Uno de cada cuatro adultos mayores de 25 años sufrirá un ictus a lo largo de su vida. Esta es una de las cifras que la Sociedad Española de Neurología recuerda con motivo del Día Mundial del Ictus. Se trata de una de las patologías que más impacta en la población española. Unas 110.000 personas sufren un ictus en nuestro país cada año. De las mismas, al menos un 15 por ciento fallecerán. Sin embargo, lo que no siempre se tiene en cuenta es que, entre los supervivientes, en torno a un 30 por ciento se quedará en situación de dependencia funcional. De hecho, el ictus es la primera causa de discapacidad adquirida.

Para evitar no solo los fallecimientos, sino estos casos de discapacidad adquirida, es clave trabajar en prevenir el ictus. No obstante, hasta un 90 por ciento de los casos se podrían prevenir. Simplemente con un adecuado control de los factores de riesgo modificables de esta enfermedad.

En este sentido, existen muchos factores de riesgo además de la edad. Entre ellos,  el consumo de tabaco, de alcohol, la inactividad física, la dieta poco saludable  o el estrés. Todos ellos son prevenibles. También impacta la hipertensión, la fibrilación auricular, el colesterol, la diabetes o la obesidad, que podrían tratarse adecuadamente para evitar llegar a un ictus.

Pacientes con discapacidad adquirida

Independientemente del tipo de ictus del que estemos hablando, se trata de una enfermedad cuya evolución y pronostico depende enormemente del tiempo en el que se tarde en revertir esta situación. El tiempo será clave no solo en la supervivencia del paciente, sino en la posibilidad de acabar con una discapacidad adquirida.

También hay otros datos a tener en cuenta en cuanto al riesgo de esta discapacidad adquirida. Hay que tener en cuenta que la incidencia de esta enfermedad aumenta significativamente con la edad, sobre todo a partir de los 65 años. Este incremento es exponencial a partir de los 85 años, tanto para los ictus isquémicos como para los hemorrágicos. Por esa razón, el envejecimiento de la población y otros cambios sociodemográficos de nuestro país, apuntan a que las enfermedades cerebrovasculares seguirán aumentando.

Sin embargo, el ictus no es una enfermedad que afecte solo a personas mayores. Según datos del registro de la SEN, el 27 por ciento de los ictus atendidos en los hospitales españoles corresponden a personas de menos de 65 años. Hasta un 8 por ciento a pacientes con menos de 50 años. Por ello es importante prevenir a cualquier edad.