Existe evidencia científica de la relación entre disfunción eréctil y los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. De hecho, de los hombres que presentan disfunción eréctil de etiología orgánica, en el 70% se identifica una enfermedad cardiovascular como causa del problema de la erección.

Además, la enfermedad cardiovascular, cerebrovascular y la disfunción eréctil tienen los mismos factores de riesgo. Así, el 68% de los hombres con hipertensión arterial padecen disfunción eréctil, el porcentaje llega hasta el 60% para la dislipemia, el 40% de presenta oclusiones coronarias significativas y el 20% padece diabetes mellitus.

La enfermedad vascular explica la fisiopatología de la disfunción eréctil. Actualmente, se acepta que en la mayoría de los casos de la disfunción eréctil subyacen una enfermedad vascular de origen endotelial.

La combinación de disfunción endotelial y una disfunción alterada del flujo sanguíneo mediada por el musculo liso llevan a la dificultad o incapacidad de lograr o mantener una erección.

Factores de riesgo

Está demostrado que en presencia de factores de riesgo cardiovascular, como HTA, hipercolesterolemia y tabaquismo, disminuye la respuesta del endotelio a la acción del óxido nítrico.

Cuando el endotelio pierde la capacidad de responder se vuelve insuficiente para modular el tono vasomotor, inhibir los procesos de agregación plaquetaria, adhesión de los neutrófilos y la proliferación celular. Eso hace que se produzca una fase de disfunción endotelial, lo que se considera el episodio temprano de ateroesclerosis que precede a la placa de ateroma.

Mecanismos subyacentes

Por eso, entre los mecanismos de disfunción endotelial se produce una falta de disponibilidad de L-arginina, que es precursor del óxido nítrico; una disminución de la expresión de la enzima óxido nítrico sintetasa endotelial (e-NOS), responsable de la síntesis del óxido nítrico en las células del endotelio vascular, y destrucción del óxido nítrico por los radicales libres, superóxido.

Los factores de riesgo que han demostrado asociación con la disfunción eréctil son la diabetes mellitus, la dislipemia, hipertensión, enfermedad cerebrovascular, índice de masa corporal obesidad/circunferencia de la cintura, síndrome metabólico, hiperhomocisteinemia, falta de ejercicio y tabaquismo.

Elementos a considerar

Hay que considerar que existe una asociación entre la disfunción eréctil y algunos de los fármacos que se emplean en pacientes con enfermedad cardiovascular, como son diuréticos tiazídicos y betabloqueantes, excepto nebivolol.

Se ha observado una relación con la fibrilación auricular, hipertiroidismo, deficiencia de vitamina D, hiperuricemia, depresión, enfermedad renal crónica, enfermedad reumática y enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Diabetes mellitus

La diabetes mellitus, al tratarse de una enfermedad crónica que afecta al sistema nervioso central, la vascularización periférica y función endotelial, la secreción de andrógenos y la contractilidad muscular, está relacionada con la disfunción eréctil.

De hecho, en el paciente diabético la disfunción eréctil se encuentra presente en un 15% en las edades entre 30-34 años, porcentaje que llega hasta el 55% en más de 60 años.

Mecanismos implicados

A nivel nervioso, la diabetes conlleva un deterioro de la relajación neurogénica con una inadecuada liberación de oxido nítrico. A nivel androgénico, la diabetes mal controlada provoca una disminución de los niveles de testosterona. Y a nivel arterial y cavernoso favorece la enfermedad oclusiva de los vasos, disminuyendo la presión de perfusión sanguínea y la disfunción veno-oclusiva.

Los pacientes con diabetes mellitus tienen una probabilidad tres veces mayor que los varones sanos a desarrollar disfunción eréctil. La diabetes no solo repercute en la erección. También produce disminución del deseo sexual y disfunción orgásmica, por lo que podría considerarse el factor de riesgo más determinante para el desarrollo de disfunción sexual.

La disfunción eréctil se considera un factor de riesgo cardiovascular y es un importante predictor de enfermedad coronaria, sobre todo en menores de 60 años. En promedio, se puede presentar 3 años antes que el evento cardiovascular.