El hierro, ese elemento esencial implicado en el origen de la propia vida, juega un papel también relevante en relación con el coronavirus. O más exactamente, su escasez, ya que se ha determinado que el déficit de hierro está asociado con un aumento de las posibilidades de contraer este virus. Por ello, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que es fundamental determinar los niveles de ferritina para poder realizar un diagnóstico precoz y, de esta manera, identificar a la población vulnerable.

Y es que “el hierro es un actor protagonista en la patogenia de la enfermedad”, resalta el doctor Alejandro del Castillo, especialista en Medicina Interna y experto en el estudio del metabolismo del hierro. Las pautas detectadas indican descensos de hierro sérico y hemoglobina, por un lado, y por otro aumentos de ferritina y hepcidina, “factores de riesgo que son independientes de la progresión de la enfermedad y pueden utilizarse para estratificar el riesgo”. “La hiposideremia es un hallazgo clave y significativo con valor predictivo de morbimortalidad diagnosticada hasta en el 90% de los hospitalizados y con valores extremadamente bajos, que en ocasiones no alcanzan los cinco micromoles por litro”, subraya.

Ante esta evidencia, la OMS publicó en abril de 2020, en plena pandemia, una nueva guía clínica en la que aconseja “determinar ferritina a nivel individual y colectivo, incluso sin anemia o en sujetos aparentemente sanos, para poder diagnosticar y tratar precozmente la deficiencia de hierro y así evitar la anemia ferropénica y mejorar la respuesta inmune”. La recomendación, de hecho, es “valorar un descenso en las reservas de hierro con ferritina menor de 70 microgramos litro, que en otras circunstancias podrían considerarse normales”.

La ferritina como señal de alarma

“La ferritina es la proteína que almacena el hierro en las células, pero también es un reactante de fase aguda”, de manera que “su aumento es reflejo tanto del depósito de hierro intracelular como de la tormenta inflamatoria”. Por ello, para valorar ambos componentes se utilizan otros marcadores de fase aguda, como la proteína C reactiva y marcadores férricos que no se modifican por la inflamación, como el receptor soluble de transferrina, “que puede detectar hiposideremia aún con hiperferritinemia”.

El doctor Del Castillo hace estas consideraciones en el contexto de la iniciativa formativa ‘Con Fe de Hierro’, un proyecto impulsado por UCB sobre el impacto de la deficiencia de hierro, un foro en el que también ha recordado que “los niveles altos de ferritina pueden diferenciar lo malo de lo peor, ya que se observan valores más elevados en no supervivientes y en aquellos pacientes que precisan ventilación mecánica o ingreso en UVI. Asimismo, incide en que la hepcidina “es el eje central de los trastornos del hierro asociados a la COVID-19, y su aumento es otro factor de riesgo independiente de gravedad y mortalidad”.

Teniendo en cuenta todos estos parámetros, la anemia “se diagnostica a la tercera parte de los pacientes que acuden a urgencias por coronavirus, siendo en el 75% de los casos de tipo inflamatorio”. A juicio del doctor Del Castillo, “esta anemia se produce por una deficiencia funcional de hierro con redistribución del mismo que emigra desde la circulación a las células de depósito, provocando eritropoyesis ineficaz por disminución de su disponibilidad”. “Pero el hierro total no está disminuido, sino inmovilizado”, apostilla.

Más grave con déficit de hierro previo

De esta manera, la anemia en COVID-19 se asocia de forma independiente con mortalidad, progresión de la enfermedad, necesidad de ventilación mecánica e ingreso en UVI. “Se ha comprobado además una mayor mortalidad si el paciente ya presentaba anemia o deficiencia de hierro antes de la infección”, de ahí la importancia de que estos pacientes “sean controlados estrechamente con el fin de minimizar el riesgo de exposición al virus y detectar precozmente los signos de progreso de la enfermedad”.

En cuanto al tratamiento, y “conocido el mecanismo fisiopatológico desencadenado, la diana terapéutica se presume que pueda ser hepcidina”, una hipótesis ya planteada, pero que para su resolución “precisa de ensayos clínicos”. “Lo cierto es que algunos de los fármacos que se están utilizando en tratamiento de Covid actúan inhibiendo la hepcidina”, como los anticuerpos monoclonales antiinterleucina 6, un efecto antihepcidina que también se reconoce en heparina, aspirina, insulina, vitamina D, estrógenos y otros.

Aunque en algunos de estos medicamentos no esté acreditada la efectividad antihepcidina, “se puede valorar su efecto favorable cuando se utilice en las respectivas indicaciones autorizadas”. También se ha planteado la utilidad de quelantes de hierro como deferoxamina parenteral o deferasirox oral, que captura el hierro intracelular y lo elimina por orina y heces, con lo que mejoraría la tormenta inflamatoria.

Síntomas de déficit de hierro

Entre los síntomas también detectados hay algunos ya conocidos por su relación con la deficiencia de hierro, como la tos irritativa persistente y las alteraciones de gusto y olfato, “que en otras situaciones clínicas se han controlado tras corregir el déficit”. No obstante, en pacientes Covid no se ha estudiado esta posible asociación, por lo que se desconoce si la ferropenia pudiera explicar los síntomas en estos casos.

Así que, según el doctor Del Castillo, “el modismo tener una salud de hierro se puede aplicar aquí literalmente, ya que implica tanto de forma individual como colectiva un estado nutricional adecuado” con el fin de evitar déficit de hierro y anemia y, de esta manera, “mantener un sistema inmune competente”. “Por ello es importante aplicar los consejos de la OMS y determinar los niveles de ferritina, para realizar un diagnóstico precoz de la deficiencia de hierro y así poder identificar población vulnerable y evitar complicaciones graves”, apostilla.

Acceda al podcast con el Dr. Alejandro del Castillo http://gruposaned.com/podcasthierro/podcast2.mp3