionizantes está pendiente desde 2018 y subraya que existe un expediente abierto. Además, las autonomías publican sus propias guías, y pone como ejemplo la de Extremadura, una de las más completas por el momento.

También recuerda la importancia de las medidas en los edificios y asegura que “ningún mapa sustituye a la medida en un edificio”. Asimismo, “no tiene sentido que cada administración tenga sus propios mapas del radón”. “Desde 1990 hay poca o ninguna información comparada con otros países, el número de medidas es muy bajo, las competencias se atribuyen a múltiples ministerios y la sociedad civil, las entidades, empresas y organizaciones no participan”, concluye Rodríguez.

Laura Mezquita, de la Unidad de Tumores Torácicos del Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínic y miembro del Grupo de Genómica Traslational IDIBAPS, recuerda que el radón puede estar asociado únicamente al cáncer de pulmón en algunos casos, pero en otros está asociado a otros carcinógenos. “Se ha de tener en cuenta la genética del tumor y la genética del paciente y la interacción de los carcinógenos”. La oncóloga asegura que la biología molecular es básica para determinar la terapia a seguir. “La histología ayuda a elegir quimioterapia, el perfil molecular la terapia dirigida y los marcadores inmunes determinan si el paciente es candidato a inmunoterapia”.