La diabetes mellitus tipo 2, el síndrome metabólico y obesidad son tres patologías interrelacionadas que comparten mecanismos de aparición y evolución y con frecuencia se van combinando sucesivamente y ocasionan complicaciones cardiovasculares.  El síndrome metabólico es una entidad muy frecuente en la práctica clínica de los médicos de familia con una elevada prevalencia en cualquier franja de edad.

De los cinco criterios definitorios del síndrome metabólico, los tres que aparecen con mayor frecuencia son el aumento del perímetro abdominal, ya que ese parámetro está presente en un elevado de la población adulta en España; el 90% de los pacientes cumplen este criterio.

La glucemia basal por encima de 100 mg/dl es un indicador también muy frecuente. El observar glucemias por encima de 100, sin llegar a cifras diagnosticas de diabetes mellitus, son muy prevalentes en la población general, posiblemente presentes en el 50% de los pacientes que ven los médicos de familia en su consulta diaria. Y el tercer criterio en frecuencia son cifras de triglicéridos de 150 (se consideran dentro de la normalidad cifras hasta 165 mg/dl).

Todo ello condiciona una elevada morbimortalidad cardiovascular ampliamente confirmada, ya que aumenta  el riesgo de ateroesclerosis por aumentar el riesgo de diabetes, dislipemia e hipertensión arterial, los principales factores de peligro cardiovascular.

El perfil del paciente con síndrome metabólico es una persona con obesidad o sobrepeso de carácter abdominal, hipertenso o con cifras altas de tensión arterial con aumento de la resistencia a insulina, secundario al aumento del tejido graso visceral, lo que origina cifras de glucemia basal elevadas. Presenta también alteraciones del perfil lipídico, en gran parte secundaria a esa glucemia basal alterada, triglicéridos también elevados.

Es el paciente típico con sobrepeso, secundario a aumento de la ingesta de alimentos, sedentario. Todo ello origina alteraciones características del síndrome metabólico, padecimiento bastante frecuente en las consultas de atención primaria, ya que hoy en día el ritmo de vida es muy sedentario y existe una gran tendencia a un consumo elevado de grasas a hidratos de carbono en la dieta

El diagnóstico de este síndrome es clínico y es una condición que afecta a un 25% de la población, pudiendo afectar también a personas con normopeso. Su prevalencia es elevada en la población general, sobre todo en la población de edad media y avanzada.

Diariamente los especialistas se encuentran con pacientes sin patología alguna pero que cumplen con criterios diagnósticos de síndrome metabólico. Además, con frecuencia tienen asociados cifras elevadas de tensión arterial y colesterol HDL disminuidas, así como patologías como gonartrosis, lumbalgias etc, pero sobre todo dolencia osteomuscular y juntan la toma de antiinflamatorios no esteroideo.

El tratamiento del síndrome metabólico consiste en abordaje de las otras enfermedades subyacentes. Por consiguiente, si el paciente tiene diabetes, hiperinsulinemia, niveles elevados de colesterol o presión arterial alta, debe recibir el tratamiento adecuado. Hacer ejercicio y adelgazar también son medidas útiles para mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la presión arterial y los niveles de colesterol.

Cambios en el estilo de vida

En algunos casos puede administrarse medicamentos –se debe considerar en primer lugar las estatinas- para tratar el síndrome metabólico, pero el médico recomendará cambios en el estilo de vida, tal como seguir una alimentación sana, dejar de fumar y reducir el consumo de bebidas alcohólicas. Las medidas farmacológicas ideales serían aquellas que consiguieran disminuir la insulinorresistencia de los pacientes, aumentando por tanto la sensibilidad a la insulina en tejidos periféricos.

La labor del personal de enfermería en atención primaria (AP) con los pacientes que sufren SM resulta muy importante, ya que les ayuda para asegurarse el cumplimiento terapéutico y refuerzan la concienciación de los diabéticos con SM al tiempo que intensifican la educación en salud para conseguir unos hábitos de vida saludables. En este último objetivo es donde también pueden ser muy importantes los farmacéuticos. Desde sus oficinas de farmacia se debe incentivar a estos pacientes a perder peso, dejar el tabaco (si fuman), cumplir el tratamiento prescrito y realizarse los controles rutinarios pautados por su médico.

Desde todos los ámbitos de salud se debe recordar a los pacientes con SM la necesidad de cambiar su estilo de vida para poder ayudar a prevenir futuras complicaciones.  Y es que simplemente variando el hábito de vida y siguiendo una dieta saludable rica en frutas, verduras y legumbres este síndrome podría desaparecer sin recurrir a la pauta de fármacos o pudiendo usarlos a dosis o altas.

Como en cualquier enfermedad, la mejor forma de luchar contra el síndrome metabólico (SM) y sus consecuencias es con la prevención.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Fátima Mas Mas. Kut-Hu-Mi Mpongo Tshilumbu, Isidora Gómez Cubas, José Manuel Marco Marco, Inmaculada Concepción Marín Cabrera, Enriqueta Perales Brotons, de Orihuela (Alicante). Adela Sánchez Moya, Antonio Tafalla Martín, Joaquín Martínez Lorente, Sergio Vera Pérez, Ezequiel Navarro Cabrera, Ricardo Llaudes Soler, de Callosa del Segura (Alicante). Inés Carrasco Martínez, Mireya Martínez Fernández, Pedro López González Moro, Josias Ernesto Jiménez Almonte, Encarna Gas Pérez y José Antonio Valenti Aldeguer de Torrevieja  (Alicante).