En los últimos años, la prevalencia de la diabetes mellitus tipo 2 se ha incrementado notablemente en pacientes de menos de 50 años y, de manera llamativa, en niños y niñas y adolescentes. De hecho, algunos estudios sugieren que al menos la mitad de la población pediátrica mundial con diabetes pertenece al tipo 2. En población joven, lo que más preocupa es la obesidad, mientras que en los ancianos la afectación visual y cardiovascular.

El diagnóstico de de la enfermedad en un paciente joven le supone una “tragedia” por cuanto conlleva un estado de enfermedad y un cambio de vida para siempre, con lo que supone el llevar un control riguroso de dieta, estilo de vida y tratamiento médico crónico “para siempre”.  Algunos se encuentran como en un callejón sin salida, se sienten que no pueden hacer nada para cambiar la situación y renuncian a la búsqueda de mayor calidad de vida. Otros pueden llegar a la  hiponcondría la vivencia de su enfermedad. Por el contrario, el paciente anciano lo toma de forma distinta, como un proceso más a sumar al resto de patologías que ya tiene y normal en su proceso de envejecimiento. Es más cumplidor tanto en el tratamiento, dieta, actividad física y acude a los controles de glucemia programados y programa de diabetes.

El perfil más frecuente del paciente joven con diabetes mellitus tipo 2 suele ser una persona entre 20-40 años, con obesidad o sobrepeso, sometida a un alto nivel de estrés laboral y/o familiar, con poca o nula actividad física, y con predominio del sexo femenino. Hay causas genéticas y determinadas dolencias metabólicas que pueden producir este tipo de diabetes en jóvenes.

Los nuevos estilos de vida, donde el sedentarismo y los malos hábitos alimenticios han generado pacientes con sobrepeso y obesidad, cada vez más jóvenes que han terminado padeciendo diabetes, hipertensión y demás patologías relacionadas con el exceso de peso. Estilos de vida que van relacionados con las nuevas tecnologías que nos mantienen pegados al televisor, ordenador, consolas y teléfonos móviles, pueden ser una de las causas el aumento del sedentarismo.

El estrés, que prima hoy en cualquier ámbito de nuestras vidas, provoca ansiedad y la ansiedad, cada vez más, genera comedores compulsivos con el consecuente aumento de peso, además de personas agobiadas, sin tiempo para realizar comidas elaboradas y que no tienen tiempo de practicar ejercicio.

El diagnóstico de la DM2 en jóvenes suele hacerse de forma casual, cuando acuden a consulta para realizarse un control analítico. La mayoría de estos pacientes son asintomáticos y cuando aparecen lo hace en forma de cansancio, pérdida de peso, polidipsia, elevación de tensión arterial y otras complicaciones cardiovasculares. La mayoría de estos pacientes son asintomáticos.  Cuando presentan síntomas se trata de cansancio, pérdida de peso, polidipsia, poliuria, elevación de tensión arterial y otras complicaciones cardiovasculares.

El diagnóstico de diabetes en un paciente joven suele suponer una “tragedia” por cuanto conlleva un estado de enfermedad y un cambio de vida para siempre, con lo que supone el llevar un control riguroso de dieta, estilo de vida y tratamiento médico crónico “para siempre”.  Algunos se encuentran como en un callejón sin salida, se sienten que no pueden hacer nada para cambiar la situación y renuncian a la búsqueda de mayor calidad de vida. Otros pueden llegar a la  hiponcondría la vivencia de su enfermedad. Por el contrario, el paciente anciano lo toma de forma distinta, como un proceso más a sumar al resto de patologías que ya tiene y normal en su proceso de envejecimiento. Es más cumplidor tanto en el tratamiento, dieta, actividad física y acude a los controles de glucemia programados y programa de diabetes.

Paciente cumplidor

Generalmente en nuestro medio, el diabético joven es bastante cumplidor, aumentando el ejercicio físico y corrigiendo la dieta, además de tomar correctamente la medicación, en aras de disminuir el peso, y poder llevar un buen control del proceso.

La piedra angular consiste en modificar su estilo de vida con medidas higiénicos-dietéticas, aumento del ejercicio físico y una dieta equilibrada libre de hidratos de carbono de absorción rápida (dulces) y grasas, limitando las bebidas azucaradas y evitando el alcohol que aumenta el riesgo de episodios de hipoglucemial.

El ambiente social y familiar es uno de los principales determinantes de la adherencia del paciente al tratamiento y, por tanto, de un adecuado control metabólico. El apoyo de la familia, sus amigos, de su médico y su centro de salud son esenciales para motivar al paciente y que se adapte lo antes posible a su nuevo estilo de vida. El paciente que no cuenta con estos apoyos es muy difícil que controle bien su enfermedad.

Pese a todo, el alto grado de información que hay respecto a la diabetes mellitus tipo 2 y a considerarse una enfermedad muy común no suele haber problemas de aceptación en un gran número de pacientes jóvenes con DM2. Lo que más les preocupa es no poder llevar una vida normal.

El tratamiento fundamental es modificar el estilo de vida actual con el seguimiento de un plan de alimentación equilibrado, práctica de ejercicio físico regular.  Si a los 6 meses de comenzar con estas medidas no se consiguen los objetivos deseados (hemoglobina glicosilada por debajo de 6,5), el especialista valorará comenzar con tratamiento farmacológico vía oral con metformina. Si transcurridos otros 6 meses la hemoglobina glicosilada no desciende se añade IDDP4 o sulfonilureas, según la edad del paciente. Y cuando el tratamiento oral no logra el control se puede añadir insulinoterapia combinada o no con fármacos, según evolución de la enfermedad.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Juan Rafael Martínez, José María Saura, Francisco Balda, Manuel Parada, Juan Isidro García, José Gómez Marín, de Madrid; Juan Aledo Peralta, María Teresa Villamor de Santiago, Francisco Martínez López del (C.S. Cartagena Oeste); José María Pardo, José Manuel Marco, Isabel Escamez, José Miguel Mateo, José María Penis, Antonio Tafalla, de Callosa (Alicante).