Las estatinas son los fármacos hipolipemiantes por excelencia. Constituyen uno de los pilares de la prevención cardiovascular, tanto primaria como secundaria. Su acción se basa en la capacidad para reducir la concentración plasmática de colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (CLDL).

En España se comercializan siete estatinas: lovastatina, pravastatina, simvastatina, fluvastatina, atoravastatina,  rosuvastatina y pitavastatina. Dependiendo de la capacidad reductora de CLDL plasmático, las estatinas se pueden clasificar en tres grupos según su potencia o intensidad hipolipemiante.

Las de baja potencia ofrecen una reducción <30 por ciento; las de moderada, entre 30 y 50 por ciento, y las de alta, superior al 50 por ciento.

Habitualmente, cuando se duplica la dosis, no se duplica el efecto en la disminución del C-LDL, sino que se consigue una reducción adicional de solo un 6 a un 8 por ciento.

Control del tratamiento

Durante el tratamiento, se debe realizar periódicamente una analítica con el fin de valorar la función hepática, especialmente las transaminasas que pueden aumentar en un 1-2 por ciento de los pacientes que reciben estos fármacos. También pueden producir mialgias.

Están contraindicadas en pacientes con enfermedad hepática activa y en mujeres embarazadas y durante el periodo de lactancia.

La tendencia es a utilizar dosis medias de estatinas para conseguir los objetivos sin efectos secundarios. El problema viene cuando no se consiguen y hay que reforzar el tratamiento. Doblar la dosis solo aportará un 6 por ciento adicional de bajada de colesterol.

Por ejemplo, pasar de atorvastatina 10 a 80 solo nos aportará una reducción del 18 por ciento, con un riesgo elevado de mala tolerancia al tratamiento.

Terapia combinada

Por eso, se tiende al empleo de tratamientos hipolipemiantes combinados; estatina más ezetimiba. Permite no tener que doblar dosis de la primera y añadir la segunda. De hecho, dicha combinación está disponible en el mismo comprimido.

La regla del 6 se refiere al efecto comprobado de que al doblar la dosis de cualquier estatina se produce una reducción adicional del LDLc de un 6 por ciento. Este fenómeno reduce la eficacia del incremento de la dosis de estatinas para alcanzar objetivos terapéuticos necesarios en cada caso y, sobre todo, en los pacientes de alto riesgo.

Hay que tener en cuenta que si se duplica la dosis de una estatina, la reducción del colesterol cLDL no se multiplica por 2, sino que solamente se consigue un máximo de un 6 por ciento adicional.

La disponibilidad de nuevos agentes hipolipemiantes de alta potencia, en particular los anticuerpos monoclonales anti-PCSK9, abre un nuevo horizonte en la prevención y tratamiento de la enfermedad cardiovascular.

Prevención

El objetivo del tratamiento farmacológico de las dislipemias debe centrarse en disminuir y prevenir eventos cardiovasculares y morbimortalidad, y en la disminución de las cifras de CLDL.

Es muy clara la correlación entre el perfil lipídico  y el riesgo cardiovascular. Existe suficiente evidencia que apunta a que cuanto menor sea el cLDL menor es la incidencia de eventos cardiovasculares. Por ello, las principales sociedades científicas avalan el tratamiento farmacológico intensivo de  la dislipemia, con el uso de altas dosis de estatinas o la combinación de estatinas con ezetimiba, que tiene mayor potencia minimizando efectos secundarios.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria Isabel Rodríguez Escobar, Angeles Aragón Martínez,  Juan Antonio Pina Pelegrin, Alfonso Navajas Sanz y Julio Fernández Romero, del Centro de Salud El Palmar; Elena Esteban, Guillermo Caldentey, María Benejam, Ana Sanchis y José F. Palmer, y Antonio Navas Robles, José María Fandos Olona, Laura María Pérez García, María Mercedes Hernández Murillo y Cristina Sánchez Urquijo, de Barcelona.