Un nuevo estudio que ha investigado la epidemia de tifus del gueto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial Aatravés de modelos matemáticos de última generación y documentos históricos,revela cómo las intervenciones de salud pública erradicaron la enfermedad.

El estudio, que publica la revista ‘Science Advances’, señala que los programas de salud comunitaria y las prácticas de distanciamiento social son las explicaciones más probables del colapso repentino y misterioso de la epidemia de tifus, que los supervivientes aclamaron como un milagro.

El matemático y epidemiólogo Profesor Lewi Stone de la Universidad RMIT y la Universidad de Tel Aviv dirigió el estudio publicado, con colaboradores de Hong Kong, Amsterdam y Berlín.

En 1941, las fuerzas nazis en Polonia apiñaron a más de 450.000 reclusos en un área confinada de 3,4 km2 conocida como el gueto de Varsovia.

“Con malas condiciones, hambruna desenfrenada y una densidad de población de 5 a 10 veces mayor que cualquier otra ciudad del mundo actual, el gueto de Varsovia presentó el caldo de cultivo perfecto para que las propagación del tifus arrasando a la población principalmente judía. Por supuesto, los nazis sabían que esto sucedería”, asegura Stone.

Hasta 120.000 presos del gueto fueron infectados por tifus de los cuales hasta 30.000 murieron directamente de la enfermedad y muchos más por inanición o una combinación de ambos.

Stone dice que fue un caso de enfermedad históricamente documentado que se utilizó como arma de guerra y como pretexto para el genocidio.

“Luego, en octubre de 1941, cuando comenzaba un duro invierno y justo cuando se esperaría que las tasas de tifus se dispararan, la curva epidémica repentina e inesperadamente se hundió hasta la extinción –recuerda–. Era inexplicable en ese momento y muchos pensaron que era un milagro o algo fuera de toda lógica”.

El modelo matemático del equipo, diseñado con el ecologista teórico doctor Yael Artzy-Randrup, de la Universidad de Amsterdam, junto con el análisis estadístico y de modelos realizados por el doctor Daihai He, de la Universidad Politécnica de Hong Kong, muestra que la epidemia de tifus estaba en camino de convertirse en 2 a 3 veces más grande en pleno invierno, justo antes de que desapareciera.

Stone apunta que la disminución constante en las tasas de transmisión de enfermedades probablemente refleja el éxito de las intervenciones conductales. “Afortunadamente, muchas de las actividades e intervenciones contra la epidemia están documentadas y resulta que el gueto de Varsovia disponía de muchos médicos y especialistas experimentados”, añade.

Cooperación de la población

El equipo investigador encontró evidencia de cursos de capacitación bien organizados sobre higiene pública y enfermedades infecciosas, cientos de conferencias públicas sobre la lucha contra el tifus y una universidad médica subterránea para jóvenes estudiantes.

Se fomentó la higiene general y la limpieza de los apartamentos y, a veces, se obligó su cumplimiento. El distanciamiento social se consideraba sentido común básico, y era frecuente la cuarentena doméstica.

“Al final, parece que los esfuerzos decididos y prolongados de los médicos del gueto y los esfuerzos antiepidémicos de los trabajadores comunitarios dieron sus frutos –alaba Stone–. No hay otra manera que podamos encontrar para explicar los datos”.

“Sin embargo, como lo demostraron los del gueto de Varsovia –explica Artzy-Randrup–, las acciones de las personas en la práctica de la higiene, el distanciamiento social y el autoaislamiento cuando están enfermos, pueden marcar una gran diferencia dentro de la comunidad para reducir la propagación”.

“Es la cooperación y el reclutamiento activo de las comunidades lo que supera las epidemias y pandemias, no solo las regulaciones gubernamentales –asegura–. Solo recientemente hemos sido testigos de cerca de lo esencial que ha sido el compromiso de la comunidad para contener y derrotar la propagación mortal y horrible de los brotes de ébola en los países africanos”.

“Este estudio es una instancia única en la que los métodos cuantitativos y cualitativos podrían usarse para revelar procesos históricos ocultos en la interfaz de las enfermedades infecciosas y la sociedad, que son directamente relevantes para la crisis actual de COVID-19. Sin lugar a dudas, hay lecciones invaluables que podemos aprender del pasado”, asegura Lehnstaedt.