El consumo de sustancias psicotóxicas, como el tabaco, busca aliviar un estado afectivo negativo, incluso cuando el motivo inicial de probarlas sea sentirse bien, recreativa o terapéuticamente, legal o ilegalmente. De forma gradual, la persona entra en un ciclo adictivo de difícil ruptura, el cual genera más malestar en comparación con el malestar original que quería aliviar.

Así lo expuso la doctora Daniela Flores Mosri, investigadora y docente de la Universidad Intercontinental (UIC), al explicar el origen y desarrollo de la adicción a estupefacientes, a partir de las investigaciones, desarrolladas en dicha universidad y en la experiencia con pacientes que padecen alguna adicción. Los estudios subrayan la relevancia de comprender lo que la persona que consume piensa y siente al respecto, a través de diversas etapas de consumo.

Generalmente, se refiere curiosidad por probar drogas, incluso cuando se reporta saber acerca de sus consecuencias negativas. Sin embargo, hay “algo” que les motiva a querer conocer los efectos sobre el estado mental. Probar es experimentar. “Al saber qué se siente, se introduce el conflicto sobre si se quiere consumir nuevamente o no, a pesar de saber que existen riesgos asociados”, explicó la experta.

Aspecto conductual del consumo de sustancias psicotóxicas

Con relación al aspecto conductual, el consumo de sustancias psicotóxicas deriva de dos tipos de reforzamiento o motivaciones, independientemente del conocimiento del individuo respecto a las consecuencias dañinas de su comportamiento:

a) El positivo implica sentirse bien, y es descrito por muchos consumidores como placentero y agradable.
b) El negativo se caracteriza por la sensación de alivio de un estado desagradable.

Un estado afectivo negativo se presenta cuando existe una necesidad por satisfacer o un problema por resolver. Mientras esto no ocurra, la persona mantendrá la sensación de malestar que requiere eliminar o aliviar. Las drogas psicotóxicas dejan la impresión de que los problemas y necesidades quedaron resueltos. Esta percepción subjetivamente esperanzadora seduce al consumidor, quien, al quererse  sentir mejor, emprende un uso esporádico que tiende a aumentar por los mecanismos conductuales y neurobiológicos implicados en el consumo de sustancias.

El cerebro se habitúa al consumo de psicotóxicos

El consumidor buscará entonces justificaciones para seguir consumiendo sin la angustia de reconocerse dependiente, explicó la especialista. Y el tercer aspecto, el neurobiológico, refiere cómo el cerebro se habitúa al consumo de psicotóxicos. Sus mecanismos son profundamente complejos. Sin embargo, las sustancias que generan abuso y dependencia impactan sobre regiones específicas de este órgano central, siendo la vía mesocórtica- mesolímbica de dopamina, también conocida como circuito de recompensas, la más importante.

Esta vía enferma de forma crónica, necesitando las sustancias externas y, por tanto, generando tolerancia, necesidad impostergable por el consumo (craving) y síndrome de abstinencia.

La persona ya no puede decidir si quiere o no la droga. Simplemente la necesita fisiológicamente y tal necesidad guía la conducta, ignorando las vigentes y potenciales consecuencias negativas del consumo y sus implicaciones. Incluso los problemas originales que le provocaban malestar no disminuyen, sino que aumentan.