En líneas generales, el paciente diabético es un enfermo pluripatológico con varios factores de riesgo cardiovascular o incluso con enfermedad cardiovascular establecida. No suele ser consciente de la gravedad de las consecuencias de la falta del buen control metabólico. Por eso, se debe enmarcar un buen control glucémico en el contexto del riesgo cardiovascular en su conjunto, dejando claro al paciente que ser exigentes con su control diabético le ayudará a evitar complicaciones y eventos cardiovasculares que puedan deteriorar su calidad de vida y años vividos.

El paciente con diabetes 2 normalmente tiene una actitud predispuesta a informarse y formarse mucho respecto a su enfermedad. Su abordaje debe ser multidisciplinar, junto con enfermería, dando pautas y controlando cada uno de los factores de riesgo cardiovascular de forma aislada con el fin de una disminución global de dicho riesgo.

Se deben establecer visitas con enfermería para control de constantes, peso, recomendaciones higiénico-dietéticas, vigilando la correcta cumplimentación terapéutica y evitando la aparición de complicaciones.

Por eso, explicar las consecuencias de un mal control, la importancia de los estilos de vida en el inicio y tratamiento de su enfermedad es básico, sin olvidar el control periódico mediante una analítica. El médico debe estar abierto a las preguntas e inquietudes del paciente, elogiando sus logros y estimulando el cambio en los hábitos erróneos.

Semestralmente se debe hacer control de HbA1c y ajuste de tratamiento, reforzando buenos hábitos y animando al paciente en continuar siendo constante en su autocuidado y cumplimentación. Cuando el paciente además está siendo seguido por endocrinología conviene una comunicación fluida entre profesionales. Cuando aparezcan  complicaciones se debe remitir y tratar lo antes posible, vigilando de cerca y dando opción a recurrir a nosotros ante cualquier duda.

Comportamientos distintos

Hay que tener en cuenta que las personas por encima de los 65 años tienen una actitud diversa. Algunas siguen cuidándose y controlando la enfermedad; sin embargo, otras no atienden a advertencias de profesionales sanitarios y familiares y mantienen una actitud de rechazo a cualquier dieta y descuido en cuanto al cumplimiento terapéutico. Por eso, el abordaje conjunto con enfermería y farmacia pueden ayudar a mejorar esta situación.

También hay que tener en cuenta que a los pacientes con nivel más alto resulta mucho más fácil explicarles y formarles sobre su enfermedad y de sus consecuencias, y perciben mejor la relación entre autocuidado y su adherencia al tratamiento.

Así, una vez elegido el tratamiento farmacológico se debe optar por simplificar las pautas posológicas para mejorar el cumplimento farmacológico y, por consiguiente, los resultados en el control de la enfermedad. En este sentido, las asociaciones fijas demuestran una mayor adherencia al tratamiento que las sumas de monoterapias.

Implicación del paciente

Para ello, es necesaria la implicación del paciente, por lo que es importante desarrollar estrategias de concienciación frente a la enfermedad, teniendo en cuenta los siguientes aspectos: facilitar información suficiente de su enfermedad, hacer un seguimiento por parte del personal de enfermería, participar en grupos de apoyo, involucrar a familiares y amigos y llevar a cabo estrategias de participación en su enfermedad responsabilizándolo del tratamiento.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Silvia Castells Juan, María Dolores del Moral Chust y Vanessa Domíguez Úbeda, del Centro de Salud de Cullera; los especialistas en Medicina General José Luis Lafuente Gutiérrez, Javier Vidal Fernández, Pedro Jiménez Roset, Francisco Giner Garrigues y Froilán Sánchez Sánchez, del Centro de Salud Llosa de Ranes; Elias Carsi Villalba, Concha Ferrer Casanova, Javier Reyes Soriano, Vicente Valor Font y Gracia Verdú Mahiques, del Centro de Salud de Xátiva; los médicos de Atención Primaria Cristina Martínez Jiménez, María José Benlloch Salado, Julia Martínez Nogues y Carmen Moreno Ribelles, del Centro de Salud Burjasot, y Pilar Lorente Vila, María Dolores Molla Aliod, Rosa María Moncho Savall y Francisco Ferrando Mansenet, del Centro de Salud Corea-Gandía.