Se estima que el trastorno bipolar se presenta en 1 a 2 por ciento de la población, según la región del mundo. Sin embargo, los investigadores creen que esta cifra podría llegar hasta el 5 por ciento si se incluyen todos los problemas del espectro bipolar. En concreto, en México no existen cifras oficiales al respecto.

La Organización Mundial de la Salud considera este trastorno como la sexta causa de discapacidad a nivel mundial. Su causa a nivel cerebral es una falla química de neurotransmisores, por ejemplo, el exceso de dopamina que podría estar relacionada con la manía.

Este desequilibrio emocional y mental provoca cambios severos en el comportamiento de las personas, como hacer compras compulsivas, una necesidad de satisfacer el deseo sexual, sin embargo, científicamente, se les llama etapas cíclicas conformadas por depresión, manía, eutimia y ánimo anormal.

Hay episodios que se manifiestan con diferentes fases y duraciones, en el caso del estado maniaco se pueden presentar alucinaciones, en cuyo caso el control y la funcionalidad se pierde completamente. Los pacientes pueden sentir una confianza descomunal y perder el miedo o no a tener claras las consecuencias negativas de sus actos.

Idealmente toda persona con antecedentes familiares debe acudir con un especialista psiquiatra para evaluar el estado del paciente, ya que comúnmente se confunde con otros padecimientos mentales.

Todo paciente que sea tratado debe evitar el alcohol y cualquier tipo de estupefaciente, además de mantener una dieta sana con una balanceada alimentación.

En la actualidad, hacen falta investigaciones más profundas sobre el sistema de neurotransmisión dependiente de la acetilcolina, así como la postulación del sistema colinérgico y noradrenérgico que por un déficit de ACTH podría provocar la manía. La hiperactividad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal también se ha relacionado con el trastorno bipolar.

Hasta la fecha, los tratamientos se basan en los estabilizadores de ánimo como el litio, antipsicóticos de segunda generación como el aripiprazol, lurasidona, olanzapina, quetiapina, risperidona y ziprasidona, también pueden incluirse algunos anticonvulsivos, y la psicoterapia de manera indispensable. Estos tratamientos pueden utilizarse solos o combinados y constan de tres fases:

  • Aguda: para estabilizar y controlar las manifestaciones iniciales, a veces graves.
  • Continuada: para alcanzar una remisión completa.
  • De mantenimiento o de prevención: para mantener a los pacientes en remisión.