Una sencilla valoración de la fragilidad mediante un test de cinco preguntas tiene una asociación muy potente con la probabilidad de morir o reingresar a los seis meses tras un síndrome coronario agudo.  Esta es una de las ideas que se extrae del registro LONGEVO-SCA, cuyo objetivo era el de objetivo ha sido analizar el impacto de las variables vinculadas al envejecimiento (fragilidad, estado funcional y cognitivo, riesgo nutricional y comorbilidades) en el tratamiento recibido por el paciente anciano con síndrome coronario agudo (SCA) y su pronóstico a los seis meses del ingreso. Para ello, desde su inicio en 2016, han participado 44 hospitales españoles de 13 comunidades autónomas incluyendo a más de 500 pacientes de edad igual o mayor a 80 años con síndrome coronario agudo.

Los resultados del mismo han sido debatidos por la Sección de Cardiología Geriátrica de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). En concreto, Albert Ariza, uno de los principales investigadores, ha expuesto que otra de las conclusiones del mismo es que la fragilidad tiene “un potente efecto modulador sobre la importancia pronóstica que tienen enfermedades como la diabetes, la insuficiencia renal o la anemia en el anciano con SCA”.

El abordaje en ancianos

Asimismo, es importante matizar que la incidencia del síndrome coronario agudo aumenta con la existencia de factores de riesgo cardiovascular y también con la edad, siendo especialmente elevada en el anciano. “El inexorable envejecimiento poblacional en España está motivando que haya cada vez más pacientes de edad avanzada ingresados por SCA en los hospitales”,  asegura el cardiólogo.

Por ello, a pesar de que un tratamiento precoz y adecuado del síndrome coronario agudo mejora su pronóstico, los pacientes ancianos frágiles y con comorbilidades presentan mayor riesgo de complicaciones, mortalidad y consumo de recursos sanitarios.

Igualmente, gracias a este registro, los investigadores han podido comprobar también que el riesgo de tener complicaciones hemorrágicas se relaciona con el número de enfermedades asociadas que tenga el paciente más que con ningún otro componente de la valoración geriátrica; y que los cardiólogos españoles prescriben  con mayor frecuencia antiagregantes más potentes y tratamientos con estatinas en aquellos pacientes que, a pesar de tener más de 80 años, no presenten fragilidad ni otros síndromes geriátricos.