Medir el impacto de la COVID-19 en la cronicidad ha sido una de las preocupaciones de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP). Según una encuesta, el 53,3 por ciento de los pacientes crónicos ha continuado su tratamiento en los centros ambulatorios y hospitalarios con normalidad desde la finalización del primer estado de alarma. Son datos del ‘Estudio del impacto de la COVID-19 en las personas con enfermedad crónica’, presentados por la POP. Se trata de una actualización de los meses de septiembre a diciembre de 2020 a personas con al menos un diagnóstico de enfermedad.

Carina Escobar, presidenta de la Plataforma, ha comentado que los primeros datos ya fueron “muy preocupantes”. “El sistema no ha sido capaz de mantener la atención a las personas con una patología previa”, ha explicado. “Ante esta situación tan compleja, hemos realizado una segunda fase de seguimiento. Nuestro objetivo ha sido comprender la situación para concretar propuestas de mejora de la atención sanitaria”, ha señalado.

Impacto de la COVID-19 en la cronicidad

Según esta encuesta, el 62,9 por ciento de las personas consultadas ha presentado síntomas originados por su enfermedad o síntoma crónico durante el periodo de análisis. Un 25,2 por ciento de los pacientes ha tenido dificultades para conseguir su tratamiento farmacológico. En Atención Primaria, el 40 por ciento de los pacientes ha recibido seguimiento; en Atención Hospitalaria, el 29,4 por ciento.

Respecto a las asociaciones de pacientes, la percepción de los encuestados ha sido que su seguimiento se ha triplicado (14,9 por ciento) con respecto a la primera encuesta. El 37,6 por ciento ha recibido información específica sobre medidas preventivas según la enfermedad o síntoma cronificado. Este dato es algo superior que el obtenido en la primera fase del estudio (34,6 por ciento). En la primera fase, un 10 por ciento de los encuestados solicitó el aplazamiento de pruebas o intervenciones por miedo al contagio. En la segunda, un 19 por ciento.

“Somos conscientes de que es una crisis sin precedentes. Durante los primeros meses podíamos comprender ciertos desajustes en el sistema, pero nueve meses después seguimos viendo cómo todavía no se han alcanzado los niveles de atención prepandemia. Las necesidades de los pacientes han estado desatendidas y de forma cada vez más acuciante”, ha dicho Escobar.

Diferencias de género

Según María Gálvez, directora de la POP, “el SNS ha ido adoptando ciertas medidas puntuales en diferentes comunidades autónomas, pero estas requieren de una equidad y permanencia que proporcione no solo continuidad en la asistencia sanitaria, sino que esta sea segura para los pacientes que lo necesiten”.

Por otro lado, como consecuencia de la falta de atención sanitaria y según el informe, que incluye la perspectiva de género, el doble de los encuestados en comparación con la primera fase (44,6 por ciento) percibe su salud en general como regular (27,5 por ciento) o mala (17,1 por ciento). Las mujeres perciben mucho peor su salud (regular y mala) en comparación con la de los hombres.