La Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) ha sumado a su portal de recursos sobre el coronavirus una nueva iniciativa, consistente en un espacio en el que se analiza la pandemia desde la perspectiva de la salud pública, un punto de vista que reivindica su importancia para poder afrontar crisis de este tipo y que lo hace tras una década larga de abandono. Así lo apunta Alberto Fernández Ajuria, profesor del área de Salud Pública y coordinador del máster de Salud Pública que imparte la EASP, para quien “el coronavirus ha cogido a nuestro sistema sanitario con algunas costuras reventando, el motor estaba al cien por cien y sin capacidad de reserva”.

Esta propuesta de la EASP nace como un espacio de información y análisis sobre evidencias, datos y acontecimientos a nivel regional, nacional e internacional desde la perspectiva de la salud pública. “Es un intento de ponernos al servicio tanto de los profesionales como de la población recogiendo información importante, filtrarla y ordenarla para sea de utilidad”, todo ello con la convicción de que la lucha contra esta pandemia “necesita el abordaje de la salud pública” que, recuerda Fernández Ajuria, “no significa servicios públicos de salud, sino el abordaje de la salud de la población en su conjunto”. “Está en riesgo la salud colectiva, y se necesitan estrategias que traten de proteger a la población en su conjunto”, apostilla.

A su juicio, en la lucha contra el Covid-19 “ha faltado una perspectiva de salud pública, que ha estado abandonada desde 2009 tras pasar el susto de la crisis aviar”. Después de aquello, “vino la crisis económica y hemos tenido falta de recursos, la forma de gestionar ha sido recortar o no renovar plantillas” hasta el punto de que ahora la salud pública supone sólo el 1% del presupuesto del conjunto del sistema público.

Un ejemplo de la necesidad de esta visión transversal es la propia gestión que de la crisis hace el Gobierno, “la lidera el Ministerio de Sanidad, pero con acciones que corresponden a todos los actores: Economía, Hacienda, Educación, Exteriores, Defensa, Asuntos Sociales…”. En este sentido, recuerda que “la visión de la salud pública no es alcanzar un estado sin enfermedad, sino mantener las capacidades de las personas para que puedan ejercer las funciones ajustada a su edad, entender la salud como un recurso para la vida”.
Y desde este punto de vista, considera que como sistema “no estábamos preparados” para una crisis de este calibre. “Aquí se da la combinación de nuestro discurso de que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo con que estábamos en los límites”, algo que se veía en señales como que tanto la Atención Primaria como la Hospitalaria estaban al límite de sus capacidades.

Con la crisis económica, rememora Fernández Ajuria, “se redujo mucho en personal, que ha ido envejeciendo y no se ha renovado”. Y cuando ha estallado esta pandemia han surgido problemas como “en el ámbito concreto de la formación en seguridad e higiene, donde ha faltado formación y reciclaje”, lo que unido a la falta de medios ha propiciado que “haya muchos profesionales afectados porque son los que están primera línea y el coste está siendo tremendo”.

En cuanto a las enseñanzas de esta crisis, “hay que canalizar todo el aprendizaje y conducirlo a una sociedad más saludable. Estamos aprendiendo de la importancia de la protección de la salud de la población”, lo que en ocasiones lleva al dilema del choque con las libertades colectivas. Y lo que es evidente también es que “necesitamos reformar todo el servicio a las personas mayores y con discapacidad. Las residencias de mayores no estaban preparadas ni protegidas para abordar una situación de este tipo”.

La pandemia también deja “el reto clarísimo de que los sistemas sanitarios tienen que coordinarse de manera más adecuada, deben coordinar todos sus recursos”. En la crisis es el nivel hospitalario el que está teniendo el máximo protagonismo, pero aún así “ha habido roces entre servicios”, por no hablar de que “a la Atención Primaria casi no se le ha dado protagonismo, como mucho que apoye al hospitalario”. En líneas generales, “el subsistema de salud pública tampoco ha estado coordinado”, y se ha puesto de manifiesto que es necesaria una mayor conexión “con los servicios sociales, de mayores, de discapacidad y de salud mental”, un problema cuyo impacto real “aparecerá dentro de poco”.

También esta crisis “está siendo un curso acelerado sobre cuidados al final de la vida, con situaciones que tendremos que analizar: no es digno cómo están falleciendo personas mayores en recintos sanitarios, no les hemos dado un acompañamiento digno, el que merecemos en el final de la vida”. Hay también otros “problemas éticos”, como la imposición de medidas en zonas con pocos recursos en las que viven personas hacinadas en sus hogares o la cuestión de los enfermos de salud mental.

¿Significa todo esto que se ha actuado mal? No necesariamente, ya que “la toma de decisiones es muy difícil cuando no sabes a lo que te enfrentas. La experiencia de China nos cogía muy lejana como para aprender, y con la de Italia hubo muy poco tiempo para ir aprendiendo”. Por ello, concluye que “ha sido una improvisación razonable, tomando decisiones viendo los efectos. No es lo mejor, pero es lo mejor que se puede hacer ante una situación como la que tenemos”.

“Es fácil criticar las medidas, pero no me gustaría estar en el pellejo de los que toman las decisiones”, insiste Fernández Ajuria, y es que ante lo que está ocurriendo “deberíamos tener un poco de equidad y justicia: no queremos tomar las medidas que nos imponen, pero a la vez criticamos si no se imponen medidas”. “Tomar este tipo de decisiones es muy impopular cuando la gente no advierte el peligro, sólo hay que recordar que hace poco no se quería aceptar ni que se jugasen partidos de fútbol sin público”.

“Hace falta conocerse como país y como sociedad, tener en cuenta la legitimidad que le damos a nuestros gobernantes, comprobar si seguimos las instrucciones…”, porque luego “todos admiramos a Japón, que ha tomado medidas de crisis con sólo ocho muertos al día y una población de 127 millones de habitantes”, pero estaría por ver si en España hubiésemos admitido algo similar. “No ha faltado información, ha faltado que se tradujera en decisiones rápidas y acertadas, pero no se puede echar la culpa a los que toman las decisiones: si hacemos lo que hace Japón, seguro que no se habría obedecido”.

Ahora, cuando ya se habla de una desescalada y de ir relajando el confinamiento, volvemos a estar sin referentes, porque lo que proponen países como Noruega, Dinamarca o Suecia no es planteable aquí, “son países en los que no ha habido restricciones, han sido indicaciones, y las han seguido”. “En España esto va contra nuestra cultura, nuestros recursos y nuestras posibilidades”, así que “en cada país se tomarán decisiones en función de las posibilidades que tienen y siempre vigilando” para evitar un rebrote.

Lo que tiene claro Fernández Ajuria es que a la crisis sanitaria va a seguir una crisis económica y social. “Hará falta un pacto social y tendremos que darnos el mejor país posible, compartir mejor los recursos que tenemos”, señala en este sentido, al tiempo que extrae conclusiones positivas como que “se está viendo el valor de lo público en el sistema sanitario español. Los profesionales y los recursos han reaccionado para dar servicio a cualquier persona, en otros países por desgracia no es así”.

¿Y el mañana, cómo será? La obsesión ahora es la vacuna, “anhelamos tener una, y luego nos dará miedo cómo se va a distribuir, si habrá para todos, cuánto costará…”. Mientras tanto, desde la perspectiva de la salud pública se sigue viendo que “nos está costando incorporar la distancia social, el lavado de manos y el de superficies, algo que es fundamental, hay que hacer más didáctica para que todo eso quede inmerso en nuestra cultura”.