Todo el planeta lleva más de un año luchando contra la crisis sanitaria más grave de la historia, la Covid-19, con un gran impacto sanitario, social y económico y un tremendo coste en vidas humanas. Pero, paradójicamente, algunos de los hábitos que el combate contra el coronavirus ha obligado a implantar han tenido importantes beneficios paralelos, como ha sido un desplome drástico, sobre todo en niños, de casos de infecciones respiratorias.

“Las medidas adoptadas han provocado una reducción de forma muy llamativa”, señala en este sentido la doctora Victoria de la Rúa, editora de EnFamilia, la web oficial de salud infantil y juvenil de la Asociación Española de Pediatría (AEP). “De hecho, este año apenas se han visto gripes o bronquiolitis en nuestro país y muchos menos cuadros catarrales”, resalta.

Desde su punto de vista, “esta pandemia ha puesto en valor la importancia de una buena higiene de manos, de que los niños sepan cómo se debe estornudar o toser, de hábitos de buena ventilación en las casas o en los colegios, de no mandar a los niños enfermos a las escuelas o guarderías o de hacer más vida al aire libre”. “Todas son medidas que creo sería importante que se mantuvieran”, apostilla, “y quizás el uso de mascarillas en lugares cerrados cuando estemos acatarrados podría ser también una buena medida a valorar mantener en el futuro”.

Patologías muy frecuentes

La cuestión es especialmente importante si tenemos en cuenta que las infecciones respiratorias son una causa muy destacada de atención en las consultas de Pediatría, principalmente los cuadros de vías altas o catarros. “Son muy frecuentes durante los primeros años de vida, principalmente en la época invernal, siendo habitual que un niño tenga entre cuatro y cinco catarros al año, multiplicándose por dos el primer año de guardería o colegio”, recuerda la doctora De la Rúa.

Esto implica un considerable consumo de recursos sanitarios, “por lo que es importante saber que los catarros que no se complican curan solos”. Por ello, los pediatras deben hacer entender a los padres que su vigilancia “debe estar dirigida a detectar la aparición de posibles complicaciones”, acudiendo a la consulta pediátrica solo en determinados casos: si la fiebre persiste más de tres días, aparece dolor de oídos, dificultad para respirar, persistencia de más de 10 días de mucosidad nasal espesa de color amarillo o verdoso, se nota decaimiento importante del niño o algún otro síntoma preocupante.

Confianza en los profesionales

Hacer una buena historia clínica y valorar al niño, si es necesario, es la pauta de actuación básica en estos casos por parte del pediatra. Por ello, la doctora De la Rúa pide a los padres que confíen en su criterio, ya que en España “es muy bueno el modelo actual vigente de atención pediátrica, siendo el pediatra el profesional más capacitado y que mejor puede tratar a los niños y adolescentes por tener una formación especializada al respecto”.

En la labor pedagógica que los profesionales deben hacer con los padres debe incluirse hacerles ver que las enfermedades respiratorias de vías altas (que son las más comunes) “no precisan en general ningún tratamiento específico salvo tratamiento sintomático para mejorar el bienestar del niño”. Y una cuestión fundamental es acabar con un gran mito asociado a estos problemas: “Se debería descartar esa idea de que un catarro ‘mal curado’ produce patología más importante”.