Practicar deporte o realizar ejercicio físico de forma regular disminuye el riesgo de muerte precoz y aumenta en hasta 7 años la esperanza de vida y ayuda a prevenir o mejorar las patologías que generan más consultas médicas en Primaria, como son las enfermedades psiquiátricas (depresión, ansiedad, estrés, esquizofrenia), las enfermedades neurológicas (demencia, Parkinson, esclerosis múltiple), las enfermedades metabólicas (obesidad, hipercolesterolemia, síndrome metabólico, síndrome del ovario poliquístico, diabetes tipo 2), las cardiovasculares (hipertensión, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca, ictus cerebral, claudicación intermitente), enfermedades pulmonares (EPOC y asma), trastornos músculo-esqueléticos (osteoartritis, osteoporosis, dolor de espalda) y numerosos tipos de cáncer.

En el ámbito cardiovascular se sabe que disminuye la mortalidad por eventos cardiovasculares en personas sanas entre un 20-30%, la hemoglobina glicosilada 0,63%, la glucemia basal unos 5mg/dl, la resistencia a la insulina y el IMC 0,36 kg/m2, la presión arterial sistólica unos 7mmHg y unos 3mmhg la diastólica, mejora la función endotelial, los niveles de inflamación sistémicos relacionados con aterosclerosis y algunos estudios hallan efectos beneficiosos en la reducción del colesterol y los triglicéridos y en el aumento del HDL colesterol (grado de evidencia C).

Cuidado con los excesos en ejercicio físico

Practicar deporte de manera moderada es beneficioso, pero el exceso puede traer consigo malas consecuencias. Ayuda a mantenerse sanos, fortalece los músculos, hace que las personas se sientan mejor consigo mismas, a quemar adrenalina y reducir el estrés.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que practicarlo en exceso puede llegar a ser perjudicial para la salud, sobre todo si se convierte en una obsesión.

La vigorexia es el trastorno que sufren las personas obsesionadas con hacer ejercicio. Les hace alterar sus hábitos alimenticios, comiendo más proteínas y carbohidratos, y haciendo ejercicio físico todos los días.

Riesgo cardiovascular

Diferentes estudios demuestran que la actividad física moderada está claramente ligada a un riesgo cardiovascular menor, pero no existe una relación directa entra carga de ejercicio, es decir, la intensidad y duración, y el beneficio cardiovascular. Niveles de ejercicio físico superiores al moderado no se relacionan con una mayor reducción del riesgo cardiovascular.

En este sentido, los problemas que más se ven en la consulta, por la práctica del deporte, son por los trastornos músculo-esqueléticos, mialgias o distensiones. Es cuando ya acuden por ese motivo, cuando se lleva a cabo una valoración completa del paciente.

Cambios en el corazón

El entrenamiento regular induce en el corazón una serie de cambios morfológicos y eléctricos dirigidos a mejorar el rendimiento del sistema cardiovascular durante el ejercicio, pudiendo llevar a un aumento de la masa cardiaca de hasta el 20%.

En estos casos, es importante diferenciar la adaptación cardiaca normal de la patológica, debido a que esta última puede asociarse con la aparición de arritmias malignas y muerte súbita.

Por eso, es clave identificar a las personas previamente sanas que sufren mala adaptación cardiaca durante la práctica de ejercicio y tienen un mayor riesgo de complicaciones cardiacas graves.

Evaluar el riesgo como consecuencia de ejercicio físico

En los casos en que se detecte un posible remodelado cardiaco patológico como consecuencia de la práctica de deporte, la recomendación más importante es la del abandono inmediato del ejercicio físico intenso. En estos casos hay que evaluar el riesgo cardiovascular global.

Algo que preocupa especialmente son los fallecimientos o muertes súbitas durante la práctica deportiva. Situaciones que han cobrado relevancia por algunos deportistas de élite que lo han sufrido.

Muerte súbita

También hay que tener en cuenta que la muerte súbita en deportistas jóvenes (<35 años) es frecuentemente la primera manifestación de una cardiopatía congénita subyacente (hipertrófica o displasia arritmogénica del ventrículo derecho), mientras que las de individuos de más edad depende generalmente de la cardiopatía isquémica.

La mayor parte de los individuos consideran el deporte algo beneficioso. Aunque los efectos favorables del ejercicio físico sobre el sistema cardiovascular son innegables, en algunas situaciones puede asociarse con el desarrollo de complicaciones. Es importante concienciar a la población general de que la práctica de ejercicio físico de alta intensidad requiere de una valoración médica previa así como de una adaptación progresiva y controlada que permita evitar la aparición de consecuencias no deseadas.

Reconocimiento cardiológico

El reconocimiento cardiológico deportivo realizado antes de iniciar un programa de actividad física tiene el objetivo de descubrir cualquier enfermedad, lesión o patología cardiaca. Además, permite excluir a los individuos que puedan tener riesgo en ciertos deportes peligrosos y conocer la tolerancia del individuo al esfuerzo que se va a realizar y su grado de adaptación al mismo. También, permite establecer una relación médico-paciente que, entre otras cosas, facilite dar consejo al paciente sobre temas de salud.

El examen consiste en una evaluación clínica valorando los antecedentes y examen físico, electrocardiograma (ECG) de reposo y ergometría submáxima. A eso hay que añadir un ecocardiograma.

En el caso de detectar alguna consecuencia negativa de la práctica de ejercicio físico, la primera modificación es la de ceder con dicha actividad. Una vez evaluada la situación y el riesgo global de complicaciones cardiovasculares, se establecerá la necesidad de llevar a cabo otras medidas terapéuticas y podrán realizarse las recomendaciones de una forma individualizada.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Francisco Javier de Juan Izquierdo, Tomas Manzano Benito, Manuel Ángel Sánchez García, Fernando Torrequebrada Abella, el médico general Miguel Ángel Rodríguez Rodríguez y la cardiólogo Gretel Roscel Varvaro Pardo, del Centro de Salud Burgos Rural; Gonzalo Borge Caballero, Xacobe Flores Ríos, Víctor Manuel Fernández Gómez, Miquel Lapeña Reguero, Pablo Martínez Ramos y Jorge Rodríguez Garrido, del Centro de Salud Carballo, y los médicos generales José Manuel Ruiz Jarillo y María Victoria Carrasco Roncero, y la cardióloga Raquel Palomino García, del Centro de Salud Manuel Encinas.