El asma es una enfermedad cuyas crisis pueden ser cíclicas, siendo el otoño y el invierno las estaciones en las que se suele dar el mayor número, cuya explicación viene de la mano de las condiciones meteorológicas. Una tormenta fuerte o un cambio brusco de temperatura pueden ser desencadenantes de las crisis, pero también lo es el aire frío y seco o el viento. El aire frío es uno de las principales causas de asma porque al penetrar en las vías respiratorias activa los síntomas de esta enfermedad pudiendo provocar broncoespasmos, tos, respiración ruidosa o entrecortada, presión torácica…

Las personas que sufren asma tienen las vías respiratorias hipersensibles y con la inhalación de aire helado se resecan y se contraen, lo que explica el empeoramiento de la enfermedad en épocas invernales. El frío, además, origina la producción de una sustancia llamada histamina –la misma que aparece cuando el cuerpo sufre un ataque de alergia– y que es la fuente de sibilancias y otros síntomas del asma.

Ahondando más en el asunto, las bajas temperaturas pueden ocasionar la congestión nasal en cualquier persona sin antecedentes de rinitis o asma, pero en estas es mucho más acusado. Esta congestión impide la correcta humidificación, filtrado y calentamiento del aire en el organismo lo que, a su vez, puede dar lugar a la aparición de infecciones respiratorias que incrementan la inflamación y la hiperreactividad bronquiales.

Por otro lado, en invierno, el aire es muy seco (aún más en el interior de los edificios por el uso de la calefacción), lo que hace que el fluido que recubre las vías respiratorias se evapore más rápido de lo que se reemplaza, resultando una irritación e inflamación de las vías respiratorias o empeorándolas si ya están inflamadas.

Para conocer más a fondo por qué el clima intenso del inverno afecta a las personas con asma y cómo prevenir las crisis causadas por el frío, en EL MÉDICO INTERACTIVO hemos hablado con la doctora Alicia Padilla, neumóloga responsable de la Unidad de Asma en el Hospital Costa del Sol, en Marbella, Málaga. Ella nos explica que el aire destemplado y seco puede ser un desencadenante de asma, principalmente, para los afectados que realizan ejercicio físico a bajas temperaturas.

Esto es así porque “al practicar deporte, la respiración se acelera y, con frecuencia, se respira con la boca abierta, por lo que se pierde el efecto calentador y humificador de la nariz, y el aire frío y seco llega de ese modo a los bronquios. Así, la vía aérea se irrita y se inflama produciendo histamina, y finalmente se inicia una crisis de asma”, explica la facultativa.

Deportes de invierno

En esta situación nos encontramos ante una disyuntiva, ya que uno de los aspectos que mejora en gran medida el asma es la realización de ejercicio físico. Practicarlo mejora la resistencia respiratoria y la musculatura y capacidad pulmonar, además de reducir las probabilidades de sufrir una crisis de asma derivada del esfuerzo.

El deporte en un ambiente gélido produce un incremento de neutrófilos y de macrófagos en el lavado broncoalveolar de personas sanas, y unos síntomas similares al asma en el deportista, ya que implica una inhalación directa de una cantidad importante de aire frío en las vías respiratorias. El asma de esfuerzo a menudo aparece durante entrenamientos duros o competiciones deportivas a temperaturas inferiores a 15 grados bajo cero, como han demostrado algunas pruebas realizadas en muestras de tejido de las vías respiratorias de esquiadores de fondo que han participado en encuentros deportivos con un clima extremo, sin padecer asma.

No obstante, en la mayoría de las personas que sufren asma respirar aire helado y seco les produce una serie de reacciones bioquímicas en el epitelio de las vías respiratorias que terminan generando un incremento de la inflamación, la hiperreactividad bronquial y la broncoconstricción. En cualquier caso, los beneficios de practicar deporte superan a los riesgos al mejorar el estado físico y, asimismo, la capacidad de dominar el manejo del asma.

Por tanto, las personas con asma pueden participar en actividades físicas en ambientes fríos de forma regular, siempre que no se superen los -10 grados centígrados. Además, deben hacerlo protegiéndose bien la nariz y la boca contra el frío y adaptando el entrenamiento a su forma física, situación y control de la enfermedad de forma individual.

“El ejercicio físico es una de las claves para un estilo de vida saludable, por lo que suele ser una recomendación médica habitualˮ, asevera la responsable de la Unidad de Asma. “En cualquier caso, no hay que olvidar una serie de recomendaciones antes de exponerse al deporte al aire frío del invierno para prevenir una crisis de asma”. Unos consejos entre los que, a su juicio, se debe incluir que:

– El asma debe estar controlada antes de realizar dichas actividades.

– El paciente deberá llevar siempre la medicación para el asma y conocer su manejo.

– Si coexiste una rinitis, debe tratarse.

-El ejercicio debe efectuarse con una intensidad progresiva y siempre con un calentamiento previo.

– Antes de iniciar el ejercicio, inhalar un broncodilatador que proteja del broncoespasmo inducido por el ejercicio.

