En la actualidad, una veintena de hospitales, fundaciones o asociaciones en España utilizan la musicoterapia como una terapia eficaz para disminuir el dolor en los cuidados paliativos. De esta forma, ya tienen acceso a este tipo de terapias no farmacológicas un centenar de personas en nuestro país.

Como recuerdan desde el Grupo de Trabajo de Musicoterapia (MUSPAL) de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL),  se trata de intervenciones con las que se trata de proporcionar una respuesta integral a las necesidades físicas, psicológicas, emocionales, sociales y espirituales de los pacientes con enfermedad avanzada o que se encuentran al final de su vida, que ha demostrado tener buenos resultados.

Pese a ello, todavía queda camino por recorrer para acercarse a las cifras que registran países como Dinamarca, Inglaterra o EEUU, donde la inmensa mayoría de los hospices (centros y servicios de cuidados paliativos) cuentan con musicoterapeutas formados y con cualificación específica. A este respecto, Patxi del Campo, musicoterapeuta y coordinador del Grupo de Trabajo de Musicoterapia de la SECPAL, reflexiona que “en España vamos por bastante buen camino y estamos muy bien aceptados dentro de las unidades en las que se ha implantado la musicoterapia, pero todavía queda mucho por hacer, como también queda mucho por hacer respecto al acceso a los cuidados paliativos en general”.

Beneficios demostrados

Como demuestran numerosas investigaciones, la musicoterapia en el ámbito de los cuidados paliativos contribuye a disminuir los niveles de ansiedad en los enfermos y sus familiares, reduce la percepción de dolor, mejora el estado de ánimo, facilita la respiración, favorece el sueño y la relajación y mitiga la sensación de cansancio, e incluso existen estudios que ponen de manifiesto una menor necesidad de analgesia y sedación.

En este sentido, Patxi del Campo, explica que el uso profesional de la música y sus elementos como herramienta terapéutica no solo facilita “la relación del paciente consigo mismo, porque de alguna manera puede empezar a conectar con sus emociones, con sus miedos, con sus fantasmas…, sino también con sus familiares, porque en ocasiones realizamos las sesiones con ellos y eso favorece el establecimiento de una red de comunicación mutua”.

Al fin y al cabo, añade el coordinador del MUSPAL, la música es “ese lenguaje universal que todos usamos cuando no sabemos con qué palabras denominar lo que nos está pasando”.

Así, a modo de conclusión, el experto afirma que la música como terapia “debe ser introducida de forma controlada, valorando y evaluando su impacto” y en coordinación con el equipo multidisciplinar que atiende al paciente y a sus familiares. Es en este contexto donde se enmarca la llamada “historia sonora” del paciente, que constituye una de las principales estrategias del musicoterapeuta para definir una intervención individualizada que responda a las necesidades particulares de cada persona.