En la última reunión de la Junta Directiva de la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME), se ha prestado especial atención al borrador de Real Decreto (RD) de regulación de la formación común de las especialidades en ciencias de la salud, elaborado por el Ministerio de Sanidad y publicado por la Dirección General de Ordenación Profesional (DGOP).

Tal y como explica a EL MÉDICO Antonio Zapatero, presidente de FACME, del documento se deduce un menor peso de la parte profesional y científica y una mayor influencia de la parte administrativa en un tema tan sensible como es la formación médica especializada. Por eso, “desde FACME estamos un poco desilusionados porque sigue sin tenerse en cuenta la opinión de los profesionales sanitarios en un aspecto tan importante como la formación médica continuada. Las correcciones que sugerimos en el pasado mes de septiembre siguen apareciendo de la misma forma, por lo que, en líneas generales, el documento no nos convence”.

En su opinión, existen varios puntos que deben ser modificados, entre otros, la formación transversal, “ ya que no sabemos en qué consiste, qué tiempo ocupa, cómo se va a evaluar…”.

En relación con las áreas de capacitación específica (ACE), el presidente de FACME indica que le parecen una buena idea, pero el acceso a ellas debe ser con el título de especialista, tal y como recoge la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS).

En este contexto, en las solicitudes de nuevas especialidades, las sociedades científicas también tienen mucho que decir y se debe tener en cuenta su opinión a través de sus Comisiones Nacionales, del propio Consejo de Especialidades y de la profesión médica representada en el Foro de la Profesión Médica.

Formación

La formación también ocupa el interés de la Junta Directiva de FACME. “El sistema MIR nos ha permitido formar a nuestros especialistas con un gran nivel técnico, siendo un modelo de éxito, que pretende ser imitado en otras profesiones o países, eso no quita que se puedan plantear modificaciones que lo mejoren y se adapten mejor a la realidad epidemiológica que nos viene dada con el envejecimiento y la epidemia de enfermedades crónicas”, apunta Antonio Zapatero, quien añade que en los últimos años las Comisiones Nacionales de las Especialidades han hecho un excelente trabajo que debe ser tenido en cuenta sobre competencias comunes y específicas de cada especialidad.

El desarrollo tecnológico y del conocimiento demanda una superespecialización, mientras que el envejecimiento y la pluripatología requieren una sólida formación generalista. Habrá, por tanto, que evitar la progresiva fragmentación y desarrollar un sistema de formación continua y acreditación de competencias profesionales en áreas específicas. “El SNS concentra una enorme cantidad de tecnología y conocimiento. Está, por tanto, en una situación inmejorable para ser un foco de investigación, desarrollo e innovación y en numerosos casos lo es. Por eso, el SNS debe hacer un esfuerzo mayor en investigación clínica, traslacional y en resultados en salud”, asegura.

El modelo de gestión de personal del SNS es una excepción en Europa y dificulta una gestión por competencias y el establecimiento de incentivos profesionales adecuados. Por eso, para Antonio Zapatero debe producirse un esfuerzo inversor en capital humano, no debiendo ser la industria del sector, como hasta ahora, la principal fuente de financiación. La innovación tecnológica y organizativa, y la generación de conocimiento exigen un esfuerzo inversor dirigido a la traslación de dicho conocimiento.

Recertificación

Para garantizar la buena formación de los profesionales, está la recertificación médica, que es un proceso periódico y necesario para renovar una credencial conseguida, que garantiza la cualificación para el ejercicio profesional. Por eso, FACME puso en marcha un grupo de trabajo sobre recertificación que dirige el Dr. Benjamín Abarca, secretario general de FACME, con una gran participación de las sociedades científicas.

El mencionado grupo de trabajo ya tiene consensuadas las competencias transversales comunes a todas las especialidades y su correspondientes instrumentos de evaluación. Las competencias específicas son las que se determinen por cada una de las especialidades. “Es un gran trabajo de coordinación que será muy útil para nuestros especialistas”, asegura el presidente de FACME.