Javier Escalada ha cumplido su primer año de mandato como presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). Según ha dicho en esta entrevista para El Médico Interactivo, está satisfecho porque tanto la sociedad científica como la especialidad, en general, han podido desarrollar parte de sus actividades gracias a la telemedicina y a las reuniones virtuales. Además, en el Congreso semipresencial celebrado recientemente en Sevilla, los expertos han podido poner en común sus experiencias y las novedades en la especialidad. Entre otros aspectos, se ha observado un aumento de la ingesta calórica durante la pandemia, especialmente en el confinamiento, pero también se han observado dietas con déficit de vitaminas, como ha señalado el también director del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica Universidad de Navarra.

Javier Escalada, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, hace balance de la crisis sanitaria

¿Cree que el protagonismo de la COVID-19 ha repercutido en la calidad de la asistencia en Endocrinología y Nutrición?

Me costaría creer que alguna especialidad no se haya visto salpicada un poco por la situación, pues ha habido que priorizar la atención a la COVID-19, y es lógico que haya sido así. Esto ha repercutido en una menor presencia de personal para atender a los pacientes específicos de la especialidad, en nuestro caso, Endocrinología y Nutrición. En consecuencia, ha aumentado la lista de espera de patologías crónicas como la diabetes, la obesidad, el síndrome metabólico, y, por supuesto, también patologías tiroideas, hipofisiarias, etc.

¿En qué medida ha perjudicado el acceso del paciente a la atención hospitalaria?

Hemos visto un peor acceso de la población a sus médicos, sobre todo los médicos de Familia, y también los especialistas. En el caso de la diabetes, las consecuencias son que ahora los pacientes llegan a la consulta con peores controles glucémicos. Estamos viendo descompensaciones hiperglucémicas más graves de las que existían antes de la pandemia.

¿Cómo han podido afrontar esta situación?

Hemos recurrido a la teleconsulta, que es una herramienta que se ha impulsado de manera obligatoria por la situación. Nuestro objetivo ahora es impulsar una teleconsulta de calidad, que no solo consiste en levantar el teléfono y despachar al paciente con una llamada, sino que es mucho más que eso. Probablemente la consulta a distancia se quede incorporada a nuestra actividad clínica, pero debe estar bien organizada y estructurada. Es necesario que contemos con la tecnología y con la formación suficiente, tanto los médicos como los pacientes. No se trata de un nuevo modelo de hacer Medicina, pero sí debemos mejorar o complementar lo que hacíamos hasta ahora.

La teleconsulta tiene ciertas ventajas, como el ahorro del desplazamiento por parte del paciente, aunque creemos que la visita presencial sigue siendo imprescindible.

¿A estas alturas se puede hacer un balance de cambios en los hábitos de la población en relación con su especialidad?

Hemos analizado estas cuestiones desde la primera ola de la pandemia. Un porcentaje alto de la población encuestada, cerca del 45%, ha incrementado su peso en relación con el preconfinamiento. La inmensa mayoría de los que han subido de peso, por encima del 70%, han aumentado entre uno y tres kilos.

¿Cuáles son las principales causas?

Ha habido un incremento en la ingesta de bebidas alcohólicas, un mayor consumo de alimentos ultraprocesados, de bollería industrial, etc. En general, ha empeorado la calidad de la alimentación, que se ha unido a un inevitable sedentarismo.

También se ha producido un aumento de personas que han aprovechado esta situación para comenzar hábitos saludables.

Es verdad que en televisión ha salido gente siguiendo en YouTube a monitores que animaban a hacer actividad física, pero la mayoría de la población ha caído en el sedentarismo. En general, sí ha habido un empeoramiento de los hábitos.

¿Y se han observado dietas deficitarias y poco saludables, problemas de vitaminas, etc.?

Desde luego, y como siempre pasa en la población, existen los dos extremos; de hecho, en primer lugar este confinamiento, por lo menos el inicial, que fue el más duro, dio lugar a un aumento de patologías relacionadas con la ansiedad. Hemos observado una ingesta más alta y un mayor sedentarismo, pero también hemos atendido a muchas personas que, un poco angustiadas por la situación y obsesionadas a veces por intentar evitar ese aumento de peso, recurren a comportamientos patológicos relacionados con la conducta alimentaria, con ingestas inadecuadas, insuficientes, etc.

