Los niveles elevados de cortisol, la hormona del estrés, durante el embarazo elevan el riesgo de que las hijas, no los hijos, tengan problemas de depresión y ansiedad cuando cumplen dos años. El efecto del elevado cortisol materno en el comportamiento negativo de las hijas puede deberse a ciertos patrones de comunicación entre las regiones del cerebro que son claves en el procesamiento sensorial y emocional. Curiosamente, los hijos varones de madres con niveles de cortisol durante el embarazo no presentaron estos patrones, según se desprende de un estudio coordinado por Claudia Buss, de la Facultad de Medicina Charité University, en Berlín, que se ha publicado en Biological Psychiatry.

El citado grupo analizó los datos de 70 madres incluidas en el estudio que reflejaron la variación típica en los niveles de cortisol materno. Luego, los investigadores utilizaron imágenes cerebrales para examinar la conectividad en los recién nacidos poco después del nacimiento, antes de que el entorno externo comenzara a dar forma al desarrollo del cerebro, y midieron los comportamientos infantiles de ansiedad y depresión a los 2 años de edad. “Unos niveles mayores cortisol materno durante el embarazo se relacionaron con alteraciones en la conectividad cerebral funcional de los recién nacidos, lo que afecta la forma en que las diferentes regiones del cerebro pueden comunicarse entre sí”, detalla Buss, quien recuerda que “la conectividad alterada involucraba una región del cerebro importante para el procesamiento de las emociones, la amígdala. Este patrón de conectividad cerebral predijo síntomas ansiosos y depresivos dos años después del nacimiento”.

Estrés materno

Los hallazgos revelan una vía potencial a través de la cual el ambiente prenatal puede predisponer a las mujeres a desarrollar trastornos del estado de ánimo. El estudio apoya la idea de que el estrés materno puede alterar la conectividad cerebral en el feto en desarrollo, lo que significaría que la vulnerabilidad para desarrollar un trastorno del estado de ánimo se programa ya desde antes del nacimiento. Este podría ser un punto de partida en el cual el riesgo de trastornos psiquiátricos comunes comienza a diferir en hombres y mujeres. Se sabe que muchos trastornos del estado de ánimo y la ansiedad son aproximadamente dos veces más comunes en las mujeres que en los hombres.