Coordinadora del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN) desde enero de 2019, la doctora Sonia Santos es miembro del Servicio de Neurología del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza. Profesora asociada de Ciencias de la Salud, ha desarrollado una importante labor investigadora que ha centrado en la búsqueda de tratamientos y técnicas diagnósticas para la migraña y otras cefaleas.

-¿Cuál es la situación actual de la migraña en España, está creciendo el número de casos?

-Los estudios señalan que la prevalencia es de un 12% de la población en España. No creo que la enfermedad esté creciendo, sino que afortunadamente los pacientes acuden más a los médicos de Atención Primaria, que están mejor formados. Esto hace que se diagnostiquen más casos, las cifras de diagnóstico son más altas que hace unos años.

-¿La Atención Primaria tiene que ser la puerta de entrada de estos pacientes?

-Hay que animar a los pacientes a que consulten cuanto antes al médico de Atención Primaria si tienen dolores recurrentes. Lo que ocurre es que en más del 30% de los casos tienen un componente hereditario y es más prevalente en la mujer, que ha visto este problema en su madre y en su abuela, y entonces lo asume como algo de su vida, no lo ve como una enfermedad. Y esto es una enfermedad, no un rasgo que se hereda. Hoy los pacientes se animan cada vez más a ir al médico, por eso ahora tenemos muchos más.

-¿Por qué está más asociado a la mujer?

-Los trastornos hormonales pueden desencadenar el problema, esto ha sido siempre así, pero como ahora la mujer está más incorporada al mundo laboral y es una enfermedad que genera absentismo, pues se ha puesto más el foco. Hay muchos pacientes que tienen que ausentarse entre una y cuatro veces al mes del trabajo, lo que supone un consumo de recursos directos e indirectos. Esto ha hecho que a muchos incluso no les hayan renovado el contrato, porque encima la incidencia es mayor en la etapa de la vida en la que hombres y mujeres están más activos laboralmente.

-¿Una migraña puede llegar a invalidar la vida cotidiana del paciente?

-Es muy limitante desde el punto de vista laboral y también familiar, porque molesta todo: los ruidos, la luz… Hay personas que te cuentan que de pequeños sabían que se tenían que estar quietos cuando a su madre le daban estos dolores. También limita la actividad social, porque te obliga a renunciar a salir con amigos, te hace tener una actitud más recogida. Por eso los pacientes insisten en que les gustaría saber cuándo les va a venir el dolor de cabeza, quieren saber si dentro de dos días o coincidiendo con una celebración que tienen.

-¿Los nuevos tratamientos ofrecen esperanza en este sentido?

-Hay tratamientos preventivos, pero en el 2% de los casos la migraña es crónica, con más de 15 días al mes con dolores, y ahí tratamientos curativos no tenemos. Los tratamientos preventivos son cada vez más específicos pero no te curan, esto es algo que te va a acompañar toda la vida, así que hay que aprender a convivir con ello y aprovechar los días en los que se está bien. Está difícil que la migraña se pueda curar, pero sí se puede mejorar mucho la calidad de vida. En el futuro no habrá un único tratamiento sino una asociación de varios tratamientos, porque cada paciente sufre la enfermedad de una forma diferente, influyen factores personales y externos. Esto se combatirá con una combinación de varios fármacos, indicaciones dietéticas, hábitos de vida…

-¿Cómo se escribe entonces el futuro?

-Se están probando nuevos tratamientos preventivos para curar el dolor, un 70% de pacientes responden a triptanes, sin embargo no podemos olvidar que un 30% no lo hacen. Hay también en marcha estudios de investigación con otras moléculas, en los próximos cinco años se va a avanzar más que en los últimos 25. En relación con la migraña, se puede decir que ha habido dos grandes revoluciones: la primera fue en los años 90 con los triptanes, porque hasta entonces se usaban antiinflamatorios, la segunda ha sido con los anticuerpos monoclonales, que es un tratamiento específico para la migraña. Son más seguros y eficaces, pero tenemos que seguir investigando.

-¿Cuáles es el principal desafío diagnóstico hoy día?

-El reto es que lleguen a la consulta del neurólogo cuanto antes y todavía nos llega una proporción demasiado pequeña de pacientes, el cien por cien debería tener un tratamiento y ahora es inferior al 25%. Muchos que tienen migraña crónica, que es la que consume más recursos, no consultan al médico de Atención Primaria, o éste desconoce los tratamientos que hay hoy en día. Muchas veces creen que los neurólogos no vamos a aportar nada, y eso podía ser así hace dos décadas. Tenemos que conseguir que el tratamiento llegue a todos, así que queda mucho por hacer.

