El dolor tiene un impacto negativo en los pacientes con cáncer de cabeza y cuello. Un porcentaje significativo de ellos padece dolor antes, durante y después de completar el tratamiento. Así se ha puesto de manifiesto en el marco del Día Mundial contra el Cáncer de Cabeza y Cuello, que se celebra el próximo 27 de julio. En concreto, Pedro Pérez Segura, responsable del Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, señala: “la incidencia del Dolor Irruptivo Oncológico (DIO) oscila entre un 20-80 por ciento en los pacientes oncológicos”. En el caso del cáncer del área de la cabeza y el cuello estaríamos en el límite alto (80 por ciento) dadas las características específicas de los tumores.

El dolor irruptivo oncológico (DIO) consiste en una exacerbación transitoria de dolor que aparece sobre la base de un dolor persistente estabilizado. Se caracteriza por su elevada intensidad, rapidez de instauración y corta duración. Como explica Pérez Segura, “su aparición suele estar relacionada con la compresión de los nervios que circulan por la zona afectada por el tumor. En ocasiones, está asociado a alguna actividad concreta, como, por ejemplo, masticar”.

Dolor irruptivo oncológico

Las zonas en las que pueden aparecer estos tumores suelen estar muy inervadas. Es por ello que la afectación de estos nervios implica, en ocasiones, la producción de dolor. También es importante saber que algunos tratamientos como la cirugía o la radioterapia pueden producir dolor en esa zona por el impacto propio de dichos tratamientos.

El experto explica que el dolor, sin más apelativos, implica un deterioro en la calidad de vida de los pacientes con cáncer. En el caso del dolor irruptivo oncológico, este problema se incrementa puesto que aparece sin avisar y es más difícil controlarlo.

Por todo ello, los expertos recomiendan abordar el dolor irruptivo oncológico adecuadamente. De lo contrario, la calidad de vida puede verse significativamente deteriorada. “La rapidez e intensidad del DIO hace necesario que apliquemos un tratamiento de forma precoz, cuyo efecto sea potente y de corta duración. Solo así conseguiremos controlar el episodio, a la vez que minimizamos los efectos secundarios”, concluye Pérez Segura.