Conectar el domingo con cualquier medio para saber que hubo 838 fallecidos por coronavirus en España y hacerlo hoy y ver que el listón está en 812 no pone todavía fácil mantener alto el espíritu, pero abre la puerta a la esperanza. Más que nada porque ese dato nos enmascara hasta casi ocultar otros muchos más positivos, como que ese mismo día ya había más de 16.000 pacientes curados y recuperados, que hoy lunes han pasado a ser más de 17.100 y en claro ascenso porcentualmente progresivo. En todo caso, cuando a cualquier hora del día y en todos los medios, la noticia es casi monotemática y comienza siempre con la cara más triste del lado dramático de la crisis sanitaria, es difícil ver la luz al final del túnel, pero la hay, y verla no requiere fe, sino confianza y esperanza; confianza en la biotecnología farmacológica y, sobre todo, en el personal sanitario, junto con la esperanza en la comunidad y en nuestro instinto de supervivencia con la generosidad generalizada que se está desplegando en todos los ámbitos sociales.

De hecho, este lunes el número de contagiados confirmados ha reducido su velocidad de aumento, diciéndonos estadísticamente que aunque el número de infectados siga ascendiendo, lo hace a notable menor velocidad; si hasta el sábado subíamos a un ritmo del 20%, ahora lo está haciendo al 12%, lo que confirma como bueno el camino elegido del confinamiento actual, que de manera leve, pero ya tangible, deja ver que es la vía correcta.

Sigue siendo preocupante el número de sanitarios contagiados, que llegan casi a los 12.300, pero la mayoría son leves y un 85% se están recuperando en su propio domicilio. Precisamente, como se está haciendo en Euskadi y otras Comunidades, la decisión de alojar a los sanitarios en hoteles y no ir a sus casas, está permitiendo que el número de profesionales contagiados se esté ralentizando y, además, por ser ellos quienes tienen mayor contacto directo con tanta carga vírica, se evita que se conviertan en vectores involuntarios de infección. A pesar de ello, tenemos aún un reto por delante: hacer las pruebas a todos los profesionales con síntomas o que han estado en contacto con positivos, y dotarles del material adecuado para el desarrollo de su trabajo; lo que permitirá poner fin a la angustiosa situación que viven la mayoría de ellos.

También, continúa siendo preocupante el punto casi crítico de saturación en las UCI con más de 5.200 ingresados; sin embargo, un recorrido por los datos y las gráficas de ingresos y salidas nos presentan un balance paulatino de retroceso en los ingresos, lo que analizado desde hace cinco días puede estar marcando ya tendencia.  Por ejemplo, en Madrid ingresaron 108 el día 24, mientras que el día 30 tan solo lo hicieron 31, y en Andalucía, el día 24 ingresaron en UCI por coronavirus 25, mientras que el día 30 lo hicieron solo 15. Además, está la movilización con hospitales de campaña o la redistribución del organigrama de hospitales y centros de atención, lo que está propiciando el incremento del número de recuperados. A pesar de todo, la saturación de las UCI sigue siendo casi la mayor preocupación de profesionales y autoridades sanitarias.

Por otra parte, también están las nuevas posibilidades de tratamientos que se están aplicando y que están teniendo ya su efecto positivo. Tanto con antirretrovirales u otros con potentes antiinflamatorios bronquiales, conocidos desde hace bastante tiempo, pero que ahora están siendo utilizados de manera combinada con resultados bastante halagüeños en cuanto a número de sanados. Sin olvidar tampoco la posibilidad abierta ahora legalmente de utilizar plasma de recién curados, que tras pasar la cuarentena tienen una carga suficientemente alta de anticuerpos antivirales como para ser inyectados en infectados como una especie de sueroterapia que ya está resultando también eficaz.

En todo caso, la guardia del confinamiento no puede ser bajada, porque el número de fallecidos por día sigue siendo elevado y conseguir, como este lunes, que se rebaje es cuestión de mantener la vigilancia, evitar los contactos y también esperar que el número de test sean masivos, de tal modo que sabiendo quién es portador o no, se pueda evitar mejor el contagio, además de indirectamente rebajar el índice de letalidad del virus, acercándolo a un punto de mayor realidad sanitaria.

Teniendo en cuenta el período de incubación medio de cinco o seis días antes de que aparecen los síntomas, si el confinamiento se sigue manteniendo como al parecer se está haciendo bien desde el sábado pasado, los mejores resultados en cuanto a la estadística de contagiados, ingresados en UCI y fallecidos, tendría que ser muy manifiesto antes de este fin de semana, independientemente de que continúe la escalada esperanzadora y muy progresiva del número total de curados.