Las herramientas de cribado nutricional, que alertan de problemas cuando un niño ingresa en el hospital, son una realidad que no termina de implantarse de manera definitiva por una cuestión fundamental: no arrojan unos resultados lo suficientemente exactos. Aunque existen varias de estas herramientas, ninguna aporta todavía la precisión necesaria, por lo que al final se sigue aplicando de manera generalizada el criterio clínico.

“Son herramientas diseñadas para aplicar en el paciente pediátrico al ingreso en el hospital, el principal problema es que señalan a un alto porcentaje de niños como de riesgo moderado de desnutrirse durante el ingreso, lo que discrimina poco a los niños de mayor riesgo”, apunta el doctor José Manuel Moreno Villares, director médico de la sede en Madrid de la Clínica Universidad de Navarra, así como responsable de su Departamento de Pediatría y coordinador del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEP). “Precisamente por ese problema hay bastantes herramientas de cribado, pues ninguna es todo lo precisa que gustaría”, apostilla.

Por eso, y de manera general, “el criterio fundamental es clínico y pocos hospitales tienen establecida una herramienta de cribado nutricional en niños al ingreso”. Su objetivo, señala, es detectar el riesgo de desnutrición y, aunque todavía “no hay herramientas digitales de cribado nutricional”, los profesionales sí tienen a su disposición sistemas como STRONGkids, PNRS o STAMP.

Formato digital

Para la valoración de adultos sí existen herramientas digitales de este tipo, la última de ellas R-MAPP, que “permite establecer un grado de riesgo de desnutrición y/o sarcopenia” en los pacientes cuando ingresan. Estos sistemas “no hacen más que poner en formato digital escalas de valoración que se usan en la práctica clínica”, señala el doctor Moreno Villares, “en principio están diseñadas para facilitar al profesional su cumplimentación, aunque también lo puede realizar el paciente”. Eso sí, “proporciona puntuaciones de riesgo que deben ser corroboradas por un profesional de la salud”.

De hecho, no parece que a corto plazo este tipo de dispositivos pueda igualar la precisión del diagnóstico profesional. En el caso de los niños, “tanto la desnutrición como la obesidad o el sobrepeso se detectan mediante la antropometría y la exploración física”, y es que “ninguna de estas herramientas, ni las encuestas en las que están basadas, se han diseñado para personas menores de 18 años”.

En cuanto al ámbito profesional, se pueden utilizar también en Primaria, “aunque su desarrollo nace sobre todo de la necesidad de detectar el riesgo de desnutrición en pacientes hospitalizados”, afirma el doctor Moreno Villares. En Primaria, de hecho, se utilizan bastante poco: “Las herramientas en Atención Primaria son las clásicas, la báscula, el tallímetro y la cinta para medir”, señala en este sentido el doctor Anselmo Hernández Hernández, coordinador del Grupo de Trabajo de Gastroenterología y Nutrición de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).

Pesar y medir

Existen, eso sí, las calculadoras nutricionales, que “están en todos los programas de informática de las consultas: metes los datos y te da el Índice de Masa Corporal (IMC), los percentiles y las gráficas se construyen automáticamente en el ordenador”. En definitiva, “hay tablas de valoración que te dan parámetros, te dan el cálculo hecho, pero los datos hay que meterlos previamente, y eso significa que hay que pesar y medir”.

El doctor Hernández Hernández, pediatra de Atención Primaria en Tenerife, coincide en que las herramientas de cribado se utilizan sobre todo en el ámbito hospitalario, y hay además una diferencia sustancial de fondo: están diseñadas para detectar el riesgo de malnutrición, mientras que en los centros de salud lo que se ven sobre todo son casos de sobrepeso. Es decir, que hablamos de problemas radicalmente diferentes. “La obesidad es la pandemia del siglo XXI y afecta precozmente a la infancia”, un problema de hoy que se proyecta en el mañana porque “el 80% de los niños obesos van a seguir siéndolo de adultos, y eso genera otras comorbilidades: hipertensión, colesterol, problemas cardiovasculares, pérdida de autoestima personal…”.

“Publicamos unos estudios que destacan que los padres no tienen percepción de obesidad, el niño puede tener hasta un 40% de tasa de obesidad y no lo ven así, mientras que a los niños que están bien de peso los padres los perciben como delgados”, subraya. “Somos los pediatras los que decimos que el niño tiene sobrepeso y les cuesta aceptar esa situación”, lamenta, a lo que se une que “la mitad no toman medidas para solucionar esta situación y le consultan muy poco al pediatra, quieren que el niño adelgace pero que siga comiendo igual, sin hacer ejercicio y sin moverse”.

Y aunque en cuestiones nutricionales la Atención Primaria tiene margen de mejora desde el punto de vista tecnológico, el doctor Hernández Hernández está convencido de que “la tecnología no va a sustituir al profesional, lo que hace es facilitar las cosas”. “Si hablamos de Inteligencia Artificial y de Big Data en algunos aspectos, como interpretación de imágenes, la tecnología ya afina más el diagnóstico, pero el profesional siempre va a estar ahí”, vaticina.