El asma, la rinitis o la rinoconjuntivitis a menudo son expresiones de una misma causa alérgica. De hecho, el concepto de una vía respiratoria unificada ha sido aceptado en los últimos años por la comunidad científica. En definitiva, la inflamación subyacente en estas enfermedades es la misma, por lo que se necesita un manejo integral que tenga en cuenta estas patologías, aunque a veces no estén presentes clínicamente de forma simultánea.

“Podríamos decir que la vía aérea comienza en los ojos, pasa por la nariz, las orejas, la faringe y la laringe, y finaliza en los bronquios. Cuando atendamos a estos pacientes debemos tener una visión global más sistémica que abarque las interrelaciones entre estas patologías”, ha recomendado María Teresa Dordal, alergóloga del Hospital Universitario de Bellvitge y presidenta de la Sociedad Catalana de Alergia e Inmunología Clínica (SCAIC).

La Dra. Dordal ha participado en la jornada ‘Enfermedad Respiratoria Alérgica’, organizada en el Hospital de Bellvitge por la Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria (CAMFiC) y la propia SCAIC. Durante este encuentro se ha analizado la problemática de la alergia respiratoria tanto desde la perspectiva de la Atención Primaria como de la Hospitalaria, con especial interés en el concepto de vía respiratoria única, la relevancia de la sensibilización alergénica, las comorbilidades, los aspectos clínicos y la necesidad de un abordaje integral. En este sentido, en el Hospital de Bellvitge se ha creado la Unidad de Asma Grave para tratar de forma multidisciplinar a pacientes más complejos, con la intervención de especialistas en Alergología, Otorrinolaringología, Neumología, Gastroenterología y Dermatología.

Enfermedad respiratoria alérgica

En los últimos años ha cobrado protagonismo el alérgeno como responsable de los síntomas y determinante en las manifestaciones clínicas del paciente. En esta línea, toma fuerza el concepto de enfermedad respiratoria alérgica, como ha explicado María Teresa Dordal: “No es igual ser alérgico a los ácaros que a los hongos o a los pólenes. Tampoco es lo mismo ser alérgico a un polen que a otro. Las particularidades que confiere la sensibilización alérgica se tendrán en cuenta a la hora de realizar un abordaje integral de estos pacientes, porque condicionará la estrategia de tratamiento”.

Asimismo, el diagnóstico alergológico puede ser fundamental desde el punto de vista terapéutico y pronóstico, por ejemplo, en los casos de asma grave que se pueden resolver simplemente retirando una mascota del domicilio. Para la Sociedad Catalana de Alergia e Inmunología Clínica, el alergólogo es el especialista formado desde una vertiente más transversal para diagnosticar adecuadamente y abordar conjuntamente la rinoconjuntivitis y el asma, es decir, la enfermedad respiratoria alérgica.

Datos del asma y la alergia

Representantes de las sociedades científicas participantes en la jornada han comentado que el asma afecta al 5 por ciento de la población adulta y al 10 por ciento de los niños y adolescentes. Esta patología tiene un origen alérgico en la mayoría de los casos; así, se calcula que son alérgicos 8 de cada 10 niños asmáticos y más de la mitad de los adultos con asma. Los expertos han destacado que, igual que la rinitis se atribuye casi siempre de forma errónea a una causa alérgica, el asma suele no relacionarse con la alergia, sobre todo en el adulto.

Un control incorrecto del asma supone un aumento del riesgo de sufrir una crisis, aumentar los ingresos y las asistencias a urgencias, las exacerbaciones de riesgo vital, un aumento en el gasto sanitario, y, en general, un empeoramiento de la calidad de vida del paciente. Las herramientas disponibles para controlar el asma y la enfermedad respiratoria alérgica son, entre otras, el control de la función pulmonar o los cuestionarios específicos que pueden emplearse en los centros de salud y en los hospitales. En el abordaje de estas patologías deben valorarse factores ‘modificables’ que pueden influir en un mal control, como el tabaquismo, la exposición alergénica y a irritantes ambientales, las comorbilidades no tratadas o la falta de adherencia terapéutica. Además, los expertos recuerdan los beneficios de las vitaminas A y E respecto al cuidado de la salud bucofaríngea, ya que protegen las membranas mucosas de la nariz y la garganta.