Se ha observado por primera vez en una nueva investigación publicada en el ‘European Respiratory Journal’ la evidencia de que la inhalación de pequeñas partículas de carbono negro, generalmente como resultado de la quema de diésel, está relacionada con un mayor volumen de vasos sanguíneos periféricos y más pequeños en los pulmones.

El estudio se suma a la evidencia de que la exposición a contaminantes de diesel en lo que se consideran niveles relativamente bajos puede contribuir a cambios sutiles en los pulmones que pueden hacer que las personas sean más propensas a desarrollar enfermedad pulmonar crónica, la tercera causa de muerte en todo el mundo.

Los investigadores aseguran que las diferencias observadas en las personas expuestas a niveles más altos de carbono negro fueron comparables en magnitud a las asociadas con fumar un paquete de cigarrillos al día durante 15 años.

El proyecto se basó en el Estudio Multiétnico de Aterosclerosis (MESA) sobre los Estudios de Contaminación del Aire y los Pulmones del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos. La investigadora principal, la doctora Carrie Pistenmaa Aaron, realizó este trabajo como profesora asistente en la Universidad de Columbia en Nueva York.

“Algunos estudios previos han sugerido una relación entre la contaminación del aire y la circulación en los pulmones, pero queríamos evaluar si había asociaciones entre la exposición a la contaminación del aire crónica y la estructura vascular de los pulmones –explica la experta–. Nos interesó la vascularización pulmonar porque creemos que puede estar relacionado con enfermedades pulmonares crónicas”.

Los investigadores analizaron datos de más de 3.000 personas de seis áreas metropolitanas en los Estados Unidos. Un equipo liderado por científicos de la Universidad de Washington calculó la exposición a largo plazo de los participantes a los contaminantes del aire exterior utilizando datos de monitoreo específicos de la base de datos de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), y analizando el tráfico, los patrones climáticos y los datos de uso de la tierra.

Luego se midieron los vasos sanguíneos pulmonares de los participantes mediante tomografías computarizadas de tórax entre 2010 y 2012. La edad, la altura, el peso, el sexo, la raza y la etnia de cada participante, los años de consumo de cigarrillos, la exposición al humo de segunda mano, el historial médico y otros factores socioeconómicos también se tuvieron en cuenta en los análisis, ya que estos factores también pueden tener un impacto en la salud de los pulmones.

Los investigadores estimaron que, en promedio, los participantes del estudio estaban expuestos a niveles anuales de carbono negro de 0,8 microgramos por metro cúbico y partículas finas (PM2.5), otra medida de la contaminación del aire que incluye partículas de carbono negro, de 11 microgramos por metro cúbico.

Estos niveles están por debajo de los límites actuales de contaminación del aire establecidos en PM2.5 por la EPA en Estados Unidos y más bajos que los valores límite actuales de la UE. A pesar de esta exposición promedio relativamente baja, los análisis mostraron que las exposiciones a un nivel más alto de carbono negro se asociaron con un mayor volumen de vasos sanguíneos en la periferia de los pulmones.

El doctor Aaron explica: “Nuestros hallazgos sugieren que la exposición a largo plazo al carbono negro puede afectar la circulación pulmonar. Ninguna investigación previa ha analizado específicamente si estos cambios en los humanos conducen a la enfermedad, por lo que no podemos decir con certeza cómo esto puede estar afectando la salud. Sin embargo, otros estudios de medidas vasculares pulmonares similares en humanos, además de varios estudios en animales, sugieren que las diferencias en la vascularización pulmonar podrían hacer que las personas tengan más probabilidades de desarrollar una enfermedad pulmonar crónica”.

Los investigadores aseguran que los principales contribuyentes a los niveles de carbono negro en las ciudades de los países desarrollados son los vehículos a diesel, los hornos de petróleo y las centrales eléctricas de carbón, mientras en el resto del mundo las principales fuentes de carbono negro provienen de las estufas de leña, los incendios forestales y la tala de bosques.

El profesor Thierry Troosters, presidente electo de la European Respiratory Society, que no ha participado en la investigación, comenta que “una gran proporción de la población europea vive en áreas con una calidad del aire exterior insalubre y esas personas no pueden evitar la exposición a los efectos nocivos de la contaminación”.

“Este estudio proporciona datos interesantes sobre cómo la exposición al carbono negro, probablemente como resultado de la quema de diésel, puede estar dañando los pulmones, y destaca cómo necesitamos políticas estrictas para un aire más limpio con el fin de reducir el impacto de la contaminación en la salud de los ciudadanos europeos–añade–. Junto con la Organización Mundial de la Salud, la Sociedad Respiratoria Europea aboga por tales políticas tanto a nivel europeo como global”.