Investigadores de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) han evidenciado, en un estudio publicado en la revista ‘Glia’, que VIH evita que maduren las células cerebrales productoras de mielina, llamadas oligodendrocitos, poniendo así un freno a la producción de materia blanca.

“Cuando las personas piensan en el cerebro, piensan en neuronas, pero a menudo no piensan en la materia blanca, por importante que sea. Está claro que la mielinización juega un papel clave en varias etapas de la vida: en la infancia, en la adolescencia y, probablemente, también durante el aprendizaje en la edad adulta. Cuanto más averigüemos sobre esta biología, más podremos hacer para prevenir la pérdida de materia blanca y los daños que puede causar”, han dicho los expertos.

Los científicos habían planteado la hipótesis de que el impacto del VIH en el cerebro surgió indirectamente a través de la actividad de las células inmunes, ya que el virus no infecta a las neuronas ni a los oligodendrocitos. Para obtener más información sobre cómo esto podría afectar específicamente a la materia blanca, tomaron el líquido en el que crecían los macrófagos infectados con el VIH y lo aplicaron a las células precursoras de oligodendrocitos de rata, que maduran en oligodendrocitos.

Reducción en la producción de mielina

Si bien este tratamiento no mató a las células precursoras, sí las impidió madurar en oligodendrocitos y, posteriormente, también redujo la producción de mielina. “Las células inmunes que están infectadas con el virus secretan sustancias nocivas, que normalmente se dirigen a los organismos invasores, pero también pueden matar las células cercanas, como las neuronas, o evitar que se diferencien. Así que el siguiente paso fue averiguar qué se secretaba para causar este efecto en los oligodendrocitos”, han dicho los expertos.

Asimismo, cuando los investigadores aplicaron un compuesto que reduce los niveles de glutamato a los macrófagos infectados por el VIH antes de la transferencia del medio de crecimiento a los precursores de oligodendrocitos, las células pudieron madurar en oligodendrocitos. El resultado sugiere que el glutamato secretado por los macrófagos infectados fue el culpable de que las células precursoras se “atasquen” en su forma inmadura.

Sin embargo, había otro mecanismo que los investigadores sospechaban que podría estar involucrado: la respuesta integrada al estrés. Esta respuesta integra señales de cuatro vías de señalización diferentes, lo que resulta en cambios en la expresión génica que sirven para proteger a la célula del estrés o para provocar la muerte de la célula, si el estrés es abrumador.

Hallazgos anteriores habían encontrado que la respuesta integrada al estrés se activaba en otros tipos de células cerebrales en pacientes que tenían deterioro cognitivo asociado con la infección por VIH, por lo que el equipo también buscó su participación en los oligodendrocitos. De hecho, encontraron evidencia de que la respuesta al estrés integrada se activaba en cultivos de células precursoras de oligodendrocitos.

Para llevar estos hallazgos más allá y, potencialmente, probar nuevos objetivos farmacológicos para abordar las deficiencias cognitivas relacionadas con el VIH, el equipo espera utilizar un modelo experimental bien caracterizado de la infección por el VIH. Y es que, al rastrear la materia blanca en este modelo animal y compararlo con los estudios de imágenes realizados en pacientes con VIH, esperan comprender mejor qué factores dan forma a la pérdida de materia blanca.