Científicos de la Universidad de California, Berkeley, en Estados Unidos, han respondido a la pregunta: ¿cómo afecta dormir mal al dolor?, al identificar fallos neuronales en el cerebro privado de sueño que pueden intensificar y prolongar la agonía de la enfermedad y las lesiones.

Este estudio, publicado en el Journal of Neuroscience, ayuda a explicar los ciclos de auto perpetuación que contribuyen a la superposición de epidemias mundiales de pérdida de sueño, dolor crónico e incluso adicción a los opioides.

El autor principal del estudio, Matthew Walker, profesor de Neurociencia y Psicología de la UC Berkeley, en Estados Unidos, afirma: “Si el mal sueño intensifica nuestra sensibilidad al dolor, como lo demuestra este estudio, entonces el sueño debe ubicarse mucho más cerca del centro de atención al paciente, especialmente en las salas de hospital”.

Mientras se escaneaban los cerebros de dos docenas de adultos jóvenes sanos, mientras se les aplicaba niveles incómodos de calor en las piernas, Walker y el estudiante de UC Berkeley Adam Krause descubrieron que los mecanismos neuronales que detectan las señales de dolor las evalúan, y activan el alivio natural del dolor y se interrumpen cuando se tiene un sueño insuficiente.

A los investigadores les sorprendió la actividad progresiva en el “núcleo accumbens”, una parte del cerebro de gran relevancia para el ser humano debido a su participación en el sistema de recompensa cerebral y la integración de motivación y acción que, entre otras funciones, eleva los niveles de dopamina para aliviar el dolor.

Los investigadores demostraron su hipótesis de que la privación del sueño aumentaría la sensibilidad al dolor, como lo demuestra una respuesta amplificada en la corteza somatosensorial del cerebro. Para Matthew Walker: “La pérdida de sueño no solo amplifica las regiones sensibles al dolor en el cerebro, sino que también bloquea los centros de analgesia natural”.

Abundando en el tema, el Dr. Fernando Torre, especialista en Anestesiología y Reanimación y jefe de servicio de la unidad del dolor del Hospital Quirónsalud en Vizcaya, afirmaba a El Médico Interactivo hace unos meses que el insomnio produce fatiga, cansancio, pérdida de energía para realizar las tareas habituales de casa o laborales. Igualmente, puede  incrementar la sensación de dolor y produce irritabilidad. Todos los dolores, apuntaba el Dr. Torre, si no se tratan, producen insomnio, ya que la vivencia del dolor es mayor a la noche. Durante la noche tenemos menos estímulos externos que nos puedan distraer del dolor y tenemos más tiempo para evaluar y pensar acerca de nuestro dolor. Los pacientes con dolor crónico presentan una marcada alteración de la estructura del sueño y su continuidad, como incremento en los despertares nocturnos, disminución del sueño profundo y aumento en el número de movimientos corporales.

El profesor Walker, autor del ensayo “Por qué dormimos”, apunta finalmente: “Todo esto indica que el sueño es un analgésico natural que puede ayudar a controlar y disminuir el dolor, sin embargo, irónicamente, un entorno donde las personas sufren más dolor es el peor lugar para dormir: el ruidoso pabellón de un hospital”. Así que uno de los objetivos de Walker es trabajar con los hospitales para crear instalaciones para pacientes hospitalizados más amigables con el sueño. “Nuestros hallazgos sugieren que la atención al paciente mejoraría notablemente y que las camas de los hospitales quedarían libres antes, si el sueño ininterrumpido se incorporara como un componente integral de la gestión de la atención de la salud”.