El 63 por ciento de las personas está dispuesto a compartir su información personal de salud a cambio de una mejor atención, según han informado desde Oliver Wyman, que ha identificado algunas de las tendencias que definirán al sector en la próxima década.

En un año sin precedentes en todos los sentidos, la industria de la salud ha sido sin duda una de las principales protagonistas y, ante los innumerables retos, su nivel de movilización y adaptación ha sido notable a nivel mundial.

De hecho, los sistemas de salud, entre ellos el español, pasaron de casi cero a miles de visitas sanitarias virtuales en el curso de una semana, y las organizaciones biofarmacéuticas se apresuraron a desarrollar vacunas, con 92 candidatos actualmente en ensayos clínicos.

Estos acontecimientos, no obstante, han supuesto en realidad un catalizador de los cambios que desde hace tiempo vienen remodelando el sector. El envejecimiento de la población ha impulsado un aumento del gasto de los gobiernos en atención sanitaria, los servicios de telemedicina ya habían comenzado su implantación paulatina, y 2019 fue el primer año en que se probaron 11 medicamentos personalizados.

Así, el interés del mercado por la innovación sanitaria no ha dejado de aumentar: la financiación total de este campo en la primera mitad de 2020 superó los 9.000 millones de dólares, un 19 por ciento más que el año anterior.

Más del 66 por ciento de la población mundial tiene un teléfono móvil, porcentaje que se dispara en el caso de países como España, donde el pasado año existían ocho millones de líneas móviles más que habitantes, según la CNMC. Hoy en día, los teléfonos inteligentes pueden contar pasos, medir la presión arterial, tomar niveles de oxígeno en la sangre, detectar la fibrilación auricular y conectarse a prácticamente cualquier equipo médico que un usuario pueda necesitar.

Gracias a la tecnología combinada, las personas pueden llamar, enviar un mensaje o chatear por vídeo con su médico, recibiendo atención dónde y cuando la necesiten, a una fracción del coste de las soluciones existentes basadas en instalaciones. Aunque la tecnología necesaria para trasladar gran parte de los cuidados desde los centros médicos a entornos virtuales o domiciliarios ha estado disponible durante años, el lento ritmo de crecimiento ha estado más bien relacionado con la adopción.

La falta de conciencia de los usuarios o los obstáculos normativos, entre otros, han contribuido a ralentizar este avance. Sin embargo, la rápida virtualización de los servicios de atención sanitaria gracias al COVID-19 ha despejado muchos de esos obstáculos y, aunque las soluciones virtuales no van a prevalecer sobre la atención presencial de la noche a la mañana, de manera creciente surgirán ecosistemas virtuales que ofrecerán mayor comodidad y asequibilidad, predominando en último término sobre otras soluciones.

Esto ya ha ocurrido en otras industrias, que han servido de avanzadilla y modelado las preferencias de los consumidores, que exigirán un nivel de servicio similar al sector sanitario. En este sentido, el 46 por ciento de los españoles que han utilizado la telemedicina por primera vez durante la pandemia prevé utilizarla aún más una vez termine, frente a un 22 por ciento que no planea cambiar su nivel de uso.

El dato de España, sin embargo, está por detrás de los porcentajes globales: 59 por ciento que planea usarlo más, y un 20 por ciento que no cambiará su uso; y muy por detrás de países como China, donde un 76 por ciento afirma que incrementará su uso de la telemedicina una vez haya pasado la pandemia.

Las compañías e instituciones de atención médica recogen y captan más y más datos cada día, con una creciente recopilación de información biométrica generada por dispositivos. Además, los usuarios de todo el mundo están dispuestos cada vez más a compartir sus datos. Así, un 63 por ciento está dispuesto a compartir su información personal de salud para recibir una atención de mayor calidad, y el 54 por ciento para recibir una atención más personalizada.

De hecho, esperan que sus proveedores de servicios de salud compartan la información entre ellos y, al mismo tiempo, ofrezcan experiencias que les permitan ganar su confianza. Además, al igual que en los servicios financieros, no solo será la demanda de los consumidores la que lleve a un mayor intercambio de datos de salud. Y es que, a medida que proliferen más y más soluciones se creará la necesidad colectiva de compartir datos de manera segura, rápida y económica, desplazando la ventaja competitiva de la propiedad de los datos a la generación de conocimientos únicos y personalizados.

Al mismo tiempo, se cree que en los próximos 10 años se producirá una democratización de los datos a través de APIs abiertas u otras tecnologías, a medida que todas las organizaciones avanzan hacia una mejor integración y acceso a través de soluciones de terceros.

Hoy en día, más del 70 por ciento de la población mundial está experimentando un aumento de la desigualdad, lo que trae consigo una gran diferencia en las necesidades sanitarias en función de los determinantes sociales de la salud, incluso para quienes viven en el mismo barrio.

Aunque la atención médica ya está muy personalizada, con organizaciones que prestan servicios a nivel individual basados en la experiencia y el juicio de los profesionales, se trata de una atención intensiva en mano de obra, propensa a la variabilidad y al error, y con alto coste.

La próxima década traerá un cuidado de la salud personalizado a gran escala, gracias a tres factores clave: mejores datos, más datos disponibles y mejor análisis de los mismos. Los continuos avances en genética, biofísica, ciencias del comportamiento y otras disciplinas ampliarán lo que se sabe de cualquier individuo.

Por su parte, el intercambio rápido de datos expandirá exponencialmente la riqueza de los conocimientos que pueden desarrollarse, y los motores de inteligencia artificial más inteligentes, unidos a los continuos avances en la potencia de computación, traerán consigo mejores recomendaciones. Este panorama no es ciencia ficción, sino que ya existen ejemplos concretos de alta personalización.

El cambio climático

Finalmente, y según se señala desde Oliver Wyman, en los próximos 10 años va a ser imposible escapar a los impactos que el cambio climático tendrá en la salud en todo el mundo. Este fenómeno tendrá un impacto directo sobre la salud.

Entre otros, el riesgo de mortalidad temprana entre personas mayores, niños, o aquellas con condiciones preexistentes crecerá como consecuencia de las olas de calor más frecuentes. Las enfermedades infecciosas supondrán una mayor amenaza en países como España, ya que el cambio climático o la polución actúan como multiplicadores del riesgo de infección y muerte por enfermedades infecciosas como el COVID-19.

Asimismo, los problemas de salud mental serán cada vez más comunes, ya que los fenómenos climáticos extremos pueden traer consigo enfermedades o problemas mentales como ansiedad, depresión o estrés postraumático cuyos síntomas persistan durante años.

Por un lado, la industria sanitaria es uno de los principales contribuyentes al cambio climático, ya que se trata del quinto sector con mayores emisiones de gases de efecto invernadero. Por otro, las organizaciones de atención sanitaria también estarán sujetas a su impacto directo, por ese empeoramiento de todos los índices de enfermedades infecciosas, enfermedades crónicas, salud mental, lesiones y muertes.