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El género femenino, el aislamiento social y los problemas de vista y oído son factores de riesgo frecuentes de la esquizofrenia de aparición tardía. Por su parte, los pacientes con esquizofrenia de larga evolución suelen tener como síntomas el aislamiento social, la falta de motivación, poca agilidad y pobreza de pensamiento, que se agravan con el paso de los años. Es una información recogida en la guía práctica en español ‘Salud Mental en las Personas Mayores’, coordinada por Antonio Lobo y Concepción de la Cámara, investigadores del Cibersam, en colaboración con el grupo de Alistair Burns, profesor de Psiquiatría Geriátrica en la Universidad de Mánchester (Inglaterra).

Los expertos indican que los síntomas psicóticos en las personas mayores suelen producirse en el contexto de una enfermedad física, como el delirium, o un trastorno mental, como la depresión. La esquizofrenia de inicio tardío es poco frecuente y difícil de diagnosticar hasta la aparición de una crisis. En estos casos está indicada la prescripción de dosis bajas de antipsicóticos, que puede ser realizada por el médico de Atención Primaria, con el asesoramiento del especialista.

El tratamiento del paciente anciano con trastorno psicótico debe basarse en una combinación de intervenciones sanitarias, sociales, comportamentales, etc., junto con un tratamiento farmacológico en muchos casos. En general, el anciano necesita dosis menores que pacientes más jóvenes, debido probablemente a circunstancias farmacocinéticas y farmacodinámicas asociadas con la edad. En cualquier caso, la persona a tratamiento con antipsicóticos debe pasar una revisión general para supervisar su estado y su medicación con una periodicidad de tres meses al principio del tratamiento, y posteriormente de forma anual, con el chequeo de la tensión arterial, análisis de sangre, glucosa en ayunas, urea, creatinina, iones, hemograma y función hepática, electrocardiograma, vigilancia de efectos secundarios de tipo motor (temblor, rigidez, acatisia y movimientos en lengua y boca), entre otras pruebas.

Exclusión de causas orgánicas

La evaluación clínica del paciente con esquizofrenia de aparición tardía debe excluir causas orgánicas, como una enfermedad física, y también posibles efectos secundarios de medicación para otras patologías. Además, es necesario hacer un seguimiento de los déficits sensoriales que tenga el paciente para que disponga, en caso de ser necesario, audífonos, gafas correctamente graduadas, etc.

Al ser el aislamiento social uno de los factores de riesgo más habituales en los pacientes ancianos, es fundamental realizar un adecuado seguimiento por parte de los servicios sociales para evitar la soledad y el abandono. La ayuda psicológica puede basarse en la terapia cognitiva-conductual, que reduce la angustia del paciente.

Alucinaciones sensoriales

Uno de cada cinco ancianos con psicosis de inicio tardío sufre alucinaciones visuales, olfativas o táctiles. Las alteraciones sensoriales son mucho más frecuentes que las del pensamiento, como son los déficits en la respuesta emocional o de motivación o la catatonía. En caso de presentarse estas alucinaciones, el médico debe valorar la posibilidad de demencia u otro daño cerebral subyacente debido, por ejemplo, a un ictus o una neoplasia.

Según datos de la Sociedad Española de Psiquiatría, los estudios epidemiológicos sobre la esquizofrenia en el anciano apuntan una prevalencia en torno al 0,2-0,6 por ciento, un porcentaje inferior al 1-1,3 por ciento detectado en pacientes más jóvenes. Los expertos consideran que esta disminución de la prevalencia puede deberse a que la esperanza de vida de las personas con esquizofrenia es inferior a la población general. Otra causa podría ser que tengan los síntomas perfectamente controlados, o bien todo lo contrario y pierden contacto con los servicios sociosanitarios.