 Déficits vitamínicos

Durante la pandemia se ha hablado mucho de los déficits vitamínicos entre la población española.

Es verdad que estamos viendo ahora una especie de boom o de ‘pandemia’ de nuevo por el déficit de vitamina D. Hay mucha discrepancia en relación con este tema, y no está claro si estamos utilizando niveles de corte adecuados. Quizá haya que bajarlos un poco, visto la prevalencia tan brutal de déficit de vitamina D. Existen datos que relacionan los déficit de esta vitamina con una peor evolución de la enfermedad por COVID-19.

¿Y el resto de las vitaminas?

Lo mismo que hay déficit de vitamina D, que es lo que estamos midiendo casi de una forma general, también hay de otros nutrientes, pero no se miden habitualmente. Tampoco es barato medir vitaminas a toda la población. Por tanto, habría que hacerlo si hay una sospecha clínica que aconseja hacerlo, pero no podríamos dar como consejo que midiéramos todas las vitaminas y minerales a toda la población. Esto no es una práctica de Medicina preventiva que podamos hacer, porque es insostenible.

Estamos haciendo una serie de estudios por si realmente se detectan carencias generales que después se puedan aplicar a la población, pero sí que se está llegando a situaciones de dietas extremas y, en muchos casos, deficitarias.

 El papel del médico de Primaria

¿Cuál es el papel del médico de Primaria en todas estas patologías, en todos estos trastornos alimentarios?

El médico de Primaria es clave en el abordaje de cualquier patología dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS). Si acercamos el foco a la Endocrinología y la Nutrición, el mensaje es exactamente el mismo. Nosotros manejamos patologías con una altísima prevalencia en la población general, como la obesidad, la diabetes, fundamentalmente tipo 2, las patologías tiroideas, la dislipemia o la enfermedad hepática metabólica.

Todas estas enfermedades tienen prevalencias altísimas en la población general y son inasumibles por los médicos especialistas en Endocrinología y Nutrición. La SEEN tiene unos 2.000 socios, y no todos somos endocrinólogos. Por tanto, necesitamos la labor de los médicos de Familia, que son quienes toman las primeras medidas e inician los primeros tratamientos si es necesario.

Cuando la situación desborda su conocimiento o su capacidad es cuando derivan a los especialistas; entonces, su labor es clave. Si la Medicina de Familia y los médicos de Atención Primaria no funcionan bien, tampoco lo hará el sistema entero. Es fundamental pelear para que su situación mejore, porque también mejoraremos los demás.

 Un año como presidente de la SEEN

¿Qué valoración hace de su primer año como presidente de la SEEN?

Lógicamente, la pandemia ha repercutido directamente en todas las actividades que la Junta Directiva tenía previsto realizar. Creo que hemos salvado bastante bien los muebles recurriendo a las reuniones telemáticas, virtuales, etc.

¿Se han resentido las actividades relacionadas con la formación?

Desde luego, hemos intentado mantener todas nuestras actividades formativas, con estas salvedades. De hecho, también hemos observado ciertas ventajas en el hecho de que los participantes en los cursos no tuvieran que desplazarse para poder asistir a los cursos. En cualquier caso, ha habido cierta incomodidad, falta de contacto personal, pero al menos hemos mantenido la cantidad de la oferta formativa, y creo que también la calidad.

¿En qué aspectos les ha afectado más esta crisis sanitaria?

Quienes sí han podido verse afectados han sido los residentes de Endocrinología y Nutrición. Nuestra especialidad es muy holística, abarca muchas áreas, por lo que han sido reclamados por las unidades COVID para reforzar ciertos puestos. En consecuencia, muchos de ellos no han podido hacer su año formativo como estaba previsto. En este aspecto, sí hemos detectado ciertas carencias, incluso en encuestas específicas que hemos hecho a los residentes.

¿Ya se ha normalizado la situación?

Hemos podido compensar algunos de estos déficits y se han podido recuperar rotaciones tanto internas en el hospital como externas en otros centros. En otras ocasiones, no ha sido posible, por lo que la repercusión ha sido notable. Aparte de la sobrecarga asistencial, también debemos tener en cuenta la carga psicológica que han sufrido nuestros MIR por estar en primera línea de batalla. Creo que los residentes merecen esa referencia durante este año.