Tratar el dolor pasa por tener un mayor conocimiento acerca del mismo. Algo que parece cada vez más viable cuando el dolor se origina tras una patología o su nacimiento procede de un tejido o de un órgano concreto, pero que se convierte en una verdadera odisea cuando el dolor es de origen desconocido.

De esta forma cada vez se avanza más en la clasificación del dolor para realizar un abordaje más concreto del mismo. Así, se denomina como dolor nociceptivo al que surge de varios tipos de problemas en los tejidos, informados al cerebro por el sistema nervioso. Por otra parte, el dolor neuropático es el que surge del daño al sistema nervioso mismo, central o periférico, ya sea por enfermedad o lesión. Sin embargo, siguen existiendo tipos de dolor que no pueden clasificarse en ninguna de estas dos categorías.

A este respecto, los expertos han llegado al acuerdo en la creación de una nueva denominación: el dolor nociplástico.  Este podría definirse como el dolor que  surge de una nocicepción alterada, a pesar de que no existe una clara evidencia de daño tisular real, o amenaza que sea causa la activación de los nociceptores periféricos, ni existe evidencia de enfermedad o lesión del sistema somatosensorial que pueda ser la causante del dolor.

Una amplificación del dolor

Más allá de la definición académica, los profesionales coinciden en explicar que se trata de un dolor que el paciente vive de una forma amplificada. De esta forma, lo que para otros pacientes podría ser un dolor “tolerable”,  para otros es percibido con una gran intensidad.

Entre los dolores nociplásticos más conocidos, algunos son la fibromialgia, las migrañas, o el síndrome del intestino irritable. Un caso especialmente paradigmático es el de la fibromialgia, sobre el que se han abierto debates incluso en torno a la posibilidad de asociar una incapacidad laboral al mismo. El problema de fondo es que no existe una posibilidad real de hacer un diagnóstico claro, y aunque, de hecho, sea especialmente limitante para la vida del paciente, es difícil poder llegar a asociar términos, como la incapacidad laboral, hasta que no se tenga un verdadero conocimiento de la patología.

¿Una elaboración cortical del dolor?

De hecho, gran parte de la frustración de profesionales y pacientes es lo complicado que resulta realizar un diagnóstico. Además, desconocer el origen del dolor nociplástico supone también un impedimento a la hora de encontrar un tratamiento realmente eficaz para paliarlo.

Las investigaciones en este sentido son todavía bastante incipientes. Así, si bien se tiene conocimiento sobre las vías descendentes o activadoras, todavía se desconoce lo que ocurre del tálamo hacia arriba, lo que podría aportar algunas claves al respecto. Sin embargo, todo apunta a que este tipo de dolor sea una elaboración cortical con base desconocida.

En este sentido, la puerta abierta es que tan pronto se empiecen a discernir las bases de esta alteración cortical, se podrán buscar terapias concretas y mejorar el abordaje de estos pacientes.

El factor psicológico

Pese a ello, si bien los expertos insisten en que hay una base molecular, no olvidan que el dolor también tiene un factor psicológico, sobre el que también es difícil aventurarse.  Por ejemplo, en el caso de la fibromialgia, aunque no se pueden hacer generalidades, sí que se observan perfiles de pacientes más perfeccionistas y disciplinados. Todo ello plantea preguntas sobre si la personalidad de un individuo puede influir en su percepción del dolor, o si realmente es el dolor el que influye en su personalidad.

Si algo está claro es que aún se desconocen muchos de los mecanismos del cerebro, y de la plasticidad del mismo. Y es que la plasticidad debe ser un valor positivo en el abordaje del dolor nociplástico, entendido como la capacidad de recuperar la función perdida. Aunque la realidad es que cuando un paciente cae en el estado de ansiedad y depresión, que conlleva un dolor crónico, es complejo trabajar en esta plasticidad en positivo.

Así, la conclusión es que el conocimiento sobre el dolor nociplástico está todavía por desarrollarse, y si bien todo apunta a una causa subyacente aún desconocida que podría llegar a ser objetivada, su abordaje siempre deberá ser multidisciplinar, para no perder de vista el enfoque psicológico y emocional. Mientras tanto, el papel de escucha del médico seguirá siendo fundamental para identificar y manejar a estos pacientes.

Han participado en la elaboración de este artículo los Dres. Begoña María Ferrer, rehabilitadora en el Hospital Virgen del Rocío; Alejandro Nogales Trujillo, traumatólogo en el Hospital de Valme; Inmaculada Ortega Marín, médico de Atención Primaria en el Centro de Salud de Trigueros de Huelva; y María Rocío Caballero Guzmán, médico de Atención Primaria en el Centro de Salud Virgen de la Macarena en Sevilla.