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Los profesionales sanitarios que están tratando la pandemia del COVID-19 están afrontando una situación excepcional de estrés físico y agotamiento psicológico, como explica Soraya Bajat, jefa de Psicología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela de Madrid. “El agotamiento psicológico es real. Las personas que han trabajado en la primera línea se han enfrentado todos los días durante casi dos meses a la tensión de tomar decisiones muy complicadas en relación con la intervención médica que pueden realizar con cada paciente. Además, muchos profesionales han trabajado en especialidades diferentes a las suyas, sobre todo en los equipos de Urgencias, Medicina Intensiva y Medicina Interna”.

Aparte de la presión laboral y el contacto con los pacientes, los profesionales sanitarios también han tenido que afrontar el miedo a contagiar a sus familiares o personas cercanas: “Cuando terminaban su turno de trabajo los médicos, las enfermeras, los administrativos, el personal de limpieza, etc., regresaban a su casa con miedo a contagiar a sus parejas, sus hijos o a las personas mayores que tienen a su cargo”.

Sensación de fallar a los compañeros

En opinión de Soraya Bajat, compatibilizar la mejor asistencia con la gestión emocional de los propios miedos podría llegar a pasar factura a los trabajadores. El deber profesional casi siempre se ha impuesto sobre ese miedo, como explica la psicóloga de Sanitas: “Nadie quería abandonar la primera línea de la atención. Cada médico o enfermera que ha enfermado se iba a casa con la sensación de estar fallando a sus compañeros. Y en su aislamiento se sentía culpable por no poder ayudar”.

En la misma línea, Eduardo Morales, jefe de la UCI del Hospital Sanitas La Moraleja, habla de las complicadas situaciones que han afrontado los profesionales: “El volumen sobrevenido de pacientes que hemos atendido en nuestras plazas de Unidades de Cuidados Intensivos nos ha llevado al máximo nivel de tensión asistencial que he vivido en mi vida profesional. Es muy difícil dejar de pensar en todo lo que está pasando, incluso cuando terminamos nuestros turnos y regresamos a casa. La sociedad no ha visto lo que hemos vivido y probablemente sea mejor, pero puedo garantizar que ha sido una experiencia muy dura”.

Factura emocional

Los hospitales de Sanitas, al igual que el resto de los centros públicos y privados, han tenido que readaptar sus instalaciones para multiplicar el número de plazas destinadas a pacientes críticos. “Todos los profesionales han estado más que a la altura, pero este esfuerzo excepcional podría pasarnos factura emocional”, añade Eduardo Morales.

El jefe de la UCI del Hospital La Moraleja recuerda que Sanitas habilitó desde los primeros días de la crisis un servicio de atención psicológica para todas las personas que atendían a pacientes con COVID-19. Asimismo, los hospitales Sanitas La Moraleja, La Zarzuela, CIMA y Virgen del Mar han puesto sus servicios de Psicología a disposición de los profesionales.

Programa de Atención al Médico Enfermo

También desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) se está prestando una especial atención a la salud mental de los profesionales, como explica su presidente, Serafín Romero: “Hemos puesto en marcha el Plan Comunica para conocer cómo está afectando la pandemia al personal sanitario. Queremos que los médicos se comuniquen con sus colegios profesionales, a través de un sistema de registro, para conocer sus inquietudes”.

El Plan intentará proteger al profesional sanitario en varias vertientes, como la jurídica, la laboral y la emocional: “En la vuelta al trabajo va a haber problemas relacionados con lo que se conoce como ‘segundas víctimas’, que son aquellas derivadas de la acción profesional. Son personas que hasta la fecha no tenían ningún problema de salud mental y que por mor de la situación van a necesitar un reajuste profesional para volver”. En opinión de Serafín Romero, es muy importante que se haga desde los colegios de médicos, que disponen del Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (PAIME), “un plan específico que será de gran utilidad para los médicos afectados”.

Tristeza y abatimiento

Uno de los primeros sondeos realizados a los médicos ha sido el de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). Según las principales conclusiones, el 52% de los 902 médicos internistas participantes se ha enfrentado a conflictos de tipo ético en su labor clínica o asistencial durante la pandemia. Asimismo, la sobrecarga y la presión asistencial vivida en los hospitales durante los meses pasados ha afectado directamente al bienestar físico y emocional de los internistas, y el 68,1% de los participantes en la encuesta ha sentido “impotencia”, mientras que el 67,5% manifiesta tener episodios de insomnio o dormir peor de lo habitual. El 59,2 de los internistas consultados se ha sentido “triste y abatido” y un 47,9% también reconocer haber tenido “menos capacidad de concentración para disfrutar de actividades de ocio”.