De acuerdo con el estudio “Ácidos grasos omega 3: beneficios y fuentes”, entre los lípidos se incluyen grasas y aceites ordinarios, ceras y compuestos relacionados que se encuentran en los alimentos y en el cuerpo humano. En su mayor parte (95%) están compuestos por triacilglicéridos (TG) que contienen una molécula de glicerol (un alcohol) y tres ácidos grasos. Desde el punto de vista químico, los ácidos grasos son cadenas rectas de hidrocarburos que terminan en un grupo carboxilo en un extremo y en un grupo metilo en el otro.

Los omegas 3 son componentes estructurales del cerebro, de la retina y otras estructuras del feto en formación. Se encuentran en los pescados de agua azul, también llamados salvajes o de agua fría, como el salmón, atún, arenque y halibut y los de origen vegetal en semillas como chía y linaza. Su consumo, al ser esencial y no tener tanto acceso directo a él, la suplementación con Omega-3 de calidad, que incluya principalmente EPA y DHA, es muy estudiada y bien valorada.

Respecto a la suplementación con Omega-3, hay varios estudios recientes que hablan de su relación positiva para reducir triglicéridos. Aunque aún no hay consenso contundente, probablemente pronto se conozca una postura más determinante. En la revista científica de gran prestigio, Circulation (2019), la American Heart Asssociation, revela que la prescripción de Omega-3 (EPA + DHA o solo EPA), a una dosis de 4 g / d (o > 3 g / de EPA + DHA) es una opción efectiva y segura para reducir los triglicéridos, como monoterapia o como complemento de otros agentes hipolipemiantes.

En una reciente revisión sistematizada del 2019, hecha en la revista científica Biochemical Pharmacology, se determina que la suplementación de ácidos grasos Omega-3, combinada con ejercicio, aumentó la masa magra en las mujeres, pero no en los hombres. También dejó ver que el daño muscular inducido por el ejercicio tiene un efecto protector cuando se consumen suplementos antioxidantes. Por lo tanto, las personas mayores que toman suplementos de antioxidantes PUFA (ácidos grasos poliinsaturados) y de Omega-3 muestran una mejor respuesta al ejercicio, así como un menor daño muscular.

En relación al consumo de Omega-3 y obesidad, los estudios epidemiológicos y en animales demuestran que el tipo de ácidos grasos, además de la cantidad total de grasa en la dieta, influye en el grado de obesidad y los resultados de salud, incluida la salud ósea. Ensayos en ratones indican que el consumo de aproximadamente ≤ 3% de las calorías totales en aceite de pescado (Omega-3) puede disminuir la adiposidad y mitigar el deterioro óseo inducido por una dieta alta en grasas saturadas en ratones C57BL / 6 en crecimiento, posiblemente al reducir la inflamación y la resorción ósea.