“La diabetes mellitus tipo 2, la insuficiencia cardíaca y la enfermedad renal diabética son las pandemias del siglo XXI”. Con este punto de partida, un reciente estudio incide en que “es vital un acercamiento multidisciplinario para entender los datos clínicos y la mecánica sobre la unión” de estas tres patologías, algo fundamental si se tiene en cuenta que, además, “la prevalencia de las tres pandemias está incrementándose como consecuencia del envejecimiento de la población, del aumento de la incidencia de obesidad y de la prolongación moderada de la sobrevida de las personas afectadas”.

El informe, publicado en la Revista Colombiana de Cardiología, ha sido desarrollado por profesionales de la Clínica de Falla Cardíaca del Hospital Universitario Fundación Santa Fe de Bogotá (Colombia). En su trabajo, resaltan que diabetes, insuficiencia cardíaca y enfermedad renal no solo coexisten de manera frecuente, sino que “cada una de ellas empeora el pronóstico de las otras, creando una serie de círculos viciosos”.

Como ejemplo de esta situación, se recuerda que los pacientes con insuficiencia cardíaca tienen cuatro veces mayor prevalencia de diabetes mellitus tipo 2, a lo que se une que las tasas de incidencia crecen muy rápido “debido a la epidemia de obesidad”. En el caso de la diabetes, por ejemplo, “el número de afectados aumentó de 108 millones en 1980 a 425 millones en 2017”. “Los varios círculos viciosos que entrelazan la fisiopatología de la progresión natural de la diabetes mellitus tipo 2, con complicaciones renales y cardiovasculares, son las causas más frecuentes de incapacidad y muerte”.

No obstante, los autores subrayan que “en cada uno de estos círculos hay varias oportunidades de intervención para interrumpirlos y mejorar los resultados clínicos”. Para ello, reclaman un abordaje multidisciplinar y una mejora de la información disponible actualmente. Como muestra de ello, señalan que “datos de alta calidad están ausentes en todos los aspectos de la insuficiencia cardíaca específica de la población de pacientes con enfermedad renal crónica avanzada y sin diálisis”.

Esta falta de datos lleva a que “hay muchas preguntas sin respuesta en lo que atañe a una epidemiología, patobiología, farmacoterapia óptima y estrategias del manejo de los pacientes con insuficiencia cardíaca, enfermedad renal crónica y diabetes mellitus tipo 2”. A ello añaden que la epidemiología está cambiando por la modificación de factores de riesgo y la introducción de nuevas terapias, por lo que apuntan que “puede ser necesario determinar la intensidad del control glucémico para cada estadio y gravedad” de las patologías cardíaca y renal. “Se necesita más investigación para dilucidar el uso seguro de medicamentos hipoglucemiantes en pacientes con insuficiencia cardíaca y disfunción renal”, advierten.

Para respaldar su afirmación de que es necesario un enfoque multidisciplinar para afrontar esta triple patología, los autores aportan datos como que el desarrollo de insuficiencia cardíaca en un paciente diabético es responsable de cerca de dos tercios de la mortalidad en diabetes mellitus tipo 2. Los estudios reflejan además un incremento de dos veces el riesgo de insuficiencia cardíaca en individuos con diabetes en comparación con los que no la padecen.

En relación con la enfermedad renal diabética, el estudio indica que es una complicación microvascular que afecta aproximadamente al 35% de personas con diabetes mellitus tipo 2, además de obligar en muchos casos a un trasplante renal y ser una de las causas más importantes de mortalidad en este tipo de pacientes. Asimismo, se recuerda que, por definición, la diabetes es la causa de la enfermedad renal diabética, y que se produce “una ‘diafonía’ entre el riñón y el corazón que están fallando”. “En el escenario de enfermedad renal diabética, el riñón en falla puede generar hipertensión secundaria y anemia, con lo que suma cargas extra al corazón disfuncional”, una “interacción bidireccional entre el corazón y el riñón que establece otro círculo vicioso importante”.