El tratamiento con estatinas en prevención primaria en pacientes mayores de 74 años y con factores de riesgo cardiovascular disminuye los IAM y los ACV. Por eso, los beneficios superan a los riesgos e inconvenientes.

El uso de estatinas no depende tanto de la edad como los niveles de LDL, un paciente de 74 años tiene aún un recorrido de vida, donde la prevención primaria es importante tener en cuenta.

El tratamiento con estatinas ha demostrado reducir la incidencia de eventos cardiovasculares mayores y la mortalidad de causa cardiovascular en un amplio rango de individuos, pero existen dudas sobre su eficacia y seguridad en la población anciana, ya que está peor estudiada debido al bajo número de participantes de esta edad en los ensayos clínicos. Además, se trata de unos pacientes en los que por la comorbilidad y la polimedicación la probabilidad de interacciones y eventos adversos es superior.

En las Guías de la ESC/EAS 2019 sobre el tratamiento de las dislipemias, se recomienda, con un grado de recomendación IIb, considerar iniciar el tratamiento con estatinas para la prevención primaria de personas mayores de 75 años cuando tengan un riesgo alto o superior.

Prevención primaria

No obstante, hay que individualizar el tratamiento con estatinas en pacientes mayores de 75 años. Como prevención primaria se puede iniciar en caso de riesgo cardiovascular muy elevado y únicamente en aquellos con buena situación basal y funcionalidad, así como ausencia de fragilidad.

Se deben monitorizar los efectos adversos sobre todo en pacientes polimedicados, las posibles interacciones farmacológicas, alteraciones en la función renal, hepática u otras circunstancias que limiten el tratamiento (valorando beneficio /riesgo). Se iniciaría el tratamiento a dosis bajas y se aumentaría de forma progresiva, intentando alcanzar objetivos de LDL-c según guías. En caso de pacientes con fragilidad elevada o esperanza de vida limitada no se iniciaría.

Cuanto más bajo, mejor

En prevención primaria, sí está indicado en todos los casos el tratamiento en pacientes que han tenido un evento cardiovascular, ya que las pautas que marcan las ultimas guías de cardiología son muy ambiciosas en el descenso del control del LDL. Cuanto más bajo mejor y cuanto antes mejor. Tanto es así que en muchas ocasiones el paciente sale del hospital con atorvastatina y ya en la primera visita que el paciente realiza en consultas externas con el cardiólogo le pauta la combinación fija de la rosuvastina con ezetimibe o atorvastatina con ezetimibe.

Cambios en el estilo de vida

Es también importante reforzar al máximo el cambio de hábitos si estos son nocivos, situaciones como las que se han vivido en este último año donde este tipo de pacientes de más de 74 años por miedo a la COVID-19 han dejado de salir a andar y han aumentado la ingesta de alimentos.

Antes de iniciar la pauta con estatinas, se deben tener en cuenta las prioridades de cuidados, la expectativa y pronóstico de vida del paciente. También hay que considerar su opinión al respecto.

Es importante revisar periódicamente la medicación y valorar periódicamente la posibilidad de suspenderlo: si la relación beneficio- riesgo se hace incierta o negativa.

Retirar la pauta

Así, se debe considerar la retirada de estatinas cuando los beneficios potenciales ya no son clínicamente significativos, en pacientes con deterior físico grave, deterioro cognitivo o corta esperanza de vida, ya que la reducción del riesgo de ECV o la mortalidad no sería relevante.

También, ante efectos adversos, como miositis, rabdomiólisis o fallo hepático grave, y ante signos o síntomas compatibles con efectos adversos debidos a estatinas, como mialgias, aumento de transaminasas moderado-grave, deterioro cognitivo o fatiga, y en pacientes sin enfermedad cardiovascular previa que necesiten tratamiento con fármacos que interaccionan con estatinas, pues se incrementa el riesgo de toxicidad.

Sin embargo, en los pacientes con una buena funcionalidad y autonomía, y una expectativa de vida estimada superior a 5 años, se debe mantener el tratamiento, al igual que en los pacientes con un elevado riesgo de sufrir un nuevo evento cardiovascular.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Guadalupe Fernández Esteve, Helena Hernández Boluda, Alejandro Rosas Navarro y Carlos Umanes González; los médicos generales Jordi Seuba Garcés y Mohsen Abedianzadeh Timar y los cardiólogos Jany Rodríguez Londres y Marcos Rodríguez García, todos de Barcelona; Ángel Manuel Iniesta Manjavacas, Marta Mateos García, Elsa Prieto Moriche, Laura Peña Conde, Elisa Velasco Valdazo, Ana García Martin y Mª Jesús Esteban Sastre, y Evangelina Torres Ramírez, Humberto Trinchet Pupo y Rosa Cortés Serra, de Palma.