– Debe ir equipado con ropa adecuada, valorando las posibles variaciones de temperatura.

– Para prevenir la inhalación de aire muy frío, debe protegerse la nariz y la boca de las bajas temperaturas.

Frío y contaminación

Otro de los aspectos que hay que tener en cuenta es que el exceso de frío y la falta de viento son factores que pueden incrementar la polución, especialmente en las ciudades en las que hay tráfico intenso, puesto que se produce un aumento de las concentraciones de gases y de partículas en el aire. Por tanto, si al clima invernal le añadimos la contaminación, el aire que respiramos es aún más dañino para cualquier persona, más aún para quienes tienen hipersensibilidad en las vías respiratorias como es el caso de los afectados por asma.

La falta de lluvias también agrava la contaminación ambiental y todo ello son factores de riesgo para el desarrollo de asma, así como desencadenantes de crisis. “Esto se traduce –apunta la doctora Padilla– en que los pacientes que ya tienen la enfermedad estarán más sintomáticos, precisarán de mayor consumo de fármacos y acudirán más veces a los servicios de Urgencias”.

En cuanto a practicar deporte en invierno, sumándole el elemento añadido de la polución, la especialista subraya que “algunos estudios han demostrado que los beneficios a largo plazo del ejercicio regular superan los riesgos relacionados con la exposición a la contaminación del aire. Por ello, si se va a realizar ejercicio en condiciones de contaminación ambiental se deben evitar zonas de contaminación elevada como las carreteras muy transitadas y evitar el ejercicio en el exterior los días de mayores niveles de contaminación del aire”.

Asma o alergia al frío

Otro aspecto relacionado con las bajas temperaturas y los problemas respiratorios es el relacionado con la propia alergia al frío y su posible confusión con una crisis de asma. Consultada sobre ello, la doctora Padilla indica que es fácil distinguirlas puesto que son dos patologías que se manifiestan de forma diferente. “La alergia al frío se manifiesta como una urticaria al exponerse a las bajas temperaturas, especialmente al agua fría. Habitualmente, las lesiones dérmicas se localizan en las zonas expuestas del cuerpo (manos, cara) aunque hay ocasiones en que es más extensa o incluso generalizada”, asevera.

“En algunos casos, tras una exposición extensa al frío, por ejemplo, tras baños en agua fría, los síntomas pueden ser graves, cursando con dolor abdominal, dificultad a la deglución, dificultad respiratoria, mareo y pérdida de conocimiento. Por su parte, las crisis de asma secundarias a la exposición al frío no presentan lesiones dérmicas, sino que los síntomas típicos son dificultad para respirar, tos, dolor torácico y presencia de ruidos torácicos”, añade la neumóloga, por lo que no deberían confundirse.

Tratar el asma en clima frío

Para evitar problemas con el asma asociados al clima invernal, lo más importante es tener la enfermedad bien controlada antes de que llegue el mal tiempo y establecer un plan de control del asma -junto con el paciente- son básicos de cara a un mejor manejo de la patología. Y una vez, llegado el invierno, el mejor tratamiento es la prevención. Limitar las actividades al aire libre, evadir hacer ejercicio con temperaturas muy gélidas, prescindir de las calefacciones muy altas y de espacios con poca ventilación, evitar los cambios bruscos de temperatura, ingerir abundante agua que permita una buena hidratación y cubrir bien la nariz y la boca cuando se sale a la calle para que el aire que entre en los pulmones sea más cálido. La vacuna de la gripe también es una buena opción.

Es esencial llevar siempre la medicación a mano y se aconseja que no esté muy fría cuando se tenga que utilizar. Según la neumóloga del Hospital Costa del Sol: “En condiciones de bajas temperaturas, los inhaladores presurizados ofrecen partículas de menor tamaño y dosis bajas por cada bolo, con menos presión de salida e inferior masa respirable. Por ello, se recomienda llevar el inhalador en un lugar alejado de la temperatura ambiente, si es posible cerca del cuerpo, o bien calentarlo antes de iniciar la maniobra de inhalación”.

Otra buena opción son los inhaladores que utilizan la tecnología BAI (Breath-Actuated Inhaler), dispositivos que se activan por la propia inspiración del paciente, lo que le ayuda a reducir los errores asociados a menudo tanto a los inhaladores de polvo seco (DPIs) como a los inhaladores de cartucho presurizado de dosis medida (MDIs). La gran ventaja de los inhaladores BAI es que simplifican de forma considerable la técnica de inhalación apropiada, ya que elimina la necesidad de coordinar la pulsación con la inhalación.

Estos inhaladores, a juicio de la doctora Padilla, son óptimos para el frío y el invierno, aunque si están expuestos a bajas temperaturas también se deben calentar con las manos antes de iniciar la maniobra de inhalación. “Si el inhalador se expone a condiciones de congelación se debe advertir al paciente que tiene que permitir que el inhalador se caliente a temperatura ambiente durante 30 minutos y luego accionar el inhalador una vez antes de su uso”, asegura la especialista.