En España se abusa de los antibióticos, y aunque desde 2015 esta tendencia va poco a poco decreciendo, lo cierto es que su utilización todavía “es alta en general (es uno de los países europeos con mayor consumo) y también es así en población pediátrica, fundamentalmente en los menores de 3 años”. El problema añadido es que este consumo excesivo de antibióticos genera un aumento de las resistencias bacterianas, que es en la actualidad “uno de los problemas más importantes de salud pública”, por eso “el uso prudente de antibióticos debe ser objetivo prioritario para los pediatras”.

Así lo advierte la doctora Rosa Albañil, coordinadora del Grupo de Trabajo de Patología Infecciosa de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), para quien “aumentar los conocimientos de la población sobre los antibióticos es imprescindible para conseguir un uso prudente de los mismos”. De hecho, el Eurobarómetro de 2018 resaltó que el 50% de los encuestados en España creen que los antibióticos valen para matar virus y el 36% que son efectivos para el tratamiento de los catarros, unas cifras que “demuestran que obviamente hay que aumentar los conocimientos existentes sobre el tema”.

Se da la paradoja, además, de que en el terreno pediátrico los procesos infecciosos en los menores de 3 años están muy frecuentemente producidos por virus, no por bacterias, por lo que los antibióticos no son efectivos. Teniendo esto en cuenta, “efectivamente podemos decir que se abusa de su utilización y que, por tanto, existe una importante utilización inadecuada de los mismos”.

Tendencia a la baja

Eso sí, los datos del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) indican que en 2019 se produjo una disminución del 5,4% en el uso global (de adultos y niños) de antibióticos. De esta manera, se mantiene una tendencia registrada desde 2015.

¿Se habrá mantenido esta tendencia durante 2020? “En Pediatría efectivamente ha disminuido mucho y por varios motivos, sin embargo 2020 ha sido un año muy atípico”, apunta la doctora Albañil. “El confinamiento domiciliario y el cese de la actividad escolar supusieron una disminución muy importante del número de infecciones que presentaron los niños”, a lo que se unió que, acabado el confinamiento, las recomendaciones de mantener distancia social, lavado frecuente de manos y uso de mascarilla “han producido este mismo efecto”.

“Esto no es una percepción individual, ya hay publicaciones que cuantifican este efecto y constatan una disminución de otitis y amigdalitis durante la pandemia Covid”, algo que ya ocurrió también con la gripe en los países del hemisferio austral, que nos precedieron en la temporada invernal. “Aún es pronto para saber si va a ocurrir esto mismo en España, pero sí sabemos que hasta ahora y en comparación con temporadas previas el número de casos notificado no es significativo”.

Resistencias bacterianas

Lo que sí es seguro es que el abuso en la utilización de antibióticos produce la inducción de resistencias bacterianas, provocando que dejen de ser efectivos. Y así lo constatan estudios que demuestran que los patógenos respiratorios aislados en muestras pediátricas presentan mayores tasas de resistencia que los aislados en muestras procedentes de adultos. “Esto se explica porque las personas que han recibido tratamiento antibiótico en meses previos tienen más riesgo de presentar infecciones por bacterias resistentes, y los niños pequeños son uno de los grupos poblacionales con mayor consumo de antibióticos”, alerta.

“La existencia de resistencias bacterianas es un problema que afecta a toda la población, niños y adultos”, prosigue, y el problema es que las bacterias resistentes a los antibióticos “pueden producir infecciones potencialmente más graves, de más difícil tratamiento, que prolongan los ingresos hospitalarios y complican otros procedimientos médicos y quirúrgicos como el tratamiento de tumores o los trasplantes de órganos”. “Por todo ello, son responsables directos de muertes entre los pacientes que las padecen”, recuerda, por lo que “la existencia de resistencias bacterianas se convierte en un problema de salud pública”.

Este problema del abuso, ¿es culpa de los padres o los profesionales también tienen su cuota de responsabilidad? “El uso adecuado de antibióticos es una responsabilidad compartida. Las autoridades, las familias y los ciudadanos debemos ser conscientes del enorme problema que supone un uso inadecuado de antibióticos”, señala la doctora Albañil.

Actualización de conocimientos

Por parte del profesional, “debe estar adecuadamente formado, mantener actualizados sus conocimientos, conocer los microorganismos más frecuentemente responsables de los procesos infecciosos, las cifras de resistencias locales que presentan y los antibióticos eficaces con espectro más selectivo”. Junto a ello debe utilizar, en su caso, los métodos diagnósticos adecuados para confirmar la etiología bacteriana, y “aportar al paciente o a la familia la información necesaria para que comprendan la indicación y adecuación de cada tratamiento y lo cumplan correctamente, así como los riesgos que supone la automedicación con antibióticos”.

Las autoridades sanitarias también tienen su cuota de responsabilidad, ya que “deben garantizar un sistema de vigilancia epidemiológica, aportar la infraestructura, los medios y la formación e información que los profesionales precisan para prescribir adecuadamente”. Para ello, por un lado “deben proporcionar a los profesionales información epidemiológica sobre tasas de resistencia microbiana en sus áreas de trabajo” y, por otro, “asegurar que la dispensación de fármacos se ajuste a la legalidad”.

Explicación a las familias

La coordinadora del Grupo de Patología Infecciosa de la AEPap reitera que “el profesional debe mantener actualizados sus conocimientos, explorar creencias erróneas en pacientes y familias y explicar adecuadamente los motivos por los que se prescribe, o no se prescribe, un tratamiento antibiótico”. “La adecuada formación de los profesionales permite no solo tomar decisiones adecuadas sino también combatir ideas y expectativas equivocadas por parte de los pacientes”, aunque para eso “es preciso disponer de unas condiciones en la consulta que permitan emplear el tiempo necesario con cada paciente”.

Otra cuestión clave para la doctora Albañil es que debe insistirse en el cumplimiento del calendario de vacunación, y es que “las vacunas bacterianas han mostrado su eficacia para controlar las infecciones por estos gérmenes, tanto en los vacunados como en sus contactos”. Con respecto a las vacunas virales la vacunación, al disminuir la enfermedad, “impide la posibilidad de sobreinfección bacteriana, real o supuesta, con el consiguiente ahorro en prescripción de antibióticos”.