-¿Qué aporta acudir a la consulta neurólogo?

-Por lo pronto los pacientes agradecen que les expliquemos muy bien qué es la migraña o por qué la tienen, porque llegan a creer que es por algo que hacen ellos mal, los hay que se sienten muy culpables. La migraña tiene hoy una mayor visibilidad social, y esto hace que el paciente no tenga tantos problemas y no se sienta culpable si se tiene que ausentar del trabajo. Muchos pacientes creen que el dolor les viene porque han hecho algo mal: levantarse antes, hacer deporte tarde, y eso les lleva a hacer dietas restrictivas o a cambiar sus hábitos de vida. Esto lleva a una vida que no es vida, así que hay que quitar esa sensación de culpabilidad. El neurólogo también les va a insistir en que no se automediquen, que es otro de los problemas que tenemos hoy día, porque muchas veces toman una medicación que no es efectiva, mientras que nosotros podemos ponerles tratamientos preventivos que son eficaces.

-¿Los pacientes con migraña se implican con su tratamiento?

-La verdad es que la adherencia terapéutica no es muy alta, como ocurre con otras enfermedades crónicas como la hipertensión o la diabetes, a veces abandonan el tratamiento porque no lo toleran bien o no es lo eficaz que esperan, o porque no hemos sabido explicarles la importancia del tratamiento. Su compromiso tiene que ser tomar la medicación y rellenar un calendario, es fundamental, porque si no sé cómo estaba el paciente hace un tiempo no puedo valorar si ha mejorado. Hay que implicarlos cada vez más en la consulta e intentar gestionar sus expectativas: que no hay un tratamiento curativo, pero que sí va a mejorar su calidad de vida. Muchos vienen pensando que les vas a dar la pastilla mágica, y no existe. El paciente ahora demanda información, sobre todo los más jóvenes, para fidelizarlos hay que explicarles muy bien el tratamiento, por qué pones ese y no otro. Esto ha sido un cambio que hemos tenido que hacer los médicos, porque antes la medicina era más paternalista.

-¿La tendencia es a personalizar el tratamiento cada vez más?

-Hay tratamientos que a veces tienen efectos secundarios, en función de cómo sea el paciente lo pautamos o no. Por ejemplo, los antiepilépticos pueden generar falta de concentración: si es una persona que está con oposiciones no se los vas a recetar, pero si le cuesta conciliar el sueño sí le vendrían bien. Hay que tener muy en cuenta los efectos secundarios. Lo ideal sería que en Atención Primaria se pusiera un primer tratamiento y si no responde o no lo tolera, que se derive al neurólogo, cuanto más tardemos nosotros en recibir al paciente más difícil será el tratamiento.

-¿Cuál es el papel entonces que debe jugar la Atención Primaria?

-Sobre todo de alerta terapéutica, porque sólo un 17% de los pacientes tienen una medicación correcta para tratamiento del dolor cuando llega al neurólogo. Hay un retraso diagnóstico muy importante, los médicos de Atención Primaria tienen que derivar y ya diagnosticaremos nosotros. Por eso, ante una sospecha hay que derivar a Neurología. Hay que tener en cuenta que al 25% de los pacientes se le diagnostica con un retraso de más de nueve años, y más de un 50% se automedica sin receta. Así que el principal problema lo tenemos en los propios pacientes, porque creen que los neurólogos no vamos a aportar más. Hay tratamientos nuevos que sólo se pueden poner en la consulta especializada, como la toxina botulínica, pero el problema es que el paciente no acude al médico. Queda un trabajo importante por hacer en este sentido.

-¿A los médicos de Atención Primaria les falta formación o tiempo para atender al paciente?

-Sin ninguna duda les falta tiempo para todo, para atender al paciente y para formarse. Hay que tener en cuenta que tienen que aprender de todo, hay que quitarse el sombrero con ellos, así que no podemos pedirles un diagnóstico completo. Por eso es tan importante que deriven pronto a estos pacientes al neurólogo, es fundamental el diagnóstico y el tratamiento precoz.

-¿Los servicios de Urgencias también son importantes para el tratamiento de la migraña?

-A las Urgencias acude un paciente cuando ha probado todo lo que tiene en casa y persiste el dolor. Como quien dice, quiere bajarse del mundo: le molesta la luz, el ruido, los olores, le molesta todo, se mete en la cama y se toma cualquier cosa. Por eso lo último que hace es ir a Urgencias, no va al hospital salvo que tenga dolor que le dura más de 72 horas.