La enfermedad cardiovascular representa la primera causa de mortalidad en las personas con diabetes mellitus, entre las cuales, el riesgo de mortalidad cardiovascular es 2-4 veces mayor que el de la población general.

Por eso, las guías de práctica clínica recomiendan calcular el riesgo de enfermedad cardiovascular en la diabetes. Sin embargo, hay pocos modelos para estimar dicho riesgo en diabéticos. El desarrollo de modelos de riesgo propios actuales y validados en diferentes poblaciones permitiría realizar intervenciones preventivas.

Para estimar el riesgo absoluto hay que disponer de datos fiables que indiquen la tasa de incidencia de la enfermedad. Hacen falta modelos matemáticos que cuantifiquen la asociación prospectiva entre factores de riesgo y ocurrencia de enfermedad y que sean capaces de comparar diferentes modelos de riesgo.

Además, la utilidad de los modelos de predicción debe de medirse en el contexto de la práctica clínica.

Control metabólico

Al hablar del control metabólico de los diabéticos hay que reconocer que es mejorable. El conocimiento por los pacientes de los objetivos de control está relacionado con el nivel educativo, aunque es muy bajo. Es necesario formar a los pacientes en estos aspectos, lo que posiblemente influya en un mejor control metabólico.

La diabetes se suele asociar a otros factores de riesgo cardiovascular y el riesgo global de un diabético es equivalente a la persona que tiene cardiopatía isquémica. El adecuado control metabólico en diabéticos disminuye la incidencia de las complicaciones micro y macrovasculares, según se desprende del estudio UKPDS. No obstante, el control metabólico dista de ser óptimo, teniendo en cuenta los datos de diversos estudios que señalan que suele ser deficiente, aunque variable, y se detecta una infrautilización de medicación para el control de los factores de riesgo cardiovascular asociados.

Educación diabetológica

Por eso, la intervención educativa mejora los niveles de hemoglobina glicosilada, al menos, inicialmente. El mayor nivel de conocimiento se observa en pacientes de menor edad, mayor nivel académico y menos de 10 años de evolución de la enfermedad.

Hay que recordar que la diabetes mellitus tipo 1 está correlacionada con daño microvascular, con retinopatía que conduce a la ceguera, nefropatía, causa importante de enfermedad renal y neuropatía, una causa importante de amputaciones no traumáticas, y con complicaciones macrovasculares, es decir, cardiopatía isquémica, accidente cerebrovascular y enfermedad vascular periférica, con riesgos 10 veces mayores que las de las personas sin diabetes.

De hecho, la hiperglucemia está asociada con las complicaciones micro y macrovasculares, por lo que el control glucémico óptimo disminuye este riesgo.

Complicaciones

Sin embargo, en la práctica, el riesgo de complicaciones continúa siendo alto. Esto sugiere que otros factores y componentes de la salud metabólica pueden tener un papel importante. Así, la dislipidemia conduce a peores resultados cardiovasculares y neuropatía en diabetes tipo 1 y la hipertensión se ha relacionado con un mayor riesgo de mortalidad y complicaciones en la etapa final.

Recomendaciones

Tener una alimentación saludable y hacer ejercicio con frecuencia es recomendable para las personas con diabetes tipo 2, porque suelen tener más grasa corporal que la que deberían.

Con el tiempo, aumentar de peso debido al exceso de grasa puede llevar a la obesidad y provocar enfermedades asociadas con ella, como la diabetes tipo 2.

El ejercicio también ayuda a perder el exceso de grasa corporal y mantener en buen estado el corazón y los pulmones.

Existen muchos medicamentos para las personas que padecen diabetes tipo 2. Tienen distintos efectos para ayudar a que el cuerpo produzca insulina o responda mejor a esta hormona.

En ocasiones, los fármacos para la diabetes, incluso cuando se combinan con una dieta y el ejercicio, no son suficientes para mantener los niveles de azúcar en sangre bajo control. Algunas personas que padecen diabetes tipo 2 quizá deban inyectarse insulina.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas Juan Antonio Ortega y Vallet, Antonio García Pedrosa, María del Mar Ferrer Frías, Armando Pueyos Sánchez, Luis Gonzaga Bueno Ortiz, Juan Peña Martín, Antonio Morillas Fernández, Antonio Miguel Hernández Rodríguez, Eros Ricardo Velázquez Guerrero, María Victoria Ramírez García, Alberto Hernández Meneses, Juan Miguel Costa Santos y Federico García de Andrés.