El 80 por ciento de los profesionales sanitarios ha sufrido insomnio durante la primera ola de la pandemia por COVID-19. Antes de la crisis sanitaria, la Sociedad Española de Neurología (SEN) estimaba que este porcentaje era del 45 por ciento. David Ezpeleta, secretario de la Juta Directiva de la SEN, ha considerado “indudable que la sensación de miedo, ansiedad, incertidumbre generada por la pandemia ha hecho aumentar considerablemente estas cifras entre la población española”, en general. Además, el personal sanitario sufre la sobrecarga asistencial y la presión en su ámbito laboral, por lo que los efectos de la pandemia en la calidad de sueño todavía son más llamativos”.

Con motivo de la Reunión Anual de la SEN, se han presentado dos estudios. Por una parte, está la investigación del Servicio de Neurología del Complejo Hospitalario La Mancha Centro, liderada por Ana María González Manero. El segundo estudio es del Servicio de Neurología del Hospital Universitario 12 de Octubre, y el principal autor es Alejandro Herrero San Martín.

Afectación del sueño

Según ambos estudios, el 80 por ciento de los sanitarios españoles sufrieron insomnio durante los meses de marzo, abril y mayo de 2020. Un 90 por ciento aseguraba haber padecido alguna afectación del sueño durante este periodo. Además, la percepción de insomnio, pesadillas, sonambulismo, terrores nocturnos o pérdida de calidad de sueño en general fueron más frecuentes en el grupo de personal sanitario que entre los trabajadores no sanitarios que también participaron en estos estudios. El trabajo a turnos también se asoció con una mayor probabilidad para el desarrollo de estos síntomas.

“La evidencia científica sugiere que el sueño está implicado en procesos de recuperación homeostática, termorregulación, reparación de tejidos, control inmunitario, endocrinológico y consolidación de la memoria. Por tanto, la privación de sueño, tanto aguda como crónica, puede tener efectos muy negativos en la salud”, ha dicho Ezpeleta.

Efectos negativos del insomnio

La prolongación de la vigilia y la privación de sueño afectan al funcionamiento de las redes neuronales. Repercute de forma negativa en tareas como atención, concentración y memoria. Además este efecto es acumulativo. Esta alteración del sueño implica un aumento del riesgo de sufrir accidentes laborales, domésticos y de tráfico, entre otras complicaciones.

“La pandemia está afectando enormemente a toda la población y en todos los ámbitos”, ha comentado David Ezpeleta. “Para evitar un mayor impacto en la salud durante la pandemia, es necesario buscar fórmulas para mejorar el descanso de la población, sobre todo entre las personas que se están viendo expuestas a un alto nivel de estrés físico, psicológico y laboral”.