Las comorbilidades más habituales en pacientes con hiperlipidemias detectadas en la mayoría de los estudios son la hipertensión arterial (HTA), EPOC y la diabetes. El riesgo cardiovascular es superior en pacientes con dichas comorbilidades. El tratamiento y control de estas enfermedades es necesario, ya que influyen en el aumento del riesgo cardiovascular. Estas enfermedades producen un mayor riesgo en aquellos pacientes que tienen más de uno de los factores. También hay que tener en cuenta el estilo de vida, edad, tabaquismo y la predisposición hereditaria.

La combinación múltiple de factores de riesgo se ha asociado con aterosclerosis, cardiopatía isquémica (CI) y enfermedad cardiovascular (ECV). Diversos ensayos multicéntricos muestran que al disminuir el grado de los factores de riesgo se produce una disminución significativa de la cardiopatía coronaria.

Aterosclerosis

Entre las principales causas de la aterosclerosis se encuentra la dislipemia, la HTA, obesidad, tabaquismo y TG elevados. La aterosclerosis es la causa subyacente de la mayoría de las enfermedades cardiovasculares, que a su vez causan la mayor parte de las muertes en los países desarrollados. La aterosclerosis es la causa de la enfermedad coronaria, de la enfermedad cerebrovascular aterosclerótica y de la enfermedad arterial periférica oclusiva.

En el caso de pacientes con dislipemia, y dado que las últimas guías de Cardiología del 2019 son exigentes con los objetivos para disminuir el RCV, las combinaciones de fármacos son de gran ayuda para alcanzar esos objetivos y disminuir las posibilidades de sufrir un evento cardiovascular.

Las combinaciones están indicadas en pacientes con riesgo cardiovascular alto o muy alto que no logran objetivos terapéuticos de CLDL solo con estatinas o los que tienen intolerancia a las estatinas o a dosis altas de estatinas.

También son de utilidad en los pacientes con dislipidemia aterogénica en la que la acción de otros hipolipemiantes suponga un beneficio clínico.

Pautas dietéticas

Las medidas no farmacológicas para el abordaje de la dislipemia se centran en las pautas dietéticas. Una alimentación adecuada es clave en el tratamiento y en la prevención de la dislipemia. Además de reducir el colesterol y los triglicéridos, la alimentación tiene otros efectos beneficiosos sobre la pared vascular.

La dieta y una alimentación equilibrada pueden ayudar a reducir peso, aumentar la ingesta de sustancias antioxidantes y disminuir la presión arterial y la resistencia a la insulina. Un aumento en la ingesta de ácidos grasos, sobre todo aceite de oliva, previene el desarrollo de aterosclerosis y disminuye el riesgo cardiovascular.

Ejercicio regular

No hay que olvidar que el ejercicio de forma continua y regular debe estar adaptado a al estado de salud y a la edad de cada paciente.

Otra opción a considerar es el tratamiento con nutracéuticos, que son sustancias activas de origen animal o vegetal concentradas. Los policosanoles, berberina o levadura roja de arroz han demostrado que disminuyen el colesterol y están reconocidos por las últimas Guías de Cardiología de 2019.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Juan Ramón Siles Rubio, Carmen Corona Barrio, Francisco Torres Calvo, Andrés Villalba López, Rafael Bravo Marqués y José Luis Peña Hernández, de Marbella; Miriam Auxiliadora Martin Toro, Eugenio Sánchez López, César Sixto García de Veas, Sergio Niño Bernal, Rafael Fernández Rivero y José Manuel Pérez Rivera.